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había hecho de los principios republicanos en el Nuevo Mundo, no era un hecho aislado; que era la consecuencia de ana gran revolución de ideas que se habia apoderado del mundo, de la civilización cristiana, cuyo primer fruto era la República de los Estados Unidos del Norte, la fundación de la cual habia producido grandes resultados en Europa, haciendo brotar la revolución francesa que habia conmovido al universo entero: le habló de las instituciones de Inglaterra, como una lumbrera de la civilización, y de donde halHan salido las instituciones de la repiiUlica modelo; y que era mas fácil aclimatarla» en el suelo vírjen de la-América, que traer á ellas simulacros de monarquía, en donde no habia el elemento aristocrático sino en caricatura "¿ Qu¿ son á los ojos de usted jeneral, le dijo, esos "condes y marqueses de Lima y los de México, u cuyas grandes fortunas reunidas no pueden ser "■ suficientes para establecer la aristocracia de una "corte?—No hablaré á usted de los títulos de cas"tilla en Venezuela, Nuevo Reino de Granada, Chi"le, Guatemala y Buenos Aires, por que son tan "pobres que no pueden dar una comida aun prín*' cipe; y basta saber que para ir á sus estados, si u' así pueden llamarse sus haciendas, tienen que caa balgar eíi tina mulá, ó en nn caballo mal doctrina"do, armados de polainas ó zamarros, con úná manta u f sombrero de paja con funda da¡hule, aguisa ". de mayordomos ; de sus mismas propiedades.^— "NohaipueSj mi quejido jeneral; elementos de

"monarquía en esta tierra de Dios—Deje usted que

i se forme la república, y ella producirá dignidad

"en el hombre; se crearán necesidades y el hábito

"del trabajo para obtener el bienestar social; este

"producirá riquezas territoriales que traerán lain

"dustria comercial y con ella la inmigración de Ja

"Europa en donde falta tierra páralos proletarios

"y la encontrarán entre nosotros—Querer detener

"aljénero humano, no esposiole; y si usted consi

u guiera plantear monarquías en el Nuevo Mundo,

"su duración seria efímera; caerían sus reyes por

"sublevación de sus guardias de honor, para esta

"blecer la república; por que una vez difundida la

"idea, como lia sucedido entre nosotros, ella no se

"estingue—Yo convengo con usted que puede so

"brevenir una nueva revolución después de eonquis"

"tada la independencia, sino hai buen sentido para

i6~ la elección de majistrados—Grave y trascenden

"tal es la cuestión que hemos tocado; pero de difícil

"resolución cambiar el principio adoptado después

"de doce años de una lucha gloriosa, llena de

"ejemplos de abnegación y patriotismo—Ni nos

u otros, ni jeneración que nos suceda, veremos el brillo

"de la República (jije estamos formandoYo considero

"la América en crisálida; habrá una metamorfosis en la

u existencia física de sus habitantes; en fin, habrá wfl

"nueva casta de todas las razas que producirá la homo

"jeneidad del puebloNo detengamos la marcha del

u Jénero humano con instituciones que son exóticasy como

<l he dicho i usted, en la tierra virgen de América*"

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"J¡n (manto á pasar al Perú y tomarla dirección del ejército, el JÁbortador dijo que no podia hace1* ni una cosa ni Otra sin la autorización del Congreso; pero dejó entender con mucha claridad al jenerel San Martin, que si el ejército de Colombia entraba en los términos del Peni, él iria personalmente á su cabeza sin ceder á ninguno la dirección de la guerra."

"Quedaron pues resueltas las tres graves cuestiones, y la entrevista terminó."

"Al separarse, el Libertador preguntó á San Martin como estaba la opinión por su gobierno en Lima: San Martin contentó: satisfactoriamente.—Y bien, repuso el Libertador, á mi se me ha amargado el placer de haber visto á usted con la noticia de la revolución que habrá estallado á la fecha en Lima—¡ Cómo! dijo San Martin—Entonces Bolívar, sacando de la faltriquera una carta d*l teniente coronel-Juan María Gómez, secretario de la Legación de Colombia, se la dio á Sau Martin—Este la leyó: conoció la defección de sus propios Jefes, sospechó la caida de su Ministro y favorito Monteagudo y. el trastorno de Lima, y dijo—"si esto la sucedido, me iré á Eropa y diré un adiós eterno á la América del Sur."

En efecto, durante la ausencia del Protector, tuvo lugar una conmoción (28 de julio), escinda

por lo«' or.vosorp^ ?~-'1"'-;rV 'VJ ^^p^V** n?ÍT?t¿tto de estado dou ügaíautuo ^«..w;..:¿'^v>."

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"San Martin no permaneció en Guayaquil sino solo veinte y cuatro horas—Hubo fiestas* bailes, regocijos ;pero su espirítu no estaba para otra

cosa que para retirarse y abandonar la vida ptiblica que ya le hastiaba."

"Disimuló toda su amargura, y se embarcó para volver al Callao."

6l Guayaquil quedó unido á Colombia"

i i El Perú no fué monárquico"

iC Bolívar mandó las fuerzas que libertaron á los hijos del Sol"

"¿Qué partido quedaba á San Martin?"

"Llegó al Callao á las dos de la tarde del 19 de agosto y reasumió el mando el 21.

"El Protector del Peni sabia ocultar por una conducta reservada todo lo que no convenia á sus planes é intereses—En esta coyuntura fué modelo de prudencia, de desinterés y de consumada moderación." ■

"El Libertador juzgó al jeneral San Martin como debia juzgarlo: un hombre sin doblez y bueno. —Escribiendo al señor Peñatver desde Cuenca, le decia—"el jeneral San Maitin vino á verme á i( Guayaquil, y me ha parecido lo mismo que á los "que mas faborablemente juzgan de él, comoFran"cisco Rivas, Juan Paz Castillo y otros"-En efepto^ t San Martin no era hombre dof artificio—Teni%|toa3 sinceridad que astucia—Su semblante $$ iiaspiT íaba reselo, y su opinión la emitía con candor—

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Educado en España, hijo de español y poco conforme con las ideas republicanas, ereia, de mui buena fé, que podía gobernar un príncipe el Perú—No vino á Guayaquil, como^asienta el mas instruido Torrente, "á conferenciar con el revolucionario Bolívar sobre el modo de fundar para ambos dos monarquías en la América del Sur: ni se agrió el ánimo de los dos campeones, por que Bolívar aspirase al mando jeneral encubrieado todavía sus planes de regia ambición"—San Martin, partidario de la monarquía, no pretendía él ser rei; ni se imajino siquiara ofrecerle á Bolívar una corona; porque desde luego vio en aquella figura el ángel de la libertad—"El Libertador no <es lo que habíamos pensado por allá", escribía el Protectora O'Higgins; y en la entrevista sobre el Guayas no ocurrió otra cosa que lo que dejo referido—Bien lejosde haberse separado agriados aquellos dos campeones, Bolívnr estimaba á San Martin, y San Martin, entusiasta de Bolívar, le recordaba siempre con cariño."

"Es el señor Torrente .quien tiene el secreto de agriar el ánimo de sus lectores imparciales."

íío 8on estos dos los únicos expositores de la Entrevista de Guayaquil~iíú.xm tercero, que siendo edecán del jeneral/Bolf var, y á tnayor abundamiento, testigo de ella coMo él mismo lo declara, me coloca en el imprescindible deber de tomar en consideración.

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