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que pueda sorprendernos, lo consigan en adelante: vigilancia, pues, conciudadanos, y no nos degemos seducir con alhagüeñas esperanzas ; no hay enemigo débil : unámonos, y serémos invencia bles : tengamos virtudes, y nos respetarán : seamos tolerantes é indulgentes, y nos amarán aun aquellos que maquinan arruinarnos. Cuando hablo de union tengo presente que es una de las bases del gobierno que jurasteis. Las faltas, ó llamémosles por su nombre, los delitos de algunos no alteren la opinion de otros : no cometamos tal injusticia. Los Europeos que están entre nosotros son nuestros amigos, han dado pruebas inequívocas de su liberalismo, y de su adhesion al imperio ; ellos ocupan dignamente lugar en nuestro Congreso, en nuestro egército : nos son conoci. dos su valor y su sabiduria : somos unos, y conviene que lo seamos. Me distinguisteis con viies. tra confianza, y en prueba de mi gratitud os acon. sojo con el mismo interes que a mis hijos: me disteis autoridad, y para manifestaros que vuestra eleccion no la desmerezco, debo preveniros : quc habrá suplicios para el insensato que en un accidente encuentre el motivo de alterar las bases del gobierno. Repito que los buenos Europeos son nuestros verdaderos amigos, y que deben ser tratados como tales, ó decidirse a sufrir el rigor de

las leyes el que se opusiere á esta garantia. EI Congreso la juró, y S. M. sabrá sostenerla. Mégico 3 de Abril de 1822.-Iturbide.

Reflexiones que nacen de la anterior

Proelama.

Bien se echa de ver en esta proclama, que cuidadosa y artificiosamente se deja traslucir una situacion peligrosa para la patria, a pesar de la confianza que su autor trata de inspirar en sus medidas. Sin embargo, quieren decir mucho en boca de un hombre que debia tener conocimiento del estado actual de Mégico, aquellas enérgicas espresiones : „ no estamos, sin embargo, en el „ caso de abandonarnos ; tal vez si hasta ahora „ nada han discurrido que pueda sorprendernos, „ lo consigan en adelante : vigilancia, pues, ciu,, dadanos, y no nos degemos seducir con alha. „ güeñas esperanzas; no hay enemigo débil : „ unámonos, y serémos invencibles : tengamos „ virtudes, y nos respetarán : seamos tolerantes „é indulgentes, y nos amarán aun aquellos que „ maquinan arruinarnos.” Comparemos esta proclama con el discurso pronunciado por Itur

bide en la instalacion del soberano Congreso, y verémos el diverso espíritu que reina en este y en aquella. Justamente debia preguntársele : į tau presto se ha alterado aquella total quietud en quo estaba la nacion hace un mes ? De donde han venido esos enemigos interiores y esteriores, que entonces no habia ? En este tiempo muchos Españoles se han ido, y ninguno ha venido : las ideas liberales se han difundido, al paso que las serviles sofocado ; debe por lo mismo ser mas corto que ahora un mes el número de enemigos ya interiores, ya esteriores ; pero aun suponiendo que todo estuviese en el inisino estado que entónces, ¿por ventura aquellos 300 Españoles se han convertido en 300,000 por una metamorfosis como la de los mirmidones ? Los poquísimos Megi. canos de equivocados conceptos se han tornado en muchísimos ? Pues si nada de esto es, ¿por qué entonces inspirarnos seguridad, por que ahora desconfianza? ¿por qué entonces debiamus permanecer tranquilos? ¿por qué ahora vigilantes ? La razon es obvia : porque antes le convenia á Iturbide de aquel mudo, y ahora de este.

Continúa la tentativa para coronar se Iturbide, y malas resultas que tuvo.

Esta proclama no fué mas que el diseño de lo que aparentó y ponderó en el Congreso. Alli presentó á la nacion esperando ya el último momento de su ruina, exigiendo del Congreso un pronto y eficaz remedio. Su proyecto ese dia era indisponerlo contra los Españoles, con el obgeto de

que los republicanos se exaltaran ó intentaran echar por tierra el Plan de Iguala y su tercera garantia : y que los borbonistas, por llevar adelante su sistema, sc opusieran á ellos. En esta discordia clamar él : que en unas-circunstancias tan críticas el Congreso estaba dividido, y esta division daria lugar á que no se acudiese al peligro eminente y cierto que amenazaba a la patria ; y que por lo mismo, él por salvarla reunia en sí toda la faculdad, como ántes cuando hizo la independencia, pues así lo requeria el honor de la nacion y la causa de la libertad. Si el Congreso convenia, conseguia él su intento, que era tener el mando absoluto, y si no convenia, lo obligaba á hacerlo, valiéndose de la fuerza bajo la capa de aquel especioso pretesto, y de aquella conspiracion de Españoles que él mismo habia premedi

tado y egecutado, para conseguir la corona. AT intento previno su tropa favorita, redobló con parte de ella misma la guardia del Congreso, dando por causa que asi prevenia cualquier atentada que intentasen hacer contra él los conspirantes que estirviesen dentro de Mégico, de acuerdo con los capitulados. Ya habja tenido cuidado de echar fuera de Mégico toda la tropa adicta al Congreso: y la noche anterior, entre la que salió á las once contra los levantados, al regimiento de la columna, el último que habia quedado de aquella clase. . No obstante todas estas medidas, se le frustró så empresa este dia. Encontró en el Congreso mas calma que la que se suponia para hacerlo exaltan La primera providencia que tomó fué impedir que Iturbide se presentase como simple particular, x. mandar viniese con la Regencia que entonces co, mo presidente del poder egecutivo, podia esponer lo que tuviese por conveniente. Vino la Regencia y entró Iturbide con ella : los diputados comenzáron á informarse de las ocurrencias actuales, y encontráron á todos los regentes enteramente ignorantes, no solo con respecto á lo que pasaba de los movimientos de los capitulados, sino aun de las medidas que Iturbide habia tomado para corregirlos. Se.mandó llamar á los ministros, principalmente el de guerra, para que informase so

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