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de la Península para sistemar su gobierno, durante la cautividad del rey, levantáron el grito de libertad bajo el nombre de Fernando VII., para sustraerse solo de la opresion de los mandarines. Se acercaron nuestros principales caudillos a la capital, para reclamar sus derechos ante el virey Venegas, y el resultado fué la guerra. Esta nos la hicieron formidable desde sus principios, y las represalias nos precisáron á seguir la crueldad de los Españoles. Cuando llegó á nuestra noticia la reunion de las Cortes de España; creiamos que calmarian nuestras desgracias en cuanto se nos hiciera justicia. ; Pero qué vanas fueron nuestras esperanzas, cuan dolorosos desengaños nos hiciéron sentir efectos - muy contrarios á los que nos prometiamos ! Pero ; qué decir, y en qué tiempo! Cuando agónizaba España : cuando oprimida hasta el estremo por un enemigo poderoso, estaba próxima á perderse para siempre: cuando mas necesitaba de nuestros auxilios para suo regeneracion, entonces .... entonces descu. bren todo el daño y oprobio con que siempre ali. mentan á los Americanos : entonces declaran su desmesurado orgullo y tiranía : entonces reprochan con ultrage las humildes y justas representaciones de nuestros diputados : entonces se burlan de nosotros, y echan el resto á su iniquidad: no.

se nos concede la igualdad de representacion, ni se quiere dejar de conocernos con la infame nota de colonos ; aun despues de haber declarado a las Américas parte integral de la monarquia. Horroriza una conducta como esta, tan contraria al derecho natural, divino y de gentes. ¿Y qué re. medio? Igual debe ser á tanto mal. Perdimos la esperanza del último recurso que nos quedaba, y estrechados entre la ignominía y la muerte, preferimos esta, y gritamos : independencia, y odio eterno á aquella gente dura. Lo declaramos en nuestros periódicos a la faz del mundo; y aungue desgraciados no han corre-pondido los efectos á los deseos, nos anima una noble resignacion, y hemos protestado ante las aras del Dios vivo, ofrecer en sacrificio nuestra existencia, ó triunfar y dar vida á nuestros hermanos. En este número está V. comprendido. ¿Y acaso ignora algo de cuanto llevo espuesto? ¿Cree V. que los que en aquel tiempo en que se trataba de su libertad, y decretáron nuestra esclavitud, no serán benéficos ahora que la han conseguido, y están desembarazados de la guerra ? Pues no hay motivo para persuadirse que ellos sean tan humanos. Multitud de recientes pruebas tiene V. á la vista, y aunque el transcurso de los tiempos le haya hecho alvidar la afrentosa vida de nuestros mayores, no podra ser insensible á los acontecimientos de estos últimos dias. Sabe V. que el rey identifica nuestra causa con la de la Península, porque los estragos de la guerra en ámbos hemisferios le dieron a entender la voluntad general del pueblo ; pero véase como están recompensados los caudillos de esta, y la infamia con que se pretende reducir á los de aquella. Digase ¿qué causa puede justificar el desprecio con que se miran los reclamos de los Americanos sobre innumerables puntos de gobierno, y en particular sobre la falta de representacion en las Córtes ? ¿Qué beneficio le resulta al pueblo, cuando para ser ciudadano se requieren tantas circunstancias, que no pueden tener la inayor parte de los Americanos ? Por último, es muy dilatada esta materia, y yo podria asentar multitud de hechos que no dejarian lugar á la duda ; pero no quiero ser tan molesto, porque V. se halla bien penetrado de estas verdades, y advertido de que cuando todas las naciones del universo están independientes entre si, gobernadas por los bijos. de cada una, solo la América depende afrentosamente de España, siendo tan digna de ocupar el mejor lugar en el teatro universal. La dignidad del hombre es muy grande; pero ni esta, ni cuanto pertenece á los Americanos, han sabido respetar los Espa

ñoles. ¿Y cuál es el honor que nos queda dejáir donos ultrajar tan escandalosamente?. Me avergüenzo al contemplar sobre este punto, y decla-maré eternamente contra mis mayores y contem-: poráncos, que sufren tan ominoso yugo.

He aquí demostrado brevernente cuanto puede justificar nuestra causa, y lo que llenará de oprobio á nuestros opresores. Concluyamos, con que V. equivocadamente ha sido nuestro enemigo, y que no ha perdonado medios para asegurarnuestra esclavitud, pero si entra en conferenciaconsigo mismo, conocerá que siendo Americano ha obrado mal, que su deber le exige lo contrario, que su honor le encamina á empresas mas dignas de su reputacion militar, que la patria espera de V. mejor acogida, que su estado le ha puesto en las manos fuerzas capaces de salvarla, -y que ginada de esto sucediere, Dios y los hombres castigarán su indolencia. Estos á quienes V. reputa por enemigos, están distantes de serlo, que se sacrifican gustosos por solicitar el bien de V. mismo; y si alguna vez manchan sus espadas en la sangre de sus hermanos, lloran su desgraciada suerte, porque se han constituido sus libertadores, y no sus asesinos : mas la ignorancia de estos, la culpa de nuestros antepasados, y la mas refinada perfidia de los hombres, nos han hecho padecer

males que no debiamos, si en nuestra educacion varonil nos hubiesen inspirado el caracter nacio-nal. V. y todo hombre sensato, lejos de irritarse con mi rústico discurso, se gloriarán de mi resistencia ; y sin faltar á la racionalidad, á la sensibilidad y á la justicia, no podrán redarguir á la. solidez de mis argumentos, supuesto que no tienen otros principios que la salvacion de la patria, por quien V. se manifiesta interesado. Si esto inflama á V. ¿qué, pues, hace retardar el pronun.. ciarse por la mas justa de las causas ? Sepa V. distinguir, y no se confunda : defienda sus verda. deros derechos, y esto le labrará la corona mas grande : entienda V. que yo no soy el que quiero dictar leyes, ni pretendo ser tirano de mis semejantes : decidase V. por los verdaderos intereses de la nacion, y entonces tendrá la satifaccion de verme militar á sus órdenes, y conocerá á un hombre desprendido de la ambicion é interes, que solo aspira á substraerse de la opresion, y no á clevarse sobre las ruinas de sus compatriotas.

Esta es mi decision, y para ello cuento con una regular fuerza disciplinada y valiente, que á su vista huyen despavoridos cuantos tratan de sojuzgarla : con la opinion general de los pueblos, que están decididos á sacudir el yugo, ó morir : y con el testiinonio de mi propia concien

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