The Spanish American Reader

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D.C. Heath, 1916 - 367 páginas

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Página 187 - La altura de los árboles crece en razón inversa de la elevación del suelo en que nacen. En las costas son colosales, y los diámetros enormes; los troncos derechos, perpendiculares, y dejando entre sí grandes espacios vacíos. Las volubles abundan en extremo. Maromas, cables semejantes a los de un grueso navio, bajan y suben, unas veces perpendiculares, otras envolviéndose espiralmente al rededor de los troncos.
Página 284 - Yo admiraba altamente el vigor general de aquel escritor único, a quien había conocido por aquellas formidables y líricas correspondencias que enviaba a diarios hispanoamericanos como La opinión Nacional de Caracas, El Partido Liberal de México, y, sobre todo, La Nación de Buenos Aires.
Página 286 - Allí escuché por largo tiempo su conversación. Nunca he encontrado, ni en Castelar mismo, un conversador tan admirable. Era armonioso y familiar, dotado de una prodigiosa memoria, y ágil y pronto para la cita, para la reminiscencia, para el dato, para la imagen. Pasé con él momentos inolvidables, luego me despedí.
Página 208 - ... antes de salir el sol para anunciarnos que un nuevo día llegaba y con él, la necesidad de hacer por el trabajo frente a sus necesidades.
Página 208 - Hacia la parte del sur del sitio de treinta varas de frente por cuarenta de fondo, estaba la habitación única de la casa, dividida en dos departamentos; uno sirviendo de dormitorio a nuestros padres, y el mayor, de sala de recibo, con su estrado alto y cojines, resto de las tradiciones del diván árabe que han conservado los pueblos españoles. Dos mesas de algarrobo indestructibles, que vienen pasando de mano en mano desde los tiempos en que no había otra madera en San Juan que los algarrobos...
Página 285 - ... una presentación ornada de las mejores galas de su estilo. Los aplausos vinieron entusiásticos, y él aprovechó el instante para sincerarse y defenderse de las sabidas acusaciones, y como ya...
Página 219 - ... saca lances imprevistos para libertarse de la obstinada persecución del que lo sigue. Hay, pues, un gran peligro en seguir al animal en estas diversas evoluciones caprichosas, que ponen en dura prueba la destreza de los jinetes y el vigor y maestría de los caballos. Para los huasos, el rodeo es un campo de batalla en que el deber les manda desafiar los peligros...
Página 188 - Si los hombres son diferentes, la vegetación de nuestros Andes parece que toca en los extremos. En el corto espacio de 20 leguas halla el botánico observador plantas análogas a las de la Siberia, plantas semejantes a las de los Alpes, la vegetación de Bengala y la de la Tartaria septentrional.
Página 243 - Una bolsa, un círculo literario, un areópago, una coterie, un salón de solterones, una coulisse de teatro, un forum, toda la actividad de Bogotá en un centenar de metros cuadrados: tal es el Altozano.
Página 295 - Caro fue el más lírico de todos los colombianos, por lo profundo é intenso de su vida afectiva, la cual expresó con rara franqueza y viril arrojo en versos de forma insólita, que bajo una corteza que puede parecer áspera y dura, esconden tesoros de cierta poesía íntima y ardiente, á un tiempo apasionada y filosófica, medio inglesa y medio española, que antes y después de él ha sido rarísima en castellano.

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