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militar ó á los campamentos, habrian tambien, de seguro, adquirido aquella fortaleza del alma, á veces despótica i tirana, mas en ciertas circunstancias absolutamente necesaria para el logro de hacerse obedecer, llevando á ejecucíon las resoluciones dictadas por la prudencia ó los consejos, pues eran de los mas aparentes para cargar espadas i charreteras. Pero su escuela i costumbres habian sido otras, i los soldados que no son aguerridos, como se sabe, no solo se dejan desobedecer, sino que ellos mismos, al primer reves, lo ven todo perdido, sin alcanzárseles que el valor i la constancia pueden poner á la fortuna de su parte.

Don Juan José Guerrero, conde de Selva Florida, bien que nunca tomó posesion de este título, era un realista moderado, de rectitud i de buen fondo, propio para manifestar al pueblo que no se pensaba en desconocer la autoridad de Fernando ni cambiar de instituciones; i don Melchor Benavídes un hombre que no tenia otra prenda que la de una suma bondad. El llamamiento á estos dos hombres á la junta no fué movido tal vez sino de la fama, i de cierto bien merecida, de su honradez. El obispo don José Cuero i Caicedo, prelado instruido i mui virtuoso, patriota de corazoni de carácter noble i firme, perdia todas sus dotes para la época, porque tambien todas quedaban en pugna con el manto del sacerdote.

Don Juan de Dios Moráles, nacido en Antioquia Nueva Granada i venido de escribiente de don Juan Antonio Mon o, era un letrado de nombra

(*) Oficio de 21 de marzo de 1797 del presidente Muños de Guzman, dirijido al ministro de Estado, don Diego de Gardoqu1.

dia que, sirviendo de secretario de gobierno con el presidente Caron de Let, habia sido, despues de los dias de este, privado de su destino por el coronel Nieto. Tenia talento distinguido, bastante instruccion, conocimientos mas cabales en materias de gobierno i de política, firmeza de carácter i valor acreditado: era, sin duda, el mas á propósito para encaminar la revolucion á buen términoi dejarla victoriosa. Airado i rencoroso por el desaire recibido, se le habia visto andando de aqui para alli desde muchos meses atras, alentando á unos, despreocupando á otros, concitando á todos, bien á la voz ó por medio de cartas, para dar en tierra con el gobierno que le ultrajara i tenia ultrajada á la América. Activo idilijente, ambicioso i turbulento, nacido para obrar en medio de las tempestades, no habria reparado en obstáculos para salvar su opinion i banderia; i asi como, aprovechándose del amparo i nombradia del marques de Selva Alegre, vino á ser el director i alma de la revolucion, asi, á no dar tan intempestiva i precipitadamente el grito que acababa de sonar, la habria salvado. Don Manuel Quiroga, hijo de Cuzco i casado en Quito, de tan buenos alcances é instruccion, animosidad i fama de buen letrado como el anterior, i sin su ambicion por añadidura, era por la cuenta, el brazo derecho de Moráles, quien habia llegado á dominarle solo por la impetuosidad del jenio, Quiroga, á no hacerle sombra Moráles, habria sido la, primera figura de la revolucion, i tal vez mas provechosa, por que á su valor unia la discrecion. Don Juan Larrea, poeta jocoso, i de cuyas producciones no nos han quedado sino pocas muestras, bien que suficientes para comprender su mérito, literato de nombradia, patriota ardiente i desintere

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sado, era por su laboriosidad italento el mas aparente para regularizar las rentas públicas i conservarlas en buen estado. En fin, don Vicente Alvarez, el secretario particular, hacendado rico i bien emparentado, amigo de las ciencias naturales, especialmente de la botánica i de la herborizacion; era, entre los inclinados al establecimiento de la república, uno de los mas sinceros i de los mas apasionados á sus instituciones. Aun habia otras figuras de cuenta en la revolucion. Don Juan Salínas, primero cadete, luego ayudante de la comision de límites del Amazónas que debia dar fin á las pretensiones del Portugal, i por entónces capitan, habia adquirido reputacion de valiente i arrojado en las guerras con los salvajes omaguas, máinas i otros, i aunque atronado por demas era tenido por oficial intelijente i pundomoroso. Los abogados Ante, republicano desembosado, tan buen jurista como hombre de accion i armas tomar; Salazar, jurisconsulto profundo i hábil consejero, mas reposado i frio para la política; Arénas, despejado, verboso, marcial, pudiendo servir para todo, para la paz ó la guerra, para el gabinete ó los campamentos, pero falto de ambicion, la enjendradora de las virtudes elevadas tanto como de los horrendos crímenes; i en fin, Saa, dulceiseductor en las conversaciones familiares, irritable i agrio en la política, i vehemente propagador de los principios republicanos; eran hombres con cuyo valer é influencia podia tomar brios la trasforI(13.C1OIl. Puede pues decirse que todo lo culto, noble i de mayor monta pertenecia á la revolucion; i sin embargo ni estaba bien preparada, ni bien difundida mi siquiera jemeralizada. I las revoluciones que no

se rodean de popularidad son como esas miserables vertientes de agua que, sin acertar á recojer en su curso otras vertientes, se pierden entre las acéquias que las , desangran i agotan, , sin alcanzar el logro de ir á encresparse en el océano. La revolucion del año de nueve, aislada, mas que comedida, mansa hasta con exceso, apénas podia tenérsela como una gota de esas vertientes, i era claro que ni conservarse, cuanto ménos avanzar podia. Hombres acaudalados i mansos por demas, letrados que pensaban gobernar el pueblo por las reglas del derecho civil, i paisanos que, hechos soldados de la noche á la mañana, habian de sostener la guerra que de seguro iban á levantar los antiguos gobernantes, si no por las mismas reglas, por los principios mas humanos i clementes; no debian ni podian durar otro tiempo que el absolutamente necesario para que los enemigos pudieran concertarse, reunirse i asomar por las fronteras de la provincia. Los nuevos gobernantes contaban, ilusos, con que las provincias rayanas de Guayaquil, Cuenca i Pasto, movidas del mismo noble impulso que la de Quito, repetirian el grito al punto, i se mancomunarian todas para hacer frente al peligro comun; i sin embargo, ninguna de ellas estaba concertada, cuanto mas preparada, cuanto mas resuelta á defenderla. La misma junta constitutiva dispuso el levantamiento i formacion de una falanje que debia componerse de tres batallones; i Salínas, el brazo ejecutor de la revolucion, fué ascendido á coronel i puesto á la cabeza. El letrado Arénas, el que se conceptuaba idóneo para dar consejos al comandante en jefe i moralizar el ejército, fué nombrado auditor jeneral de guerra con los honores de teniente coronel. Aun no tenian patria segura que organizar, i ya se les vino establecer, para el réjimen i despacho de justicia, un senado compuesto de dos salas; la una civil i la otra criminal. Para la primera fueron nombrados don José Javier Ascásubi, quien debia asimismo hacer de gobernador i presidir ambas salas, i don Pedro Jacinto Escobar, decano; de senadores don José Fernández Salvador, don Ignacio Tenorio i don Bernardo Leon; i de fiscal don Mariano Merizalde. Para la criminal lo fueron don - Felipe Fuértes Amar como rejente, i don Luis Quijano como decano; de senadores don José del Corral, don Victor Félix de Sanmiguel i don Salvador Murgueitio; i de fiscal don Francisco Javier de Salazar (15). Como se ve, no se distinguieron colores ni banderias, i elijieron indistintamente á republicanos i realistas, á americanos i españoles. Si los nombramientos del español Fuértes Amar i del realista Sanmiguel se hubieran hecho para mantener cabal la idea de que solo se pensaba en sustraerse de la junta de España, i nunca de la dominacion del rei Fernando, tales nombramientos, á decir verdad, habrian sido políticos i acertados. Lo que hai de cierto, sin embargo, es que hubo contemporizaciones i flojedad. La junta, eso si, publicó en el mismo dia un manifiesto, en que se espusieron las causas de la revolucion i el derecho que para ello tenian los ameri. canos (16). Letrados acostumbrados á esclarecer el derecho entre las partes contendientes, mui buenos para formar leyes i hasta constituciones, para todo podian servir i sirvieron de hecho, ménos para obrar con la enerjia que demandaban las circunstan

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