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esto causa de que las contiendas públicas dejeneren en crueles enemistades personales, y se alejen los medios de reconciliación que ofrecen las relaciones privadas sostenidas por la cortesía.—Sigamos el hilo de nuestra historia."

tc Bolívar se puso en marcha desde Caracas con el' objeto de embarcarse para Cartajena, y venir de allí á Bogotá,—Al despedirse de la ciudad que lo habia visto nacer, dirigió á sus paisanos una de aquellas elocuentes proclamas, con que siempre habia cautivado la atención, mas en la cual dejó correr esprésiones que, siendo dictadas por el afecto local, eran sin embargo, injuriosas, no solo á Colombia, sino á toda la América del Sur, que debia á los colombianos su independencia.—Manifestaba Bolívar en aquella proclama, que todos sus sacrificios, todos sus esfuerzos por la eausa de la independencia, los habia hecho única y esclusivamente por la gloria de Caracas.—Así, destruía este hombre con una palabra, todos los panegíricos en que se le habia encomiado como el amante mas devoto de la gloria de su patria, y aniquilaba de un golpe los sentimientos de gratitud y admiración que habian nacido en nuestros pechos, cuando nuestra alma estaba impregnada de la idea consoladora de que poseiamos * un hombre en cuyo corazón temarnos todos igual cabida.—No: no era así, por confesión suya propia: ahí está el documento en los volúmenes publicados en Caracas."

"Precedido por esta proclama, se dirijia Bolívar á Bogotá—En Cartajena fué recibido con exajerados honores por su antiguo amigo el jeneral Mariano Montilla, que era comandante jeneral de Magdalena —Allí estaban con él los principales jen erales y jefes del ejército, y allí concertaron varios de los plañe que después se podían poner ejecución—Entre otros, tengo motivos para creer que se adoptó el de probar á ganar á los ciudadanos mas liberales, como Azuero, Soto y Diego Fernando Gómez, colocándolos en el ministerio; por que se creia, que sí estos hombre prominentes se hallaban en la administración con Bolívar, la reforma que Bolívar meditaba sería mas fácil—Digo esto, porque Soto me ha referido que él ha recibido la propuesta personal de aceptar el ministerio de relaciones esteriores la cual se le hizo á virtud de una carta del jeneral Heres, que acompañaba á Bolívar, en la cual encargaba á una persona residente en Bogotá que dice aquel paso—Desde que he sabido este suceso, he meditado deienidamente sobre las consecuencias que hubiera tenido la composición de un ministerio con aquellos hombres, y he pensado que tal vez hubieran resultado grandes bienes de que aceptasen—Diré las razenes que tengo—Bolívar, que en la guerra no siguió nunca sino sus conviciones y su jenío, y que debió á la superiodad de este y la fuerza de aquellas tan espléndidos é inconcebibles triunfos, era en el gobierno un hombre del todo indiferentes: sus ministros tenian grande influjo sobre su opinión— Ahí lo vemos variar sus medidas y matizarlas con U debilidad 6 la violencia, según el caráete de Jos

ministros que lo rodeaban—Solo las ideas mui grandes, como la confederación americana, y todo lo que se referia á estados ya formados y con garantías de porvenir, eran siempre suyas propias—Mas la organización de estos estados, las minuciosidades que aseguran la libertad, seguridad individual y el bienestar social; todo lo que forma al hombre piíblico práctico, era ajeno de él—Podia improvisar una república como la de Platón; lo probó en Angostura y en Bolívia—Pero cuando tenia que descender á conocer prácticamente el pueblo en que habian de plantearse las instituciones, no tenia la atención bastante para examinar, ni tino para acertar—La misma grandeza de sus concepciones lo cegaba sobre lo que no le parecía de igual magnitud; y no teniendo paciencia para ocuparse de lo que le parecía pequeño, sus ministros hacíanlo que juzgaban que pudiera haber llenado sus miras—Si hombres como Azuero, Soto y Gómez hubieran estado en el ministerio, tal vez, aprovechando esta disposición de carácter, hubieran dado á los negocios un jiro, que salvando las glorias del héroe de la borrasca en que iba poco á poco naufragando, librasen también á Colombia de los horrores que sobrevinieran—Mas yo juzgo así, después que la esperiencia dio á conocer la falta de jenio de Bolívar para el gobierno, que él confesó francamente muchas "veces; y aquellos hombres se resolvían á rehusar á tomar parte en la administración antes de conocer al hombre, y de tener este' dato para decidirse—No vieron entonces sino la in

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tención de asociarlos en la ejecución de una empresa criminal y loca; y su patriotismo, su honor y su firmeza les hicieron rechazar con desden esta idea degradante—No los culpemos: la patria ha tenido mucho que sufrir porque vieron así las cosas; pero sus honrosos motivos los justifican personalmente." "En Bogotá era tan contraria la opinión á las ideas del jeneral Bolívar, que en todas las ocasiones en que podía manifestarse, lo hacia de una manera inequívoca—Con motivo de la fiesta de Corjms, asistieron á un ambigú en casa del alcalde municipal todas las personas mas notables—Allí en los diferentes brindis que se propusieron, no hubo uno solo que no se dirijiese á manifestar la aversión con que era vista la dictadura, y los deseos por el triunfo de las ideas liberales—Hallábase entre los convidados el coronel Tomás Cipriano Mosquera, á quien tanto se había censurado por el acta de Guayaquil y comunicación con que la dirijió á Bolívar—Creyó que era aquella la ocasión de sincerarse; y tomando la copa, después de protestar de su firme decisión por los principios liberales, concluyó diciendo: "que si Bolívar llegaba á imitar á César, él sería Bruto."

"Mas tarde le vimos decir en La Nueva Era que el hombre á quien tantos elojios tributara, se estravió y se perdió, porque desconoció.el país que gobernaba, y quiso gobernarlo de una manera diferente que lo que exijía—Discúlpalo con que se engañó; pero si la ambición fué la causa, los pueblos no disculpan, sino que castigan, los que padecen esta clase de enganos—Cesar y Napoleón obraron también engañados por la ambición, y el primero pagó su engaño con veinte y tres puñaladas, y el segundo, con seis años de tormentos en Santa Elena. ¡ Débil espiacion por tanta sangre derramada i)or su causa!" 22

"El partido boliviano empezó por aquel tiempo éli Bogotá á defender por la imprenta las medidas de Bolívar—El mismo coronel Mosquera, con su primo Refael Arboleda, publicaron por algún tiempo un periódico titulado "El Ciudadano ", en el que combatían las publicaciones de la opinión, y tengo gusto en confesar que lo hicieron con la moderación debida—Este periódico tuvo poquísimo séquito y duró mui corto tiempo—Una que otra hoja apareció además de cuando en cuando; pero no recuerdo ninguna que deba mencionarse"

Hasta aquí el doctor González.

En los dias de la inauguración de la estatua del jeneral San Martin en la capital de Chile, abril de 1863, apareció un opúsculo biográfico titulado "el

(S2f El jeneral Paez en su Autobiografía^ tomo II., pajina 24, dice—" Si Bolívar consecuente con los principios que había I úbiicamerjte proferido, no hubiera hecho oposición á los deseos que su patria había con tanta solemnidad manifes» tado, sino se hubiese dejado arrastrar por algunos de sus amigo?, ha; ta el punto de amenazarla con una invasión á mano armada; Bo ívar habría muerto tranquilo en su patria y sería tal vez uno de los pocos hombres ilustres, que gozando las simpatías de sus compatriotas, murieron en la tierra que los vio nacer, rodeados de los teetigoa de su gloria."

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