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cion de mi persona, la ruina de mi familia, la muerte de varios individuos de ella, y lo que me afligia haber hecho la desgracia de una porcion de mis amigos, que quisieron acompañarme desde la Península, uniendo su suerte á la mia : todos estos sufrimientos al fin harian mi sensibilidad como hombre privado. Pero al reflexionar que era una persona pública, que habia merecido la confianza del monarca ; que este habia puesto á mi cuidado la parte mas rica y mas hermosa de su monarquía ; que carecia de arbitrios para corresponder a su preciosa confianza ; que tenia so* bre mi los ojos de la Europa, y del mundo entero; que mis dilatados servicios iban á estrellarse contra un escollo invencible ; y que no podia ser útil á mi patria, única ambicion que siempre he conocido, mi valor desmayaba, y hubiera preferido no existir á respirar abrumado á tan enorme pesadumbre.

Todas las provincias de Nueva-España habian proclamado la independencia. Todas las • plazas habian abierto sus puertas, por la fuerza ó por capitulacion á los sostenedores de la libertad. Un egército de 30,000 soldados de todas armas, regimentados y en disciplina : un pueblo armado, en el que se han propagado portentosamente las ideas liberales, y que recuerda la debilidad (que

ellos le dan otro nombre de sus anteriores gobernantes ; dirijidos por hombres de conocimientos y de carácter, y puesto a la cabeza de las tropas un gefe que supo entusiasmarlos, adquirirse su eoncepto y su amor, que siempre los condujo a la victoria, y que tenia á su favor todo el prestigio que acompaña á los héroes : las tropas Europeas desertándose á bandadas, que se presentaban á pedir partido y se les concedia, lo mismo que bacian los oficiales siguicndo el egemplo de sus gefes : quedaba Veracruz, Acapulco y Perote, pero este habia cupitulado entregarse luego que lo hiciese la capital ; y la primera sin fortificacion capaz de sufrir un asedio, desguarnecida, con mil partidarios de la independencia en su seno, y en oposicion los intereses de su vecindario. Restaba aun Mégico, ; pero en que estado! El virey depuesto por sus mismas tropas : estas ya indignas, por este atentado, de ninguna confianza : su número que no pasaba de dos mil quinientos Europeos y otros tantos entre veteranos, provinciales y urbanos del pais; y sitiado desde el momento que pisé la tierra, sin correspondencia en lo intc. rior, sin víveres, sin dinero : las provincias en el desórden que es consiguiente á una guerra intes. tina de esta naturaleza, por la falta de brazos para la agricultura y las artes, estando empleados tour

dos en llevar las armas, y con ellas desastres y devastacion. El comercio paralizado ; los caudales de los Europeos, que ascienden á muchos millones de pesos, detenidos en Mégico, algunos que conducia una conducta considerable, repartidos en el reino los demas; y sin posibilidad unos -ni y otros de llegar á manos de sus dueños, quedando así arruinadas las fortunas de mil familias opulentas de este y aquel continente : ruina de que se resentiria la España por siglos.

En tal conflicto, y sin instrucciones del gobierno para este caso, ya me resolvia á reembarcarme dando la vela para la Península. Empero, me dolia dejar adandonadas á la suerte dos grandes naciones, y revolvia sin cesar en mi imaginacion mil ideas, sin poder fijarme en ninguna. En el partido de la negociacion solia detenerme, inas i que confianza podia alentarme de conseguir alguna ventaja para mi patria! ¿Quién ignora que un negociador sin fuerzas, está para conve. nirse en cuanto le propongan, y no para proponer lo que convenga á la nacion que representa? Sin embargo, quise probar este estremno, y al efecto preparé los ánimos con mi proclama de 3 de Agosto, que hice correr venciendo dificultades. No se oyó con desagrado, aunque se satirizó mordazmente por algun periodista : y luego que me pareció habria circulado, envié al primer gefe det egército imperial dos comisionados con una carta, en que le aseguraba de las ideas liberales del gobierno, de l'as paternales del rey, de mi sinceridad, y deseos de contribuir al bien general, é invitándole a una conferencia : recibí otra del mismo gefe, que al ver mi proclama me dirijia tambien comisionados para que nos viésemos. Repito, que jamas pensé en que podria sacar de la entrevista partido ventajoso para mi patria ; pero resuelto á proponer lo que, atendidas las circunstancias, tal vez no se consiguiese, á no sucumbir jamas á lo que no fuese justo y decoroso ; ó á quedar prisionero entre los independientes, si faltaban a la buena fé, lo que por desgracia es y ha sido siempre tan frecuente ; sali de Veracruz para tratar en Córdoba con Iturbide. Ya este estaba prevenido por sus comisionados, que tuvieron cuidado de formar apuntes de mis contestaciones, de las bases en que era preciso apoyarse para que pudiésemos entrar en convenio : habialas examinado, y consultado tal vez cuando llegó el caso de vernos. El resultado de nuestra conferencia es . haber quedado pactado lo que resulta del número 1o, copia de nuestro convenio. Yo no sé si hè acertado ; solo sé que la espansion que recibió mi alma al verlo firmado por Iturbide en representas

cion del pueblo y egército Megicano, soto podrá igualarla la que recibia al saber que ha merecido la aprobacion de S. M. y del Congreso. Espero obtenerla cuando reflexiono que todo estaba perdido sin remedio, y que todo está ganado; ménos. lo que era indispensable que se perdiese algunos meses antes, ó algunos despues.

La independencia ya era indefectible, sin que hubiese fuerza en el mundo capaz de contrarestarla : nosotros mismos hemos esperimentado lo que sabe hacer un pueblo que quiere ser libre. Era preciso, pues, acceder á que la América sea reconocida por nacion soberana é indlependiente, y se llame en lo sucesivo Imperio Megicano.

El gobierno monárquico constitucional modi. ficado es el mejor que la política conoce para los paises que reunen á poblacion y estension consideTable, cierto grado de recurso de educacion y de luces, que les bace insufrible el despotismo, al mismo tiempo que no tienen todas las virtudes que sirven de sostenimient, a las repúblicas y estados federativos : asi ne tuvo presente para dictar el artículo 2o.

Un pueblo que se constituye tiene derecho para elegirse el principe que ha de gobernarle. Esta eleccion es espontánea y libre, sin que pueda disputársele : y lo que vemos en la historia es,

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