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pues de haberlo este cumplimentado, lo primero que le dijo fué :. „ supongo que el Sr. Victoria habrá venido con V. ; á lo que contestó Iturbide que se habia quedarlo enfermo en Puebla." En efecto, al pasar este por Puebla para Córdoba estaba enfermo Victoria, aunque de un achaque ligero, que jamas le hubiera impedido acompañarlo para un asunto de tanta importancia ; mas como el obgeto de este era, como queda dicho, evacuar por sí mismo esclusivamente todos los asuntos politicos; en natla ménos pensó que en brindarle con su compañía, pues ni aun se sabe que siquiera le hubiera comunicado el objeto á que se dirigia. Este hecho parece que demuestra el concepto que se tenia de Iturbide : en efecto, un hombre de su representacion nacional y de su patriotismo, era de suponer que hiciera un papel brillante en la revolucion, y la poca cuenta que hacia Iturbide de él, no era el mejor agüero de sus proyectos.

Razones para no ratificar el Plan de

Iguala en el tratado de Córdoba, y las que daba Iturbide y sus partidarios para lo contrario.

Si sus intenciones hubieran sido rectas, lié aquí la ocasión mas oportuna para dar una base liberal al gobierno de América.

¿ Qué gloria lua biera sido para Iturbide haber celebrado unos tra. tados, a los que nada hubiera tenido que añadir ni quitar el futuro Congreso !

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Cómo se habria este dado mil parabienes por haber tenido un digno patriota que le hubiera preparado un camino liberal por donde se hubieran podido conducir, sin los obstáculos, los cálculos, las.combinaciones que han tenido que superar para intentar siquiera remediar en parte los errores del plan de Iguala y tratado de Córdoba! Pero no es tanta gloria, no es el dulce encanto de la virtud, el que satisface á un alma criminal y baja. Quédese para el servil Iturbide la posesion del oro, el desahogo de las mas vergonzosas pasiones, la vanidad, la soberbia, el narcótico incienso de los aduladores, el encorbamiento abatido de los cortesanos envilc. cidos; recréese puerilmente con tan mezquina corona, que el inmarcesible laurel de la verdadera

gloria de la patria, solo está reservado á sus li. bertadores, Washington y su ininortal iinita for Bolivar. Si él hubiera tenido algun sentimiento Americano, habria revocado al tratar con (-Donojú, el plan de Iguala. La utilidad y la razon lo desaprobaban hasta la evidencia. La razon, porque en el mismo hecho de no haber sido jamas admitido del gobierno de Mégico, ni aun oido siquiera, ya estaba Iturbide libre de la obligacion de cumplirlo. Nadie duda que la transacion que celebrara entre los independientes y el gobierno, era un contrato bilateral; es decir, que obligaba á otrambos contrayentes : por lo mismo, si alguno de ellos no aceptaba las condiciones del contrato, el otro de ninguna manera quedaba obligado á cumplirlo. 'El gobierno, en vez de ceder por su parte, no solo no admitia las condiciones que le proponian, sino que en todo obraba contra ellas, no perdonando ocasion de hostilizar a los indlependientes, y de causarles con la opinion y con las armas cuantos daños podia. De lo mismo se deduce la inutilidad del plan para evitar la guer. ra. Iturbide, por mas que le engañe su amor propio, conocerá que la guerra se evitó por la generalidad de la opinion, en cuanto a la independencia ; pero de ningun modo por condescendencia del gobierno. Luegó si la guerra sc evitó por:

la misma opinion, ¿cual era la utilidad del plan? La única que podia haber surtido, era que el gobierno admitiese las ventajas propuestas que en el se hacian a la España, y abandonase enteramente las hostilidades y la guerra ; pero si esto no se conseguia, será necesario confesar que el plan era enteramente inútil. Iturbide nada ha hecho por la independencia: cualquiera otro que hubiera dado el grito, hubiera tenido el mismo resultado, porque estaba tan generalizada ya la opinion de ella, que á manera de torrente llevaba en su curse á todas las fuerzas del gobierno Español. No se necesitaba ni genio ni talento para seguir la favo rable corriente. Cuando se necesitaba una cabeza superior y un hombre de superior genio, fué cuando dió el grito Hidalgo ; entonces fué necesario crear todo, y hasta la misma opinion : el que hubiera entonces conseguido la independencia, hubiera merecido el puro homenage de la posteridad. Ni se diga que la opinion del pueblo estaba generalizada en cuanta al plan, y que por lo mismo era necesario sostenerlo. Esta es una impostara manifiesta. Ya he dicho las diversas consideraciones que esparciéron los serviles, ó que tuvieron los liberales para sobrellevar el plan en sus prin. cipios. Todo Mégico viendo el pésimo porte del gobierno, estaba esperando de momento á momen

to que Iturbide se valiese de cualquiera oportunidad de las muchas que aquel le proporcionaba en su conducta para revocar el plan. En una palabra, este era soportado á mas no poder. Daró una prueba convincentísima de ello. La llegada de ()- Donojú alarmó á todos los Megicanos: shponian que por medio de él intentaria España usar de sus mas finas intrigas para volver á la América los grillos de que ya estaba libre. Juzgaban que esta era la ocasion mas oportuna que se podia presentar á Iturbide para echar por tierra el plan de Iguala, sin comprometer su honor ni su palabra, haciéndole ver al nuevo virey la conducta del gobierno : por lo mismo esperaban con ansia en Puebla, que tornase Iturbide de la entrevista con 0-Donojú, creyendo que el resultado seria el rompimiento absoluto de todo vinculo con España. Es de advertir que el pueblo de aquella ciudad es el mas fanático que hay en el imperio : doininado por el estado eclesiástico des. poticamente, y por su obispo Perez, que tanto por las adulaciones que este prelado tributó á Itur. bide, como por el prestigio que ya este habia adquirido, estaba idolatrado de aquel pueblo con el mayor entusiasmo.

Pues este mismo tan adicto suyo se juntó delante del palacio episcopal, luego que llegó Iturbide de tratar con 0. Donojú, en la noche del 28 de Agosto del año pasado, y como

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