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cias. Se ajitaban en dar papeles i papeles, elocuentes si se quiere, que salian á luz por la prensa ó publicados por bandos; pero lo que es pensar en proce. der con pujanza, en instruir oficiales, en disciplinar al soldado, en la unidad i vigor con que debia obrar el gobierno para hacer la guerra ó sostener la que habian de traerla, tal vez no pensó ninguno. Como el marques de Selva Alegre, aunque ins. truido de cuanto se pensaba hacer en la noche del 9, habia tenido á bien permanecer en su hacienda de Chillo, se le comunicaron por la posta los acontecimientos ocurridos i estado de la causa pública, suplicándole que viniera inmediatamente á pose. sionarse de su destino i á dar direccion á los nego. cios. Se prensentó en Quito al dia ¿e i entró de seguida en el ejercicio del empleo en junta de las otras autoridades. Fueron convocados los del pueblo á un cabildo abierto para el dia diez i seis, i reunidos en efecto confirmaron i ratificaron, por medio de comicios tenidos en la sala capitular de San Agustin, cuantos actos se habian celebrado hasta entónces (17). El 26 dispuso la junta que el presidente dirijie. se oficios circulares á los vireyes de Santafé i Lima noticiándoles lo ocurrido; i á los gobernadores de las provincias dependientes de Quito i á los cabil. dos de las otras ciudades exitándoles á que forma. sen sus respectivas juntas i se rijiesen con independencia de las de España. Tenemos á la vista el diri. jido al cabildo de Santafé en que se inserta el pues, to para el virei, que de seguro no fué contestado, i el dirijido á los empleados subalternos; i puede comprenderse el grado de indignacion con que fueron recibidos tales oficios por las contestaciones da. das por el gobernador de Guayaquil i por el cabil. do de Popayan al de Pasto (18): en ambas, era na. tural, se trasluce la admiracioni rabia con que los realistas, i aun muchos que no lo eran, miraron á los insurjentes americanos. Una revolucion política en las colonias era inconcebible é inesperada que no podia oirse sin gran asombro ni ruidoso escán. dalo. ¿Cómo, principalmente la incomunicada i po. bre provincia de Quito, habia pensado alterar el ór. den é instituciones de la madre patria, i desobedecer los mandatos de la junta suprema central de Es. paña! Privadamente se dirijieron tambien los señores Montúfar i Moráles, el primero á don Jacinto Beja. rano, comandante de un cuerpo de milicias de Gua. yaquil, i el segundo á don Vicente Rocafuerte, sobrino de Bejarano, incitándoles á que se apoderasen del gobernador i de esa plaza. El gobernador, Cuca. lon, tuvo de esto avisos oportunos, rodeó de solda. dos la casa en que vivian tio i sobrino, i aun cuando no se hallaron tales cartas ni documento alguno que los hiciere sospechosos, fueron presos uno i otro. Si el paso de apoderarse de la plaza de Guayaquil hubiera sido anticipadamente concertado i felizmente ejecutado, se habria sostenido la revolucion á lo ménos con dignidad. Sea de esto lo que fuere, hase visto que en el estrecho espacio del 9 al 10, sin efusion de sal. gre ni otra ninguna violencia de las que natura. mente fluyen de las revueltas, se derribó sin conmo: cion ni estrépito el viejo i altivo monumento del gobierno colonial. La parte culta de Quito, participante, como dijimos, del entusiasmo de los conjurados, i la de las ciudades inmediatas se mostraron contentas de haber derrumbado aquel coloso. i se esparcieron con frenesí. Saboreábanse por primero

vez con la libertad i se engreian de verse cual se: ñores, como habian sido los vasallos de los scyris i de los incas, i como tienen derecho á serlo todos .. . . . los pueblos de la tierra. El gobierno de Chile apreció tanto esta revolucion que tiempos despues, segun refiere el doctor Salazar en sus Jecuerdos, ordenó se colocase en Valparaiso un faro con este mote: Quito, luz de América. Por lo demas, el llamamiento hecho por la jun. ta á los cabildosihombres de cuenta de otros pueblos, á que segundasen el grito i la auxiliasen como her. manos, no tuvo, fuera de los de su provincia, eco ninguno. O no pudieron ó no quisieron repetirlo; i sola, pobre, encajonada entre las altas cordilleras, sin caminos ni puertos para hacerse de armasi dinero, i contando únicamente con que otros pueblos, dueños de mejores elementos para empresa semejante, obrarian como los de Quito, tuvo que sostener una lucha desigual i tuvo que sucumbir. Cuando otros pueblos repitieron el grito por la provocacion hecha por nuestros padres, ó porque se les presentaron coyunturas mas favorables, ya fué tarde. Apercibiéronse los gobiernos inmediatos con activi. dad i enerjia, acopiaron armas i dinero, llenaron los cuarteles de soldados, enviaron otros de Santaféi Popayan, de Panamá i Lima, de Guayaquili Cuenca á combatir con nuestros artesanos i labriegos, logra. ron introducir la discordia entre los gobernantes; i habiendo quedado estos vencidos, deshechos, castigados, i mas bien vijilados i resguardados, aun tu. vieron, despues de una penosa lucha de tres i medio años, que permanecer de espectadores pasivos i mudos, miéntras por otros puntos tronaba estrepitoso el cañon de los independientes. El presidente, marques de Selva Alegre, dió

una arenga, i Quiroga, el ministro de gracia i justicia, una proclama en los términos que se verán. Una i otra habian sido dadas á la estampa, i como serán poquísimos los que tengan noticia de ellas las insertamos íntegras por el mérito de haber esca. pado de las llamas á que fueron entregados por los españoles cuantos documentos se publicaron entón. ces, i escapado tambien de la incuria de nuestros conciudadanos. (*) Tambien proclamó el ministro don Juan Larrea, segun se conoce por los manuscritos que tenemos á la vista, pero el tiempo nos ha defraudado de tal documento. Casi en todas las producciones del tiempo de la revolucion se insulta la memoria de Bonaparte, ora porque realmente aborreciesen sus conquistas, ora por que entraba en la política de los disidentes aparen. tar que solo tenian el objeto de sustraerse de ellas;

(*) “Arenga que pronunció el marques de Selva Alegre, prcsidente de la suprema junta gubernativa establecida en Quito, á nombre de nuestro augusto monarca el señor don Fernando VII (que Dios guarde) en la instalacion que se celebió el dia 16 de agosto de 1809.

“Señores:

“¡Qué objetos tan grandes i sagrados son los que nos han reunido en este respetable lugar. La conservacion de la verdadera n elijion, la defensa de nuestro lejítimo monarca i la propiedad de la patria. Veis aquí los bienes mas preciosos que hacen la perfecta felicidad del jénero humano. Cuán dignos son de nuestro amor, de nuestro celo i veneracion! I ¿cómo no debo temblar yo al verme constituido por el voto unánime de este pueblo jeneroso, por cabeza de la suprema junta que se compone de los ciudadanos mas dignos de esta ilustre capital! Conozco, señores, que el valor de esta dignidad está unido al exacto desempeño de todas sus funciones.

“Nada mas tengo que protestaros con la sincera afeccion procediendo de ahí sus risibles, cuando no locas, brabatas. Pero por demas convencidos vivian nuestros padres que á no ser por Napoleon que andaba arrastrando á los reyes en su carro, ni se hubiera Dresentado la ocasion ni animádose ellos á dar el grito de independencia, i quizá ni triunfado por en tónces de un poder robusto i consolidado por el trascurso de los siglos i la ignorancia jeneral de los colonos. Sean cuales hubiesen sido las demasias del hombre que en nuestro siglo llegó á eclipsar la fama de cuantos insignes capitanes ¿ precedieron desde la creacion del mundo, la América le debe la ocasion irsultados de la lucha en que entró con la madre España, i la América tiene que glorificar la memoria exelsa de Napoleon el grande.

VI.

Los coroneles don Miguel Tacon, don Melchor

de mi reconocimiento, sino que me sacrificaré todo por la conservacion de los santos fines a que aspiramos. Ya sabeis que estos estan vinculados en nuestras mas estrictas obligaciones, en nuestros inviolables derechos i en nuestros mas íntimos intereSeS. “Cuento seguramente para tan grande obra con todos los talentos, luces i patriotismo de los funcionarios que componen este considerable cuerpo político, con las grandes virtudes de nuestro Exmo. é ilustrísimo prelado, con la sabiduría del vemerable clero secular i regular, i con todos los ausilios de mis amados compatriotas. Reunamos todos nuestros esfuerzos particulares para procurar de todos modos el bien jeneral. La firme perseverancia en nuestros principios, la concordia i tranquilidad entre nosotros, el celo, actividad i prudencia en nuestras deliberaciones, son los únicos medios que podrán consolidar la seguridad i felicidad pública que nos hemos propuesto. “Concluyamos pues, señores, dirijienpo al Omnipotente muestros humildes votos para conseguir las luces i el acierto en todo. Digamos con la sinceridad propia de americanos españoles: Viva nuestro rei lejítimo i señor natural don Fernando

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