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c4 v. 3-4

BERNARD MOSES

CAPITULO I.

Primera idea de emancipacion-El doctor Espejo i el marques

de Selva Alegre-Estado político de España en 1808 Ajitacion de los pueblos de la presidencia-Arribo del presidente conde Ruiz de Castilla-Conjuracion de agosto-El nuevo gobierno-Restablecimiento del antiguo---El presidente Montúfar----Arresto de los pairiotas----Su proceso i resultados----El Comisionado rejioDesconfianzas recíprocas del gobierno i de los pueblos.

I.

El doctor Espejo, conocido ya de los lectores, á cuyo talento despejado unia suma aplicacion á las letras i deseos vivos de saber lo que jeneralmente ignoraban los americanos, era uno de los pocos hombres que conocian el derecho público i algunos otros ramos de las ciencias sociales. Impresionado i dolorido, mas que otros de sus compatriotas, del estado de humillacion de la patria, sin duda por pertenecer mas inmediatamente á la raza vencida por Pizarro, echaba de cuando en cuando algunas frases punzantes, aunque indiscretas, contra el gobierno, hasta el término de

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haber escrito: un opúsculo titulado La Golilla. Et opúscufo no se publicó; pero, echada á voFar la :voż: de haberse escrito, los gobernantes comenzaron a perseguirle, en son de honrarle con comisiones honoríficas, i La Golilla labró conocidamente sus desgracias por el delito de haber satirizado al gobierno i gobernantes.

Parece que el opúsculo fué escrito en 1787, pues por este año fue cuando principiaron á menudear la vijilancia i persecuciones contra Espejo, terminando por su destierro á Santafé, a pesar de que entonces era casi imposible que pensase en la emancipacion de su patria. Mui pronto se intimo en Santafé con los literatos de mayor nombradia i con los patriotas mas distinguidos, quienes, por 1790, tenian calados

ya

los mas de los sucesos de la revolucion francesa. Sus conexiones se estrecharon mui especialmente con don Antonio Nariño, republicano fogoso que, como Espejo, no podia avenirse con el gobierno

de los reyes.

De vuelta á Quito, despues de tres años de ausencia, se encargó de la redaccion del periódico titulado Primicias de la cultura de Quito i comenzó á obrar con suma actividad por el establecimiento i conservacion de la Escuela de la Concordia. Destinábala en sus adentros, de conformidad con los proyectos concertados con los señores Nariño i Zea i otros colonos de Quito i el Perú, á que sirviera de madre á otras i otras sociedades subalternas que debian establecerse en varios puntos, con el fin de instilar i difundir con prontitud i seguridad algunas ideas de independencia. Entre las cincuenta i ocho personas de que se compone la lista de sus miem

bros, se encuentran muchos nombres de las mismas que poco despues prepararon i ejecutaron la revolucion: los marqueses de Selva Alegre, Maensa, Miraflores, Villaorellana i Solanda, don José Ascásubi, don José Cuero, don Gabriel Alvarez, don Pedro Montúfar, don Juan Larrea, etc. etc.; i, entre los supernumerarios, don Antonio Nariño, don Martin Hurtado, don Francisco Antonio Zea, don Ramon de Argote, don Jacinto Vejarano, etc.

Cuantos se hallaban instruidos del secreto aceptaron el proyecto con regocijo, i se determinaron á obrar con actividad i entusiasmo; mas, á la muerte del periódico i persecuciones de que fué víctima el caudillo Espejo, superó el espanto de la realizacion i se abatieron los ánimos. No se establecieron las sociedades, i siguió sin interrupcion aquel sosiego con el cual habian nacido i estaban casi avenidos nuestros padres. El fuego revolucionario no podia surjir de aquel estado yerto de tantos i tan sosegados años, i fué necesario que la Francia conmoviese el mundo para que tambien América participase del cataclismo político de 1789, apenas conocido de mui pocos en la presidencia.

Cuando en 1794 aparecieron pegadas a las paredes de algunas calles de la ciudad unas banderillas, que contenian las palabras Salva cruce, libertatem et gloriam consequuto i las Salva cruce, liber esto, la vista de los gobernantes se clavó al principio en un pobre hombre que rejia una escuela de primeras letras, llamado el maestro Marcelino, sin mas ni mas que por la semejanza de la letra de las banderillas con la suya, i le prendieron i se apuraron los interrogatorios, sin

que por esto se descubriera el verdadero autor. La sana crítica i los antecedentes de Espejo atribuyeron a este esos arranques del patriotismo, i el tiempo i la tradicion lo han confirmado.

Tambien el presidente Muñoz de Guzman i las demas autoridades tuvieron mui luego á Espejo como autor de las banderillas; mas como no hallaron pruebas adecuadas contra el cargo, se desentendieron del asunto, i por otros motivos que no alcanzamos, si no pretestos, le redujeron á prision, en la cual murió aquel patriota, honra de su raza i de Quito, su cuna.

Decimos que le prendieron por otros motivos que no hemos podido descubrir, porque nunca se le acusó de autor de las banderillas, ni se halla referencia alguna á ellas en la correspondencia oficial del presidente. Por un oficio de 21 de agosto de 1795, dirijido al presidente del supremo consejo de Indias, se sabe que Espejo estaba preso por cierta causa grave de Estado; pero como no la espone, quedamos en la misma incertidumbre. Puede ser que esta causa fuese la de sus conexiones con Nariño i Zea, presos igualmente por el mismo tiempo en Santafé como reos de Estado; i aun esto, sin embargo, no pasa de ser una presuncion.

Cinco meses despues de la aparicion de las banderillas que tanto preocuparon á los gobernantes, aparecieron tambien en Cuenca otros pasquines i proyectos de mayor resolucion, pues uno de ellos contenia nada menos que estas fra

ses.

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A morir ó vivir sin rei prevengámonos, valeroso vecindario. Libertad queremos, i no tantos pechos i opresiones.”

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