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patria. Sus falátas, nuestro ver, solo procedieron
de la educacion é inclinaciones de su tiempo que
le hacian mirar las cosas con otras perspectivas, i
culpable solo de una flojera que no correspondió á
la tirantez de su ambicion. Si esta pasion, tan domi.
nante en él como en otros de sus colegas, hubiera
sido satisfecha, léjos de ser culpable habria sido
magnificado por sus contemporáneos i la posteri-
dad. Condénense como se quiera sus yerros i fla.
queza de ánimo, pero no olvidemos que un hombre
acaudalado, un marques que gozaba de la influen-
cia de los títulos, arriesgó su ¿ tranquili-
dad i vida por favorecer la independencia de la
patria.
El jeneral Móntes, yenido de Lima con circuns.
tanciadas i suficientes instrucciones del virei del
Perú acerca de las personas con quienes podia con-
tar en la presidencia, le persiguió con tenacidad
cuando ya trascurria el año de 1813, como consta
de sus repetidos oficios á las autoridades, redacta-
dos, con pocas variaciones, como el de 13 de febre-
ro al correjidor de Riobamba. (*)

Violentado, pues, Montúfar por pasiones encontradas, á cual mas activas, no pudiendo lograr que prevalecieran sus opiniones por entre aquel embrollo de gobernantes que no se entendian ellos mismos, ni habiendo podido recabar arreglos pro

(*) “Tengo prevenido á Ud. que el alguacil mayor de esa villa pasase con la correspondiente escolta á conducir hasta la ciudad de Loja al marques de Selva Alegre, lo cual deberá irremisiblemente ejecutarse; i si este hubiese retrocedido, ó hiciere jestion de fuga, disculpándose con frívolos pretestos, como el de que pretenden matarlo, dispondrá que sin contemplacion ni disimulo se verifique, poniéndole un par de grillos, i

- - dándome aviso puntualmente para mi intelijencia i gobierno.”

vechosos con Ruiz de Castilla; se vió en la necesidad de resignar el mando, i lo resignó en don Juan José Guerrero, conde de Selva Florida, como en persona que, no habiendo tenido parte activa en la revuelta, i ántes mantenido sus opiniones realistas, podia salvar la responsabilidad del pueblo. La resignacion se verificó el 12 de octubre, precisa. unente cuando ya eran públicos los desastres referidos. Desatentado fué de cierto este modo de salvar á los comprometidos en la revolucion, pues el go. bierno, que no podia atribuir la cesacion del mando de Montúfará ningun impulso de fidelidad, tenia en todo caso que mirarlos como á rebeldes. Mas bien que andarse buscando los medios de mo. derar la ira del gobierno, debieron exitar la del pueblo, manifestándole el rencor con que iba á ser castigado, i poner á Moráles á la cabeza de la revo. lucion. Moráles, segun dijimos, unia á su ambicioni osadía principios republicanos i conocimientos bas. tantes en materias políticas, como instruido en las intrigas de la corte á la cual habia servido largo tiempo de secretario de gobierno. Tal vez habria si. do tambien subyugado, pero á lo ménos de otro modo, con mayor dignidad para la causa, con me. jores seguridades para lo futuro. Era la primera revolucion que se habia intentado formalmente en la presidencia, i nuestros hombres de entónces, novicios para todo, andando de errores en errores, fueron á tener un paradero mortal. Guerrero, á quien venia á mano la ocasion de volver las cosas á su antiguo estado, i deseando, es cierto, servir de amparo á sus conciudadanos, se dirijió á Ruiz de Castilla provocándole á las capitulaciones que fueron aceptadas en los términos de su

contestacion de 24 de octubre, que dice así: “He recibido el oficio de Ud., fecha de este dia, en el que manifiesta las lastimosas circunstancias en que se halla esta provincia, los deseos que tiene de restablecer el buen órden, i los partidos que ha podido sacar de esa junta para que yo pueda volver á ocupar el mando que me confió la piedad del rei. Enterado de todo, i sin comprometer mis obligaciones i deco. ro, digo á Ud. en cuanto al primero i segundo artí. culo, que presidiré la junta que se ha formado en esa ciudad, á semejanza de las instaladas en Espa. ña con título de Provincial, arreglándose á sus ob. jetos de seguridad con sujecion al Exmo. señor vi. rei del reino, i dependiente su permanencia á S. M. ó de la junta suprema central, depositaria de la real autoridad.” “Que conservaré separados á los señores don José Bustillo, don José Merchante, rejente i oidor, al acesor don Francisco Javier Mansános, administrador de correos, don José Vergara, colector de ren. tas, don Simon Sáenz de Vergara, don Joaquin Villaespesa i don Bruno Resua de sus pespectivos em. pleos, informando lo conveniente á S. M. Es mui debida la reforma del senado, i debe quedar con arreglo á las leyes 63, 97 i 108 del libro 2o, tít. 10 de las municipales, reponiéndose al señor don Feli. Fuértes en su empleo de oidor, i al doctor don omas Arechaga en el de fiscal interino. Debe qui. tarse el tratamiento de Majestad que se habia dado á la junta, i hacerse otras modificaciones que propondré.” “Ofrezco bajo mi palabra de no proceder contra alguno en esta razon; i que informaré al Exmo.

señor virei del reino los motivos que á ello me obli3

an, pidiendo su superior aprobacion, sin perjuicio lo cual daré cuenta al rei ó su suprema junta central.” “Son los únicos términos en que únicamente puedo aceptar los propuestos artículos, cuya contestacion me parece arreglada á la razon i á las leyes.... Iñaquito, 24 de octubre de 1809.” Esta capitulacion que siempre llegó á ajustarse con las mui cortas modificaciones celebradas en el mismo dia, daba seguridades á los comprometidos i hasta dejaba, como se ve, casi intacto lo esencial de la revolucion, puesto que habian de conservarse la junta i el senado. Pero ¿qué gobierno, por justiciero que parezca, olvida los ultrajes recibidos, cuando en tales casos solo ve rebeldes dignos de castigo? Ruiz de Castilla ofreció tambien de su bella gracia que informaria al gobierno acerca del comportamiento i moralidad de los directores de la conjuracion; i estos, víctimas de su credulidad en un hombre sin palabra, creyeron librarse de todo compromiso con tan desacertado temperamento. n consecuencia, Ruiz de Castilla dejó su confinamiento i entró en Quito el dia siguiente, 25, en medio de ruidosas aclamaciones de triunfo. En los primeros dias del nuevo gobierno respetó su palabra i conservó el estado de las cosas renovadas contra el empeñado parecer del gobernador Aime. rich que deseaba reponerlo al del 9 de agosto i castigar á los rebeldes, Aimerich habia tocado ya en Ambato con una fuerza de dos mil docientos hombres. El presidente, que habia desarmado ya las pocas i malas tropas revolucionarias, i sabia que es. taban en camino de Guayaquil para Quito qui

nientos hombres, venidos desde Lima al mando del teniente coronel don Manuel Arredondo; dió órden al coronel Aimerich para que volviese á Cuenca con sus fuerzas. Aimerich resistió á este primer mandato, i si obedeció al segundo fué siempre de mala gana, pues andaba empeñadísimo en entrará Quito i llevará ejecucion sus amenazas. Cuando el presidente se vió resguardado por las tropas de Arredondo, reforzadas con 209 de la compañia de un tal Jurado, i con los 3500 del ejército contrare. volucionario, situado en Latacunga, fuera de las que venian por escalones de Popayan i Santafé, no tuvo ya nada que temer de parte de los disidentes i se resolvió, desleal, á no cumplir lo ofrecido. Disolvió la junta, estinguió el senado i restableció la antigua real audiencia. 1809, Los patriotas no habian dado un solo paso por subvertir el órden público: diremos mas, no habian respirado ni cabia que respirasen bajo el ojo apasionadamente prevenido de Arredondo; i con todo, el 4 de diciembre el presidente mandó prender á cuantos estaban comprendidos en ese pasado que ofreció olvidar. Fueron, pues, aprehendidos i llevados al cuartel que hoi sirve de casa de moneda los señores José Ascásubi, Pedro Montúfar, Salínas, Moráles, Quiroga, Arénas, Juan Larrea, Vélez, Villalóbos, Olea, Cajias, Melo, Vinuesa, Peña, los presbíteros Riofrio i Correa i otros ménos notables hasta algo mas de sesenta. El ex-presidente Montúfar logró escapar, como escaparon tambien otros, pero fueron perseguidos con tenacidad i perseguidos principalmente por los americanos don Pedro i don Nicolas Calisto, don Francisco i don Antonio Aguirre, don Andres Salvador, don Pedro i don

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