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"hombres que siifrió la división Canter ac, y entre ellos u 32 oficiales, algunos de los cuales fueron vistos en "la capital por los mismos negociadores"—Y Camba que fué testigo presencial, en el tomo 1 ° páj. 429 de sus Memorias, agrega: "En consecuencia mar"che el 19 de setiembre á Macas, el 20 al pueblo "de Purucliuco y el 21 á Huamantanga, continuanda u de tal modo la deserción en oficiales y tropa, que en "estas tres jomadas perdieron los españoles casi la u mitad de su infantería y algunos caballos. El cuerpo "de dragones del Perú que mandaba el teniente coronel u Camba, tuvo 7 oficiales y 35 individuos de tropa "desertados desde el valle de Carabaillo á Iluaman"tanga."

Yo liabria deseado ver documentos oficiales de uno y otro lado para formar un paralelo de. las pérdidas y ganancias en la partida, pe^o no siendo posible obtenerlos de la nuestra, por cuanto el general San Martin creo que ni vestijio lia dejado siquiera de sus combinaciones o designios como ya lo he insinuado, tengo que sujetarme á los de la contraparte-—Bajo de este concepto, para completar el cuadro de datos del 'suceso que vengo describiendo, hai que tomar ^n consideración el part^ que según Camba dirijió el general Canterac ál virei Lftserna, y el mismo que intercala por fragmentos en la narración de sus Memorias.

Asi pues, en la páj. 418 del citado tomo 1 ° acomoda un período de el, que dice— "Aseguro 4 V. E. que H imtropm mas aguerridas y mas ma^mhfermha km 66 ejecutado ni ejecutarán jemas con mas gallardía, orden u y precisión, los citados movimientos al frente del ejéru cito contrario"—Y en ese florido estilo sigue describiendo todas las evoluciones y pasos que hiciera en los diez días que permaneció en el Callao; mas al terminar la nota, porque necesariamente tenia que suceder, las ilusiones desaparecen sustituidas por lo veri-símil, y* con esa ingenuidad propia de los documentos oficiales, añade en la páj. 427:—

u Desde ese dia (18 de setiembre) me vi precisado "á abandonar la idea de volver al Callao,?/ me decidí u a alejarme cuanto antes de las inmediaciones de Zima; u pnes la mas inaudita y escandalosa deserción de mas de 30 oficiales y 500 soldados de diferentes cuerpos "de todas armas iba á exponer d un grande contraste "las fuerzas de mi mando. A la vista de aquel pueblo "recordaron estos infames los vicios en que habían vivi"do en él encenagados, y que tantos males ha traído á la "disciplina ele este ejército: compararon cobardes tan u abominables placeres con los trabajos que al repulsarlos u Andes podrían tener, y se abandonaron al mas detes"talle crimen, olvidando el honor y constancia que siem"pre ha distinguido á los soldados españoles" 3.

No me ocuparé délos comenfários á que da lugar el suceso y sus accesorios; ya por que no entran enripian-, qué me he propuesto; sea que el lector mía . _^*¿—-— • ♦

(2) Véase, Historia deliRevolu ion Hispano-Americana: por don Mariano Torrente, tomo 3? páj. 17o á 185 y Memoáas para la Historia délas Armas Españolas en el Perú, por el General D» Andrés Ga cia Camba, tomo Io, páj . 416 á 420

gran dificultad puede deducirlos, ó en fin, porque alargarían demasiado la esposicion de un acontecimiento que lie tocado solo como insidencia. Pasaremos pues adelante.

El tercero de los hechos indicados al principio, tuvo lugar en esos mismos dias de confusión y de zozobra, en que el gobierno, el ejército y el pueblo todo, estaban envueltos en una vorágine de sobresaltos y ansiedades que habian producido la presencia del ejército realista. El fué penetrado por lord Cochrane en el puerto de Ancón, y para ejecutarlo abandonó el bloqueo del Callao. Aunque el capítulo 8° desús Memorias páj. 184 á 201, edición de Lima, es dedicado puramente á este hecho, añadiré sin embargo^, algunos pormenores que el no contiene, por cuanto este es el origen de mi ida á Guayaquil, á ser testigo de lo que me he propuesto referir en el presente opúsculo.

Asi que se tuvo en Lima la primera noticia de la invasión del ejército real> ordenó el gobierno se despachasen al puerto de Ancón los fondos de la tesonería jeneral, los del tribunal del consulado (que era una especie de banco de hipoteca ó dé descuentos), el gran monetario de oro y plata déla caáa de moneda, como también las pastas de uno y otro metal que hubiese en depósito, cualquiera que fuera mi procedencia, para ser asegurados á bordo en precaución de fodo lance eventual ó fortuito que llegase á suceder, r?

Mas, con este depósito acaeció lo que el ¿mismo

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