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Aimerich i don Bartolomé Cucalon, gobernadores de Popayan, Cuenca i Guayaquil, instruidos ya menudamente de los sucesos de Quito, se prepararon contra la revolucion i concertaron con actividad los medios de sufocarla sin dar lugar á que tomara cuerpo. Tan arraigadas estaban las preocupaciones

en nuestros pueblos, que hubo mil i mil americanos ingratos que se prestaron con frenético fervor á favorecer los proyectos de los gobernantes, i á servir con sus personas i haciendas á los mismos que los escarnecian. Asi, dividido el pueblo desde el princi. pio de la revolucion entre chapetones (apodo que, como tenemos dicho, daban los criollos á los españo. les) é insurjentes (calificativo dado por los realistas á los conspiradores), gozando los primeros de todo jénero de rentas i elementos militares, i de ese pres. tijio secular conquistado por los hábitos de mandar i ser obedecidos, i los otros careciendo principalmen

VII i conservémosle á costa de nuestra sangre esta preciosa porcion de sus vastos dominios libre de la opresion tiránica de Bonaparte, hasta que la divina misericordia lo vuelva á su trono, ó que nos conceda la deseada gloria de que venga á imperar entre nosotros.” “Concordie res paruge crescunt, discordia marima dilabuntur. “Pueblos de la América:

“La sacrosanta lei de Jesucristo i el imperio de Fernando VII perseguido i desterrado de la Península han fijado su augusta mansion en Quito. Bajo el ecuador han erijido un baluarte inespugnable contra las infernales empresas de la opresion i la herejía. En este dichoso suelo, donde en dulce union hai confraternidad, tienen ya su trono la paz i la justicia: no resuenan mas que los tiernos i sagrados nombres de Dios, el reii la patria. ¿Quién será tan vil i tan infame que no exhale el último aliento de la vida, derrame toda la sangre que corre en sus venas, i muera cubierto de gloria por tan preciosos é inesplicables objetos? Si hai alguno, levante la voz, i la execracion

te de armas, careciendo de puertos por donde importarlas, porque todos les estaban cerrados, i sobre todo, de esperiencia i práctica en los negocios de gobierno, guerra i política en jeneral; debian naturalmente rendirse estos en tan desventajosa lucha. I todavia esto no era lo peor. Pasados los primeros dias de la exultacion con que los disidentes festejaron el buen éxito de su empresa, no pudieron resistir a las sujestiones de la ambicion ó la codicia, i queriendo cada uno hacer mayor figura que otros de sus mismos compañeros, se pusieron diverjentes en cuanto al rumbo que debia darse á la revolucion, entraron en recíprocas desconfianzas i quedaron desacordados i secretamente mirándose como enemigos. El pueblo por su parte, comenzó á comprender las consecuencias de las revueltas á que no es. taba acostumbrado, á renegar de las nuevas autori

jeneral será su castigo: no es hombre, deje la sociedad i vaya á vivir con las fieras. En este fértil clima, en esta tierra regada ántes de lágrimas, i sembrada de afliccion i dolores, se halla ya concentrada la felicidad publica. Dios en su santa Iglesia, i el rei en el sábio gobierno que le representa, son los solos dueños que exijen nuestro debido homenaje i respeto. El primero manda que nos amemos como hermanos, i el segundo anhela por hacernos felices en la sociedad en que vivimos. Lo seremos, paisanos i hermanos muestros, pues la equidad i la justicia presiden nuestros consejos. Léjos ya los temores de un yugo ¿ que nos amenazaba el sanguinario tirano de Europa. Léjos los recelos de las funestas consecuencias que traen consigo la anarquía i las sangrientas empresas de la ambicion que acecha la ocasion oportuna de cojer su presa. El órden reina, se ha precavido el riesgo i se han echado por el voto uniforme del pueblo los inmóviles fundamentos de la seguridad pública. Las leyes reasumen su antiguo imperio; la razon afianza su dignidad i su poder irresistibles; i los augustos derechos del hombre ya no quedan espuestos al consejo de las pasiones ni al imperioso mandato del poder arbitrario. En una

y

dades i á inclinarse por el sosten de las antiguas; i el pueblo, falto de opinion i sin una cabeza que go. bernara con temple imano firme, comenzó á servir. se del anónimo i los pasquines para ridiculizar i es. carnecer á los miembros de la junta i mas autorida. des brotadas de la revolucion. (*)

palabra, desapareció el despotismo i ha bajado de los cielos á ocupar su lugar la justicia. A la sombra de los laureles de la paz, tranquilo el ciudadano dormirá en los brazos del gobierno que vela por su conservacion civil i política. Al despertarse alabará la luz que le alumbra i bendecirá á la Providencia que le da de comer aquel dia, cuando fueron tantos los que pasó en la necesidad i en la miseria. Tales son las bendiciones i felicidades de un gobierno nacional. ¿Quién será capaz de censurar sus providencias i caminos! Que el enemigo devastador de la Europa cubra de sangre sus injustas eonquistas, que llene de cadáveres i destrozos humanos , los campos del antiguo mundo, que lleve la muerte i las furias delante de sus lejiones infernales para saciar su ambicion i estender los términos del odioso imperio que ha establecido: tranquilo i sosegado Quito insulta i desprecia su poder usurpado. Que pase los mares, si fuese capaz de tanto: aquí le espera un pueblo lleno de relijion, de valor i de enerjía. ¿Quién será capaz de resistir á estas armas? Pueblos del continente americano, favoreced nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira i nos inflama. Seamos unos, seamos ¿ i dichosos, i conspiremos unánimemente al individuo objeto de morir por Dios, por el rei i la patria. Esta es nuestra divisa, esta será tambien la gloriosa herencia que dejemos á nuestra postenidad.—MANUEL RodRIGUEz QUIRoGA, ministro de gracia i justicia.” (*) “¿Qué es la junta? Un nombre vano Que ha inventado la pasion Por ocultar la traicion I perseguir al cristiano. ¿Qué es el pueblo soberano? Es un sueño, una quimera, Es una porcion ratera De jente sin Dios ni rei. ¡Viva, pues, viva la lei, I todo canalla muera!

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I es de ver i curiosear la saña con que los insultaban en sucios i malos versos los mas, anteponiendo á cada estrofa un testo latino sacado de las escri. turas ó de los santos padres. En los mas se invoca la relijion, como que la creian espuesta á perderse; arbitrio ajitador que se tiene de mui viejo i que se. rá repetido por siempre, segun tendremos ocasion de observarlo de nuevo en nuestras ajitaciones ulteriores.

Fuera de los oficios i cartas particulares que

¿Quién ha causado los males?
Moráles.
¿Quién los defiende i obliga?
Quiroga.
¿Quién perpetuarlos desea?
Larrea.
Es menester que así sea
Para lograr ser mandones
Estos desnudos ladrones
Moráles, Quiroga i Rea.
¿Quién mis desdichas fraguó?
Tudó.
¿Quién aumenta mis pesares?
Cañizáres.
l¿quién mi ruina desea?
Larrea.
I porque así se desea
Querría verlas ahorcadas
A estas tres tristes peladas
Tudó, Cañizáres, Rea.
¿Quién á angustiarte destina?
Salina.
I ¿quién quiere que seais bobos?
Villalóbos.
Ya se aumentaron los robos
En aquesta infeliz Quito,
Pues protejen el delito
Salínas i Villalóbos.”

dirijieron los miembros de la junta, despacharon tambien á las provincias comarcanas comisionados con el mismo fin de que fueran á influir en sus po. blaciones, i las resolvieran á decidirse por la causa de la revolucion. Don Pedro Calisto, uno de los mas desleales con su patria, fué designado para Cuenca, en junta del doctor Murgueitio, sin que al. cancemos á dar con la razon de tan imprudente nombramiento, á no ser que el gobierno hubiese desco. nocido las opiniones de Calisto, ó que, conociéndolas, creyó cambiarlas con tan honrosa confianza. El doctor Fernández Salvador i el marques de Vi. lla Orellana fueron destinados para Guayaquil, i don Manuel Zambrano para Popayan. Nada pudo obtenerse con tan insustancial arbitrio, pues, fuera de que los mismos pueblos proclamaron dias despues una contrarevolucion, movidos por los gobernadores que, como dijimos i era na. tural, se habian declarado á banderas desplegadas contra Quito, los comisionados mismos no eran tampoco hombres de actividad, maña i enerjía para que pudieran obrar con provecho. Zambrano tuvo que huir para no ser presa del furor de los realistas de Pasto i Popayan; Salvador, uno de los mas célebres jurisconsultos de la presidencia, pero meticuloso i hombre de puro gabinete, separándose de su com. pañero Villa Orellana, cambió de banderas i fué á dar en Guayaquil (*); i Calisto, desde que salió de Quito fué, sin que lo advirtiese Murgueitio, predicando ardientemente contra la revolucion i restable. ciendo el partido realista de las ciudades de Lata. cunga, Ambato, Riobamba i mas pueblos del tránsito que habian abrazado la proclamacion del 10 de

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