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ya se habia sabido la amistad y union de este con aquei, y ia sustancia de los tratados, comenzaron á gritar con la mayor exaltacion : viva el Señor Iturbide.

Otra de las razones que da Iturbide y sus partidarios, para sostener la necesidad del tratado de Córdoba, es el haber evitado por este medio el derramamiento de sangre en Mégico, caso que no capitulara, sino que hiciera resistencia. Bé aquí una especiosidad: léase el manifiesto de 0-Donojú, y se verá en él las tristes circunstancias en que se hallaba el gobierno Español, al que le era imposible fisica y aun moralmente resistir. * En él se verá que el espíritu público estaba pronunciado y decidido : que todas las provincias Jabian proclamado la independencia : que todas las plazas habian abierto sus puertas : que el egército constaba de 30,000 hombres de todas armas, regimentados y disciplinados ; y para no cansarme, que la independencia ya era indefertible, sin que bubiesc fuerza en el mundo capaz de contrastarla. Consideraciones todas que hicieron que (Donojú jamas pensase en que podria sacar de la entrevista con Iturbide partido ventajoso para España, y ¿aun todavia se querrá persuadir á los Americanos la necesidad de sostener el plan de Iguala, para no malograr la independen

. Véase la nota 9.

cia? Hablen sin preecupacion los alucinados, y digan si la rendicion de Mégico fué mas bien obra de la imposibilidad de resistir, que de las persuaciones de 0-Donojú. El gobierno hizo cuanto pudo para sostenerse, hasta que ya no pudo mas. Es verdad que las persuaciones de 0-Donojú evitáron acaso que algunos realistas entusiasmados hubieran intentado resistir á toda costa ; pero tambien era de esperar que estos, por mas entusiasmados que se supongan, hubieran cedido á la ruina evidente que les amenazaba sin ninguna esperanza, á no ser por milagro de evitarla. Digan los mas ciegos preocupados á favor de Iturbide si creen de buena fé, á tener el gobierno fuerza suficiente para resistirle, hubiera cedido á las instancias y consejos de ()- Donojú ? A mas de que aun cuando hubiera sido necesario derra. mar alguna sangre para tomar á Megico, revocado el plan de Iguala, debia haberse preferido este medio, si se deseaba la completa felicidad do América ; pues se la proporcionaba en un todo, y no á inedias, con la capitulacion de Megico, sos tenicudo la validez del plan.

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Llegada de Iturbide á Azcapotzalco, y

medidas que empezó á tomar para su proclamacion.

Despues de los tratados de Córdoba partió Iturbide al sitio de Mégico, que ya se puso en toda forma. Se situó en el pueblo de Azcapotzalco, y desde allí comenzó á maniobrar en la toma de la capital por medios suaves y de política, y no do hostilidad. Aquí es donde comienza la época de la ambicion de Iturbide, ó por mejor decir, donde comenzó á declararse con las ideas de ser emperador. Algunos políticos fijan desde entonces esa época : otros la fijan en Puebla, estimulado con los inciensos y las bagezas del obispo Perez y del pueblo : otros la hacen mas antigua ; y en efecto, en la hacienda de S. Martinito, cerca de Puebla, donde hizo una corta mansion Iturbide, antes de entrar á dicha ciudad, dijo un amigo suyo á un sugeto veridico : hé aqui la emperatriz de América, señalando á su muger ; y añadió, porque ¿ qué hará la Nueva-España con hacer emperador á quien tanto ha trabajado por ella? Todo puede ser ; pero lo cierto es, que en el referido pueblo de Azcapotzalco fué donde se comen. zó á desplegar con claridad. Los intrigantes

aduladores de Iturbide trabajaron en seducir mucha parte de la tropa, con el fin de que a la entrada de Mégico lo proclamasen emperador. Iturbide trabajaba por su parte todo lo posible para hacerse favoritos. Tanto á Azcapotzalco como á Tacubaya, villa á casi igual distancia de Mégico que aquel pueblo, y donde despues trasladó su residencia, lo fueron á ver todos sus conocidos, amigos y muchos aduladores, empleados egoistas, con el fin de conseguir colocaciones, ó no perder sus destinos. Ya se supondrá que tanto estos como aquellos se prostituían hasta el último grado de abatimiento, apoyándole y fomentándole sus ideas, con el fin de congraciarse con él, y conseguir cada cual sus pretensiones.

Instalacion de la Junta provisional.

Entre el humo de estos inciensos, entre los perversos consejos de estos aduladores, nombró Iturbide despoticamente, sin contar mas que con su voluntad propia, una junta provisional que gobernara mientras se instalase el Congreso. Esta junta se componia de sus mas adictos aduladores, de los hombres mas ineptos, ó mas corrompidos,

mas ignorantes ó mas serviles ; en fin, y de la gente mas odiada ó desconceptada de Mégico : el celeberrimo obispo de Puebla Perez, á quien mandó llamar con este obgeto, el Ldo. Azcarate, el ex-inquisidor Monteagudo, y otros poco mas ó ménos de la clase de los espresados. Es verdad que entre ellos mezcló uno ú otro de sus desafectos, y nombró á D. José María Fagoaga, hombre de honor, de riqueza, de talento, de instruccion y de mucho concepto, como verdadero patriota liberal, á quien siempre ha reputado por su enemigo, con el fin de aparentar imparcialidad ; pero todos los hombres de discernimiento conocian esta hipocresía ; pues habiendo elegido la mayor parte con escesiva ventaja de sus favoritos, y siendo él presidente de la junta, claro está que las votacio. nes saldrian siempre á su gusto y contemplacion.

Instalada ya la junta, todavía estando él en Tacubaya, antes de haber entrado en la capital, y evacuada esta de la tropa que capituló y debió marchar inmediatamente para España, se determinó la entrada solemne en Mégico para el dia 27 de Setiembre del año pasado.

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