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dados i marineros, i por treinta i seis heridos, entre los cuales se incluyó el alferez de navío, José Ma. ría Urbina, jóven de diez i ocho años que andando los tiempos, llegó a influir mucho en los destinos de su patria, i aun a gobernarla. Otro que tambien llegó a participar de no menor influjo i estuvo en el combate de Malpelo, fué el jóven guardia. marina Francisco Róbles, actual presidente del Ecuador. Habíase dado ya esta campanada de Malpelo cuando tocó en Guayaquil O'Leary, el comisionado que venia a buscar la paz. Dirijióse al punto al gabinete de Lima, incluyendo sus credenciales i pi. diendo que le enviasen el salvoconducto i pasapor. te respectivos para pasar a esta ciudad, i le contes. taron remitiese primero la bases de la negociacion que pensaba entablar. Desacertada nos parece es. ta contestacion, pues equivalia a una encubierta negativa. El coronel O'Leary dió una replica mui comedida i atinada, i con todo ni siquiera recibió contestacion. Entre tanto, las fuerzas peruanas de tierra se acercaban a nuestras fronteras, i el 12 de octubre el presidente Lamar proclamaba ya a sus soldados en Tambo grande, una jornada ántes del Macará. Lamar se habia resuelto a dirijir personalmente la campnña por tierra, miéntras el vice-almirante Jorje Guisse, autorizado por el decreto de bloqueo contra nuestros puertos del Pacífico, dirijia la naval. Colombia no tenia fuerza ninguna marítima en el mar del sur, i la escuadrilla peruana, con un hombre como Guisse a la cabeza, uno de los mas ardientes enemigos del Libertador i que tanto habia azuzado esta guerra, obró a sus anchas sin tener ninguna resistencia.

Presentóse Guisse con la armada en Guayaquil el 22 de novienbre a las cuatro i media de la tarde, contando principalmente con el ausilio de algunos partidarios del Perú, que no dejaba de haber en realidad, sobre todo entre los que pertenecieron a los insurreccionados de la tercera division. La es. cuadrilla se componia de la fragata Protector, la corbeta Libertad, una goleta i tres lanchas cañone. ras, i como su aparicion fué de sobresalto, venció fácilmente la bateria de Crúces, defendida por diez i seis artilleros, cortó la cadena que obstruia el canal, i situándose al frente de la ciudad, la ametralló sin compasion hasta las siete i media de la noche.

Replegada la tercera compañia del batallon Carácas cuando quedó rota la cadena, i mui luego obligadas tambien a retirarse nuestras fuerzas sutí. les, el enemigo acercó al malecon de la ciudad dos de sus buques, i consiguió a fuerza de metralla incendiar una bateria. ¿ del 23 la bateria de la planchada i nuestras lanchas cañoneras, que ya con la marea favorable pudieron acercarse a la escuadrilla enemiga, comenzaron a cañonearla, bien que sin provecho. Por el contrario, utilizán. dose el enemigo de una fuerte brisa i de la marea que habian cambiado, se acercó nuevamente al malecon hasta ponerse a tiro de pistola, e hizo una horrible descarga de metralla i palanquetas contra el centro de la ciudad, frente a la casa de la intendencia. Dos compañias del Carácas, desplegadas en guerrilla, i el cuerpo de artilleria con cuatro cañones colocados en las bocacalles por el coronel O'Leary, sostuvieron los fuegos con gallardia has ta las ocho i media de la noche, hora en que el enemigo destacó hácia el muelle dos lanchas caño.

lleras, seguramente con el fin de apoderarse de los cañones, pero fueron rechazados con notable daño por veinte i cinco soldados del primer cuerpo. Al ver Guisse que no podia proporcionarse desembarco por ningun punto, se retiró por la noche i fué a estarse a la capa hasta que se le presentara mejor ocasion. En la madrugada del 24 baró la Protector al frente de la antigua Aguardenteria, i nues. tros soldados improvisaron al punto un terraplen se. micircular, i montaron un cañon de a veinte i cuatro. A las seis de la mañana el coronel Juan Ignacio Pareja, encargado de la direccion de esta bateria, rompió los fuegos contra la fragata i le causó algunas averias: nuestras lanchas, comandadas por el teniente de fragata Francisco Calderon, cayeron igualmente sobre ella; mas siempre logró escapar saliendo a remolque i favorecida de la marea. A medio dia entró el batallon Cauca, mandado lle. var de Zamborondon, i entónces pudo ya contarse con que la planchada quedaria bien protejida. El vice-almirante Guisse, mortalmente herido en el combate del 24, murió en este mismo dia; siendo de sentir que un capitan de tan buena , reputa. cion por sus servicios a la causa americana, haya llegado a ser víctima de su propio orgulloi del partido que dominaba entónces el Perú. Don José Boterin, desertor de la marina de Colombia, sustituyó a Guisse en el mando de la escuadrilla peruana, la cual, con la muerte de Guisse, fué a parar en Puntadepiedra. Los pueblos indefensos de las costas inmediatas fueron ántes i despues de este suceso, victimas de cuantas tropelias cometieron en ellos los enemigos. Una de nuestras avanzadas, situada en Juancoco, sostuvo el mismo dia 24 un fuego de cinco horas con las fuerza enemigas, puso fuera de comba. te cosa de diez i ocho hombres, entre muertos i heridos, i las obligó a retirarse. Por demas hueras, sin embargo, vinieron a que. dar tan cortas ventajas, cuando los enemigos sir. viéndose del traidor Bustamante i otros oficiales pertenecientes a la division sublevada en Lima, lo graron corromper la moralidad de nuestros pueblos costaneros, i hacer que se declarasen en favor suyo. Santaelena i el Morro, Machala i Balao, poblacio. nes asentadas al occidente i sur de Guayaquil, die. ron este paso de infidelidad contra la patria; i no solo esto, sino que sus habitantes, ausiliados por las armas, dinero i municiones enemigas, estable. cieron partidas volantes i comenzaron a vejar, oprimir i aun asesinar a sus mismos conciudadanos de las vecindades. Separados los batallones Cará. cas i Cauca i un escuadron de caballería, que fueron a incorporarse con nuestro ejército en Cuenca, la guarnicion de Guayaquil habia quedado reducida al batallon Ayacucho, sin otra esperanza de refuerzo que la mitad del Jirardot, recientemente desembarcado en Manta. Gravísimos pues eran los conflictos del jeneral Illingrot para sostener el departamento que corria a su cargo, i no obstante cuando Boterin envió a intimarle la rendicion de la capital, se denegó a ello con enerjía; bien que accediendo a la solicitud de ajustar una capitulacion, segun las bases que se presentasen. Discutiéndose estaban los puntos convenientes para el arreglo, por medio de los coroneles Pareja i Luzárraga, i aun parece que ya estaban acordados, cuando supo Boterin la escan. dalosa sublevacion de Daule, en donde asesinando al comandante Dávalos i cometiendo otros exesos,

se levantaron tambien algunos de sus hijos contra la patria. Boterin, en consecuencia, se desentendió de las bases acordadas, hizo pasar algunas tropas i elementos de guerra para favorecer a los faccio. sos, i situó las ¿ sutiles en la confluencia de los rios Babahoyo i Daule, vias por donde Guaya. quil recibia aun los víveres que se llevaban de la Sl el"1": l. Entónces los conflictos del jeneral Illingrot subieron de punto, i deseando salvar a lo ménos par. te del departamento, los archivos públicos i algu. nos artículos de guerra, tuvo que capitular con otras condiciones, i capituló el 19 de enero de 1829. Las condiciones del arreglo fueron que si, hasta dentro de diez dias no se tuviese noticia de la ba. talla que estaba al darse entre los ejércitos que obraban en tierra, desocuparian la ciudad tanto la guarnicion como las autoridades departamentales: que tambien la desocuparian dentro de tres dias despues de recibida la noticia de que habian sido derrotados los colombianos; i que los buques, artilleria i mas artículos de guerra necesarios para el servicio de la plaza serian entregados en depósito, sin que pudieran emplearse contra Colombia. Por otros artículos se arregló la continuacion del go. bierno municipal, conforme a las leyes colombianas, el pago de las deudas contraidas a nombre de nuestro gobierno, i el modo i tiempo como debian cesar las hostilidades. Los comisionados peruanos pidieron tambien seguridad para las personas i propiedades de los colombianos que habian sido adic. tos a la causa de ellos, i les fué igualmente concedida. Como en el trascurso de los diez dias señalados no se tuvo noticia ninguna de la batalla, hubo que

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