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janas, con capitanes merecidamente acreditados, i con el héroe de Ayacucho, nombrado dias antes jefe superior del sur i director de la guerra.

El jeneral Sucre, enfermo i retirado a la vida privada, no habia podido oír con indolencia los rumores de la invasion contra su patria, i por noviembre último dirijió al ministro de la guerra, un oficio, con insercion del que pasó al jeneral Flóres con la misma fecha, en que le decia: “He oido rumores de

que

las provincias del sur de Colombia sufrirán dentro de breve la invasion de tropas enemigas. Sin datos para juzgar sobre la verdad de estas voces, me anticipo a rogar a US. que, si la tierra de Colombia fuese pisada por algun enemigo i se dispusiese una batalla, se digne US. participármelo o hacerme alguna lijera indicacion. Cualquiera que sea el estado de mi salud, volaré al ejército, i en el puesto que se me señale partiré con mis antiguos compañeros de sus peligros i de la victoria.”

Seguro estaba el gobierno de contar en estas circunstancias con los oficiosos servicios del jeneral Sucre; mas, sin aguardar a que le hiciera tales ofertas, le habia llamado ya, con fecha 28 de octubre, a la direccion de esta guerra, invistiéndole de cuantas facultades eran necesarias para semejantes conflictos. Pagado estaba el gobierno de los servicios del jeneral Flóres, el jefe del ejército, con cuya discrecion, arbitrios i actividad habia sabido, no solo mantener la moralidad i disciplina, mas tambien aumentarle i medio vestirle, a pesar de la absoluta escasez de rentas públicas. Pero habiendo acá un capitan, como el que en Ayacucho selló la independencia de América, bien natural

era que el gobierno llamase a Sucre para la direccion de esta campaña.

Al punto, pues, de recibido tal nombramiento, Sucre se puso en camino para Cuenca, donde, como dijimos, habia establecido Flóres el cuartel jeneral, i donde aquel entró el 27 de enero. Fué reconocido como jefe superior el dia siguiente, i hecho

ya cargo del ejercito le dirijió una proclama en que, manifestando modestamente la inutilidad de sus servicios, cuando se hallaba dirijido por un bizarro capitan como el jeneral Flóres, concluyó asi: "Colombianos: una paz honrosa o una victoria espléndida son necesarias a la dignidad nacional i al reposo de

de los pueblos del sur. La paz la hemos ofrecido al enemigo: la victoria está en vuestras lanzas i bayonetas. -Un triunfo mas aumentará mui poco

la celebridad de vuestras hazañas i el lustre de vuestro nombre; pero es preciso obtenerlo para no mancillar el brillo de vuestras armas. -Cien campos de batalla, tres repúblicas redimidas por vuestro valor en una carrera de triunfos del Orinoco al Potosí, os recuerdan en este momento vuestros deberes con la patria, con vuestras glorias i con Bolívar."

El mariscal Sucre debia al cielo la prenda singular que, desconocida

por

los mas de los guerreros de hoi, nos traia a la memoria la grandeza i modestia de los modestos i grandes hombres, i movido de ella i conforme a las instrucciones de Bolívar

para buscar la paz, se dirijió al capitan enemigo proponiéndole una fraternal reconciliacion: el jeneral Lamar recibió la propuesta con suma cortesía, i pidió que le presentase las bases del convenio. Hallábase en nuestro campamento el coronel O'Leary, quien, como sabemos, tenia plenos

poderes para arreglar la

paz, i por tanto se las envió al momento.

Estas bases, fechadas en Oña el 3 de febrero, se limitaron a que las tropas belijerantes se redujesen a pié de fuerza de los tiempos de paz: que se fijasen por una comision los límites de las dos repúblicas con arreglo a la division política i civil que tuvieron los vireinatos del Nuevo reino de Granada i Perú, cuando la revolucion de Quito en 1809: que la misma u otra comision liquidase la deuda del Perú a Colombia, procedente de los ausilios que esta prestara para la guerra de la independencia: que el primero diese un número de soldados igual a las bajas que habia recibido el ejército ausiliar de la segunda, i una indemnizacion pecuniaria

para

el pago de sus trasportes: que el gobierno del Perú diese satisfacciones al de Colombia por la espulsion de su ajente público verificada en Lima; i este al otro esplicaciones satisfactorias por no haber admitido al plenipotenciario Villa: que ninguna de las dos repúblicas interviniese en la forma de gobierno ni negocios domésticos respectivos, ni se injiriese en los de Bolivia: que la observancia de este artículo como todas las diferencias se arreglasen de un modo claro en el convenio definitivo: que para las seguridades de este se solicitase del gobierno de L. M. Británica o del de los Estados Unidos que afianzasen su cumpli . miento: que aceptadas las bases, el ejército peruano desocupase el territorio de Colombia para proceder al tratado de paz; i que las partes contratantes se comprometiesen a mirarlas como forzosas para el tratado definitivo.

El presidente Lamar, fundándose en que mas bien parecian condiciones puestas en el campo del

pagase los

triunfo a un pueblo vencido, que proposiciones hechas a un ejército que poseia todas las probabilidades de la victoria, puesto que eran injustas i degradantes para el Perú; las desechó con arrogancia. Al devolverlas, propuso, por su parte, el reemplazo de cuantos hombres habia sacado Bolívar del Perú despues de la batalla de Ayacucho por las bajas del ejército ausiliar, o por tal falta, una indemnizacion pecuniaria: que

Colombia gastos de la guerra: que el departamento de Guayaquil volviese al estado que tenia en 1822, ántes de incorporarse a Colombia: que una comision liquidase las cuentas i fijase los límites de las dos repúblicas; i que el gobierno de los Estados Unidos fuese el árbitro para los arreglos, debiendo ser de cuenta de Colombia la obligacion de solicitar i recabar el consentimiento.

No era posible que tan encontradas pretenciones dieran con el justo medio que fuera conveniente para la transacion, i mas cuando los proposiciones de Lamar venian despues de profanado el suelo colombiano. Sin entrar Sucre en el examen de lo que contenia la minuta de tales bases, i fundándose en que esta no hablaba de quien estaba a la cabeza del gobierno de Colombia sino como de un simple jeneral, la devolvió a su vez, pero insistiendo en que se nombrasen comisionados para que mas fácilmente pudieran zanjar a la voz las dificultades con que se tropiezan al esplicarse por escrito. El jeneral Lamar convino con ello; reas, aunque desig. nando al jeneral Orbegozo, designó tambien al mismo señor Villa, rechazado en Bogotá; i este nombramiento no podia inspirar confianza, como lo observó el capitan colombiano. Con todo, Sucre nombró de comisionados al jeneral Héres i a

O'Leary, quienes conferenciaron con los del Perú en los dias 11 i 12 de febrero en el puente de Saraguro, límite divisorio de los dos ejércitos. Las conferencias no dieron provecho ninguno; pues, como era de temerse, los contratantes se mantuvieron aferrados a sus intentos.

El ejército colombiano, durante el vaiven de los oficios que se cruzaron entre los jenerales Sucre i Lamar, se hallaba situado en Paquichapa. Por la tarde del 12 Sucre recibió dos partes: uno de que el enemigo se habia movido por el flanco derecho con el fin de posesionarse del pueblecillo de Jiron, no conservando de frente sino dos o tres cuerpos para ocultar aquel movimiento; i otro de que una coluna de trecientos peruanos habia entrado en Cuenca (en el techo de Lamar] el dia 10, pero que el jeneral González, defendiéndose con los enfermos del hospital militar, habia alcanzado una honrosa capitulacion. El primer aviso dejaba de claro en claro que el jeneral Lamar queria aprovecharse de la inaccion del ejército colombiano, para colocarse a espaldas de este i hacer mas embarazosa su posicion.

Como el segundo suceso era ya irreparable, el jeneral Sucre se ocupó solo en apercibirse contra el otro, i retrocediendo con el ejército, dispuso que se atacasen los puntos avanzados del enemigo, puesto que no podia esperarse ningun arreglo, i aun habian comenzado ya las hostilidades.

El jeneral Flóres cometió esta empresa al jeneral Luis Urdaneta, quien se puso en marcha a media noche del mismo 12 con la compañia de granaderos del Cauca, recientemente llegada de Guayaquil, i veinte hombres del Yahuachi. El puente

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