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mentos, ya que el beneficio era para todas las provincias de la familia colombiana. Tampoco decimos que hubo peculados: hubo tamaños errores i despilfarros por mayor, i no mas.

Diremos de paso, que el decreto sobre alistamiento fué mal recibido en la República. Venezue. la aun suscitó por el pronto algunos disgustillos, reservándose para despues otros de mayor monta, i que el gobierno se vió mui embarazado para llevar. lo a ejecucion, siquiera en parte. Hubo, pues, que darse otro decreto sobre organizacion de milicias, con el cual pudieron medio conciliarse las necesidades del gobierno con los intereses o alivio de los pueblos

II.

En cuanto a los negocios de guerra, los facciosos de Pasto a quienes dejamos ocupando esta ciudad en tanto que nuestras fuerzas, a órdenes del jeneral Salom, se hallaban en Túquerres, envalentonados con la tranquilidad en que se les dejara; se resolvieron a estender sus operaciones, i en consecuencia destacaron una buena partida de tropa a Barbacóas, ciudad rica por sus minas de oro. Barbacóas, ademas, podia proporcionarles un puerto donde negociar armas i municiones, i así la ocupacion de ella les pareció del todo necesaria. Talvez hubieran satisfecho sus deseos; mas como era incesante la vijilancia con que los atendian las autoridades del Cauca, les salió al encuentro un cuerpo de tropa i los obligó a volverse a sus estancias.

La division de Túquerres, destinada a obrar contra los facciosos, estaba ya engrosada, vestida i re gularmente organizada, i se la puso a órdenes del

jeneral Míres. Componíase de cosa de dos mil qui. mientos hombres, i el 12 de diciembre de 1823 se movió camino del Guáitara, defendido por los re. beldes. Difícil era vencer las dificultades que, a las opuestas por la naturaleza, habian aumentado otras los enemigos, i así Míres mandó hacer diversiones por diferentes puntos. De seguida, bajó con el ner. vio de sus fuerzas para el Guáitara i, dando i recibiendo balas, echó un puente, pasaron las tropas, hicieron correr a las enemigas i las persiguieron hasta Yacuanquer. Despues, aunque trataron estas de resistir en Cebadal, el coronel Flóres, que iba a la vanguardia, las desalojó i fueron a parar en Tambo-pintado.

Míres ocupó la ciudad de Pasto el 14, i el siguien. te publicó un indulto jeneral para cuantos se presentasen al gobernador de la provincia en el perentorio término de tres dias, con la advertencia de que, si no se presentaban, pasaria por las armas a los que se dejasen aprehender. El 2 de enero de 1824 publicó otro ya mas bien meditado, prometiendo que serian perdonados en cualquier tiempo con tal únicamente que se presentasen a los curas o a los alcaldes parroquiales, i aun ofreciendo gratificaciones a los que entregasen las armas. No fueron mui estériles los resultados de este indulto; bien que siempre continuó la rebelion con entusiasmo.

Escondidos los facciosos en sus guaridas o reuniéndose en un punto para pasar a otro i otro cuando los acometian, i luego asomar por uno mui dis. tinto i combatir con mayor ventaja; fatigaron al jeneral Míres llevándole de aquí para allí, i aun. que en los mas de los encuentros los derrotó, tam. bien él fué derrotado alguna vez. Se aburrió, pues,

de este jénero de guerra i, dejando el ejército a ór. denes del coronel Flóres, se vino para Quito. Flóres recibió un ausilio de docientos hombres traidos por el jeneral Córdova. Empleando a veces la maña i la dulzura, a veces amenazando con cas. tigos severos, consiguió atraer a unos cuantos cabecillas de los rebeldes; i luego, persiguiendo a otros con actividad, los tomó i pasó por las armas. A los fabricantes de pólvora u otros artículos de guerra los sacó del territorio, i de este modo logró tranquilizar, a lo ménos en gran parte, el estado de la provincia. Desalentado Agualongo por sus reveces, se fué para Barbacóas, con ánimo, como ántes, de pose. sionarse de esta provincia i sublevarla contra la República. Partió con cien hombres, i el 1.o de ju. nio entró de sobresalto en la ciudad. Guarecíala entónces el teniente coronel Tomás C. Mosquera con solo cuarenta hombres, i a pesar de esta inferioridad de fuerzas la defendió con bizarría, bien que perdiendo de un balazo la quijada, i rechazó a los invasores. Agualongo, aburrido de su impotencia, mandó prender fuego a algunas casas, i la paja con que están cubiertas lo comunicó activamente a otras i otras. La ciudad quedó casi del todo devo. rada por las llamas. Rechazado Agualongo de Barbacóas, tomó su derrotero por el mismo camino que habia llevado i se determinó a volver a Pasto. Habíase rujido ya la voz de su derrota i contramarcha, i entónces el teniente coronel Obando, que hacia de comandante de la línea del Mayo, le salió al encuentro, le persiguió i tomó prisionero en junta de otros hasta doce. Los demas, con Angulo a la cabeza, lograron escapar; bien que aun fueron muertos o perecieron de hambre unos como cuarenta al andar de algunos dias. Agualongo fué llevado a Popayan, donde, juz. gado breve i sumariamente, se le fusiló en junta de otros de sus compañeros. En un pueblo ménos fanático por la relijion, que la tenia por perdida con la República, ménos faná. tico por Fernando VII a quien habia perdido ya; en un pueblo mémos aguerrido iménos maltratado, se habria dado fin a la guerra con la desaparicion de tantos cabecillas. Pero en Pasto que adolecia de tales achaques, que tenia la prenda del valor i vi. via atormentado con la memoria de los ultrajes recibidos, i de tantos hijos i bienes sacrificados por la venganza republicana, todavia se volvió a resucitar la causa realista por el mes de abril de 1825. Un clérigo de apellido Benavídes, aprovechándose de la vuelta que hacian a sus casas varios de los oficiales destinados al Perú, i que se presentaron en Pasto mal vestidos i sin espadas, echó a volar la voz de que el ejército libertador habia sido des. trozado por los españoles en Guayaquil; i no solo esto sino que aun hizo fijar en las puertas de la capilla de San Pablo una proclama, exitando a los patianos a que hiciesen armas contra Colombia. La voz se hizo oir de muchos, i Benavídes, ayudado de otros cabecillas, logró reunir obra de mil hombres al andar de pocos dias. Una vez organizados, sor. rendieron a dos destacamentos i se apoderaron de línea del Mayo, de treinta fusiles i de bastantes municiones: sorprendieron, asímismo, a una compa. ñia de milicias i a una coluna de ochenta hombres de línea, i de este modo volvió a encenderse la guerra casi en toda la provincia. El coronel Farfan, que hacia de comandante je.

neral en Pasto i disponia de setecientos hombres, rechazó i contuvo a los facciosos, i los cuerpos que dependian de la comandancia jeneral del Cauca tambien los rechazaron por su parte. Los tenientes coroneles Córdova i Obando estorbaron el contajio para algunos pueblos de Pasto, i sin embargo de todo esto no se pudo apagar el incendio que seguia devorando otros pueblos. El coronel Flóres, que un año ántes habia hecho la campaña, se hallaba por entónces de comandante jeneral del departamento del Ecuador, i al conocer los peligros que nuestras fuerzas corrian en Pasto, voló con trecientos hombres activamente alistados por el intendente señor Valdivieso. Acampado ya en Ipiáles, comprendió que necesitaba de mas jente i pidió a Quito otras compañias de milicias i el escuadron Lanceros de Venezuela. Reunió, ademas, algunos milicianos de Túquerres e Ipiáles, i dividiendo sus trecientos hombres en dos colunas, cubrió con la una un punto de los del Guátara, i atravesó con la otra las selvas de Puérres i fué a dar en Chapal. Farfan, por su parte, ocupó a Télles, i los facciosos, envueltos así por todos lados, se vieron en el conflicto de no hallar una buena salida. Ocúrreseles, en tal trance, situarse en la encumbrada cima del Sucumbio i se asientan efectivamente de un modo ventajoso. No por esto se detiene Flóres en acometerlos, i, miéntras él obra por el frente, Farfan los acosa por un flanco. Los facciosos se defienden con firmeza; mas, habiendo avanzado a tiempo el coronel Mina i comandante Klinjer con la reserva, tuvieron que ceder el campo i esparcirse por las selvas i montes inmediatos. En este combate hubo la particularidad de que concurrieron ya con nuestras fuerzas

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