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como levanta el hombre, sin hacer reflexion, un brazo para resistir el golpe que se le tira. El amor que el pueblo de la jurisdiccion del cura Hidalgo tenia á su pastor, el concepto que este héroe se habia grangeado en muchas partes de la América, por sus rcomendables prendas, y aquela predisposicion que tenian los Americanos á creer de fé cuanto decian los eclesiásticos, y principalmente los curas, que eran árbitros de las opiniones de sus feligreses, produjo la reunion de mucha parte del pueblo á las miras de Hidalgo, á quien veneró hasta su muerte. Con estas ventajas se hubiera logrado desde entonces la allgusta independencia de la América septentrional, á no haberla atacado el enemigo con los mismos principios y con las propias armas. La inquisicion y los obispos prodigáron escomuniones, los eclesiásticos en los púlpitos y confesionarios publicáron, enseñáron, aconsejáron y esparciéron las opiniones mas erróneas. Hidalgo fué declarado herege, se prometió quemarlo en estátua si no se presentaba á ser juzgado por la inquisicion. No se presentó ; pero tuvo la desgracia de ser

preso, y su sentencia y muerte fueron verificadas con el aparato pantomimico con que hacia aquel tribunal todas sus ardientes egecuciones y operaciones fantasmagóricas. Los pocos hombres ilustrados que tomáron partido, hicieron todos sus esfuerzos para contrarestar estas preocupaciones ; pero el mal estaba muy arraigado, y bastante consiguieron con baber mantenido once años el fuego de la revolucion como la sagrada llama del altar de Vesta, sin que llegara nunca á estinguirse completamente. La idea que por entónces debian formar las naciones de nuestra lucha, era pronosticar la guerra y la anarquía por algunos años, hasta que radicadas las luces en América, con motivo de las mismas cuestiones políticas y morales, que ocasionaba la guerra, apareciese un genio superior, ó un verdadero héroe, que reconcentrando todas las opiniones, reuniendo todos los ánimos, y presentando la gran cuestion de América bajo su verdadero punto de vista, venciese todos los obstáculos que se opinian al establecimiento de la independencia y al triunfo de la libertad.

Consideremos ahora el vasto territorio de Mégico al tiempo del grito de Iguala, veamos cual era la idea que debian formar las naciones de su nueva revolucion. Nadie dudará que las esperanzas mas lisongeras debian presentarse á cualquier politico. La América ilustrada no solo con la doctrina de tanto libro como ha corri. do en ella desde el establecimiento de la Constitucion Española, sino lo que es mas, con el egemplo que le daba la Península en la lucha que sóstenia la parte liberal contra la servil, debió haber producido en ella el resultado mas grandioso en favor de su libertad. Los sabios sistemas publicados en Europa por talentos raros, y que allá no han podido brillar prácticamente en todo su esplendor, por las góticas, trabas políticas con que se halla ligado cada reino, vendrian á verificarse aqui en toda su plenitud. Ni invasiones de potencias vecinas, ni pretensiones de testas coronadas prepotentes, ni pactos de familia, ni relaciones de comercio ; en una palabra, nada tenia que combinar la América para darse la mejor forma de gobierno conocido, roto una vez el débil y mor

tífero lazo que la unia á la España. Quedaba entonces política y naturalmente libre é independiente, señora absoluta de sí misma, y árbitra de su destino.

Qué feliz orasion se le presentaba para haberse constituido bajo los principios mas estensos de las teorías del liberalismo descubiertas, esplicadas y desarrolladas por Montesquieu, Mably, Filangiery, Benjamin Constant, Franklin, y Madison !

¿

Quien podia figurarse que se malograria tan feliz instante, único que se puede ofrecer a una nacion en una larga série de años ? ¿Quien ha frustrado las lisongeras esperanzas que la independencia de Mégico hizo concebir á todos los liberales del mundo civilizado ?

¿

Cómo y de qué manera ha desaparecido de aquel hermoso suelo la naciente libertad ?

Este es un problema de muy dificil solucion para los que no han podido seguir exactamente el curso de la revolucion Megicana. Para que cada patriota pueda juzgar por si este gran acontecimiento, me he propuesto r ferir los hechos desde el grito de Iguala hasta la proclamacion imperial de Itur

bide. Mi obgeto no es denigrar á nadie, solo busco la verdad : cuanto voy á referir está apoyado en las relaciones de las personas mas ilustradas y mas fidedignas de Mégico, que han hecho un gran papel en esta época, en documentos auténticos que no se pueden poner en duda, y en hechos que yo mismo he presenciado, quæque ipse miserrima vidi.

La utilidad que pueda ofrecer este ligerísimo bosquejo, será una coleccion de proclamas, papeles del gobierno y discursos efímeros, que indican las huellas de la senila oculta que ha seguido la mas descarada ambicion, para llegar a sus fines : por lo mismo que es tan fácil al supremo poder recoger, destruir y aniquilar estos vergonzosos documentos, y lograr de este modo rodear de confusion y tinieblas el criminal origen de sa usurpacion ; es preciso multiplicarlos, reproducirlos y publicarlos, para seguir la série de los hechos, y reconocer el principio legitimo ó ilegi. timo de la autoridad suprema. Desde que existe la admirable invencion de la imprenta, y un pais como el de los Estados Unidos, en donde la liber

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