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ñamente su autoridad, dando garantías á todos, de tal modo, que hasta los más exaltados patriotas amaban su gobierno.

Esta conducta irritó en la Isla á los partidarios de los secuestros y de las prisiones, y fue castigada por el Capitán general Moxó con la destitución de Herraiz.

Le sustituyó en el mando el Coronel Urreiztieta, de condición aviesa que comenzó sin pérdida de instantes las persecuciones contra los patriotas. Forzoso fué á estos alzarse para defender sus propias vidas. Arizmendi con 30 hombres, tres fusiles y ciento veinte cartuchos sorprendió la guarnición de Juan Griego, y la pasó á cuchillo. Armó 80 más con los fusiles que quitó á los enemigos, y tomó á fuego y sangre la casa fuerte que ocupaban en la villa del Norte, matándoles más de ¿00 hombres.

k la tarde del mismo día tenía ya 1 ,o00 en su campo, pero no pudieron sostenerse á causa de su mal armamento, y fueron derrotados, mas no destruidos, por Urreiztieta.

Bolívar y Marino llegaron á Cartagena en la tarde del 2ü de Setiembre. Mandaba la plaza el Coronel Castillo, enemigo de Bolívar desde Cúcuta, y esta circunstancia le indujo á permanecer allí pocos días, y se dirigió por el Magdalena á Tunja, donde estaba reunido el Congreso.

Allí fué recibido con entusiasmo por este Cuerpo y por el Gobierno general y aun se le admitió en el seno mismo del congreso, donde tuvo ocasión de explicar su conducta y su campaña sobre Venezuela. El buen éxito fué completo, y el Gobierno le confió el encargo de reducir á Bogotá que continuaba separada de la unión, no ya á cargo de Narino si que de su sucesor Alvarez.

Bolívar emprendió sin vacilar la campaña presentándose frente á la plaza. Allí intimó la rendición á los bogotanos, acordándoles todas las garantías; pero la propuesta fué negada y se hizo preciso apelar á las armas. Después de tres días de combate los sitiados capitularon, y el Gobierno general aprobó lo hecho. Bolívar fué nombrado Capitán general de los ejércitos de la Confederación.

De Bogotá salió para Tunja, á ponerse de acuerdo con el Cobierno General aceren del plan contra los realistas que ocupaban á la sazon las provincias de Santa Marta, Rio del Hacha y Maracaibo, y se revolvió á libertar en primer término á Santa Marta.

Se componía la expedición de 2000 hombres, pero era preciso tomar las armas y municiones en Cartagena, donde estaban depositadas; y allí mandaba su implacable enemigo el Coronel Castillo, por lo cual dudó, y con razón, de la entrega.

Púsose Bolívar en marcha á la cabeza de sus tropas el 2 i de Enero de 181 3 con dirección á Honda y allí las envió, rio abajo. Hasta Monpox todo fué bien; pero supo luégo Bolívar que no debía contar con Castillo, el cual protestaba no tener armas ni municiones suficientes para la defensa de la plaza, y que en consecuencia no podía entregar las que se le pedían.

En vano agotó Bolívar sus esfuerzos, enviando un comisionado tras otro al Jefe de Cartagena, y aún pidiéndole una entrevista. Castillo ofreció concurrir y no concurrió. El Canónigo Miramón que fué enviado por el Gobierno para decidir á Castillo, apoyó á éste.

Resolvió entonces Bolívar bajar el Magdalena, y al llegar á Barranca, envió nuevos co misionados con la misión de explicar á las autoridades de Cartagena sus pacíficas disposiciones; pero la respuesta fué aún más insolente.

Avanzó hácia Turbaco para acortar las distancias y entenderse mejor con los disidentes. De allí les envió por quinta vez un comisionado que fué recibido á balazos en la plaza.

En tan violento estado de relaciones, celebró Bolívar una junta de guerra, la cual decidió que se aproximaran las tropas á la plaza, y en efecto el 29 de Marzo ocuparon el Cerro de la Popa, cuyas aguas habían sido envenenadas. Allí sufrieron, sin contestar, los fuegos del Castillo, y hasta ofreció Bolívar á los de Cartagena enviarles su renuncia si se le daba un buque en Savanilla para trasladarse á una Colonia cualquiera, puesto que sin armas, le sería imposible combatir contra los españoles.

Una nueva junta de guerra convocada por él, acordó que no podía renunciar el mando sin órdenes del Gobierno de la Union, y que su deber era estrechar el sitio de Cartagena liasüi que llegaran nuevas instrucciones.

Tuvo, pues, que acatar aquella resolución, y aguardó, pero en vano, porque después de haber escrito casi diariamente A los Cartageneros, rogándoles la avenencia, recabó por contestación grandes ultrajes, que él no vengó por evitar una lucha fratricida.

Al cabo de un mes de ansiedades, súpose allí la llegada de la expedición de Morillo á Venezuela. Bolívar convocó una nueva Junta de guerra, y manifestó la necesidad en que se hallaba de separarse de sus soldados y de la Nueva Granada. La Junta accedió enternecida á sus deseos poniendo por condición que á todos los Oficiales les sería también permitido renunciar sus empleos y ausentarse del país.

Bolívar se embarcó el 8 de Mayo con rumho á Jamaica. Marino y otros Jefes le siguieron después.

En Kingston se salvó casualmente de la

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