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nes que había emprendido, y por que no habían tenido buen resultado sus primeros ensayos.*'

"El Libertador oyó al jencral San Martin con atención, y después que hubo desenvuelto su plan, concluyendo que juntos podrían llevarlo á cabo, y que él ( San Martin ) se pondría á sus órdenes con el ejercito que mandaba, el Libertador le contestó en un tono urbano, pero decidido—" que él no po6 dia sino continuar la línea de conducta que habia 6 observado en doce anos de absoluta consagración i á la causa de la libertad—Que jamás el doblaría 'la cerviz en presencia de un príncipe á quien ha'bia despreciado y ensenado á despreciar: que el c suelo vírjen de la América, tal fue su espresion, no 6 permitía otro gobierno que el republicano : que c comprometido su nombre y su fama con las ne'gociacion^s que habia emprendido para arrancar 'el poder-á la España, jamás daría un paso seme1 jante—En seguida le dijo: usted, jencral, so Ka perdido en este viaje. La agregación que ha decretado usted de algunas provincias de Buenos Aires al Perú, le ha enajenado á los mejores jenerales. Según las noticias que acabo de recibir del ájente confidencial de Colombia, el teniento coronel Gómez, el jencral Las Heras se ha sepa* 'parado del ejército por no traicionarlo, y los jeiic

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rales Al varado y Arenales no lo secundan á usted en sus planes. *l Yo creo que al llegar usted al Perú tendría que sofocar una revolución, porque el ministro que usted tiene no se lia puesto al frente de la opinión, sino que quiere fundar un sistema que no es ni de la época ni de las circuns

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(14) BastaLte eefaerzo rae ha castado resolverme á explicar al ganos puntos de esto trabajo, paro que no se llegase á creer que mi escrito se convertía en refutación de otra refutación: pero como alguno de mw lectores poco versado en los det tiles históricos de esp época, al ver el corto peí iodo de 'aesposicion, podría acaso entender que noestro ejército estaba f.narquizado ó relajada su disciplina, desde que se figura un desacuerdo entre los principales jeneralesy el Protector; he creído opoi tuno añadirle algunas explicaciones que aclarando el enigma contribuirán sin duda á Ja jenuina intelijencia de la alusión—El que leyere puede deducir fácilmente de ese pe«íodti, que en la hora ó dias próximos á marcharse S. Martin de Lima para Guayaquil, sucedía ó había sucedido la separación, del jen eral Las Heras y la decapcion de los de '-igual clase Al varado y Arenales—Pero no faó así—Las Heras solicitó su separación ¿el ejército siete mese* antee, . es decir, en diciembre de 1821, fundándose en razones bien diferentes de las que se a'udian en Guayaquil el 26 deja» lio de 1&¿2. Alvarad^, que sustituyera á este en el jer eraJato ep jefe del Ejército Unido, no eclo continuó sus servicios roieutras San Martin permanecía en el Perú; sino que en octubre de 1822 le confió la espedicion á Puertos ínterin* d<o*, la cual teimir/ó en enero de 1823 como es del domu io público—Arenales, continuó también sirviendo como c<mandante en jefe del ejército del centro, aun después 3 que San Martia hubo resignado -eu autoridad en setiembre de 1822, y solo hizo dimisión del puesto en febrero de 1823: con e1 aditamento de que o.-te en su carta dé despedida á Bolívar, 29 de agosto de 1822, le recomienda la persona de Arenales en loa téi minos mas honoríficos.

"tancias. Los colombianos lian aprendido á des"preciar á los reyes, y yo no dejaré de ser el pri"mer ciudadano de mi patria pai:a ser el último en "una farsa de monarquía "—Animóse tanto el Libertador durante unos minutos, que lo conoció, y concluyó con un pensamiento poco mas ó menos como este—"Jamas debemos usted y yo, jeneral, ser "otra cosa que republicanos, y el dia en que deje"mos de serlo, nos veremos solos y abandonados. "Mancillaremos la gloria de cien combates y pasa"rá nuestro nombre sin esplendor a la posteridad." "El jeneral San Martin respondió "—el tono decisivo y la fuerza de voluntad con que usted me habla, no me permiten liacerle algunas reflexiones, pedia llegará en que usted conozca que el modo de terminar la guerra es el que yo lie creído mas oportuno. La historia dará á usted ó á mi la razón—Vamos pues á hablar de otras cosas."

"Las tropas que hai en el Perú sin las q¡1ie usted manda, no son suficientes para destruir el ejército español—¿Podría usted dar mayor apoyo ?—¿Podría usted ir á tomar el mando militar del Perú ?— El Libertador contestó, que estaba íntimamente persuadido de la necesidad de auxiliarlo con los refuerzos que pudiera hacer Colombia; pero que ahora debían limitarse á los de la división que preparaba, la cuál,pondria á las órdenes del jeneral Juan Paz del Castillo, que le era un jefe conocido pues hábia servido á sus órdenes desde Buenos Aires ha&ta el Peni: que permanecería con todo el ejército en el su* do la república, para emprender opera ciónos combinadas sí el ejército realista tomaba de nuevo la ofensiva: pero que todo esto debía arreglarse por un tratado entre las dos repúblicas: y sobre el ultimo punto, de ir á tomar el mando militar del Perú, le manifestó que tendría mucho gusto de hacerlo, si la república se lo permitía y podia ausentarse sin que por ello sufriera el orden interior: y agregó, "el abandono temporal que usted ha hecho del Perú puede serle muí costoso, por lo quo he sabido, y considere cuan cauto debo ser para resolución de tamaña importanciaP

'" La conservación verso en seguida sobre otras materias de poca importancia política, y el jeneral San Martin trato de regresar inmediatamente á Lima, para evitar un desconcierto en sus operacio

nes."

"Juzgue el lector imparcial si puede decirse que Bolívar sacrificó sin trepidar su deber á sus intereses, como concluye el necrolojista en el capítulo que he impugnado con la sencilla narración de los sucesos."

"Al regresar San Martin al Perú encontró realizada la revolución, que había provenido no precisamente de medidas que hubiese tomado Monteagudo, sino principalmente, del disguto que tenían los argentinos de la desmembración del territorio de-Buemm Aires para agregarlo al Perú—El pensamiento de San Martin era formar una monarquía del antignoimperio de los Incas, y este proyecto era el que le hacia ambicionar la posesión del puerto de Guayaquílj en cuya adquisición trabajaban can emp^fío los jen erales Salazar y La Mar, y se creyó por muchos, entonces, que San Martin habia hecho osa marcha precipitada para apodenirse de Guayaquil, €on la escuadra de que disponia y la división del jeneral Santa Cruz—Cuando yo descubrí estas tendencias en un convite que me dio La Mar en aquel puerto, lo comuniqué inmediatamente al Libertador, y por eso se hizo seguir la división peruana por Cuenca al puerto del Naranjal, y la Colombiana ocupó rábidamente la ciudad—La Mar salió á encontrar al Libertador en su viaje para Guayaquil, y en San Miguel del Chimbóse finjió mui enfermo a Consecuencia de una lijera contusión, para entretener al Libertador y concluir sus planes de agregar Guayaquil al Peni: pero el Libertador conoció mui pronto la exactitud de mis informes al regresar al cuartel jeneral; dio sus órdenes en consecuencia para afirmar la consolidación de Colombia republicana, y no entró en sus miras segundar ni apoyar el proyecto de monarquía de San Martin—Y sin embargo, allá .eii las playas de Francia, un necrolojista, para embellecer la historia de un bravo jeneral, inventa lo que su imajinacion le hace parecer que m una,bp|la cualidad, y quiere realzar el mérito de un simple guerrero, echando una sombra sobre las .glorias de Bolívar." ."' : -\^ /''

;i;f'-/Supónigndo exactas las frases que copia ^¡articulista de una eart& de San Martin á Bt)U«fn« ¿qwé descubrimos en ellas?—Que San Martin conocía que

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