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"Hacia fines de junio del mismo año 22 regresó de Quito la división del Perú, embarcándose en julio en los trasportes remitidos del Callao—Desde que el señor jeneral Bolivar entro en Quito, habia oficiado al protector del Peni ofreciéndole 4000 soldados colombianos si los necesitaba para concluir la guerra contra los españoles; y al mismo tiempo se dirijió oficialmente al gobierno de Guayaquil, pidiendo permiso para pasar por su territorio con aquella fuerza, ?/ dirijirseal Perú.—En su consecuencia, salió el señor comandante jeneral de armas, jeneral La Mar, con la contestación mas satisfactoria del gobierno, y encargado de felicitarlo á su nombre saludándolo como al ilustre héroe de la libertad de Colombia.— Este comisionado lo encontró en marcha con su ejército á pocas jornadas de la ciudad, y verificó su entrada solemne en Guayaquil el dia 11 de julio por la tarde."

Conocidos los notables fragmentos de la Memoria del coronel Rojas que acaban de leerse, voi á continuar ahora la narración de mis reminiscencias de esa época.

El dia que llegó á Guayaquil la noticia de la victoria de nuestras arma» en Pichincha, fué inmenso el regocijo público, y el gobierno lo festejó con salvas de los castillos y la escuadra, con iluminación jeneral y fuegos artificiales preparados de antemano.—Por nuestra parte le dedicamos una tertulia inprovisada, que por cierto fué de las sobresalientes, porque hubo una especie de competencia entre las señoras y caballeros que concurrieron á ella.

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¡■■.•. MI Sjde j-uniq llegó el parte oficial de la ImtalU de Pichincha» que por lo respectivo a la división del

iPel-UÍ) correspondía al jeneral Santa Cruz pasar al

tH^i^iatecrio de guemí en Lima.—Venia bajo cubierta &lj$nerai La Mar con encargo de que le diese dirqecion segurad su título, y se leyó en la mesa del ministro Salazar con todos sus anecsos. Los pormenores eran los mismos que acaban de verse en la Memarja del coronel Rojas, y ademas se encuentran publicados en las pajinas 61 á 08 del Álbum\ (h Ayaciicho.

Gomo veinte dias después llegaron hasta Guayacjtiil los jefes y oficiales realistas prisioneros en Pichincha, para trasladarse á España de conformidad á' lafc condiciones de la capitulación^—En esta ocasión cbñbcimos al mariscal Aymerich, jeneral Tolrá, coronel Aparicio y otros jefes, porque asistieron á

'.una de nuestras tertulias á que los invitó la asociación.—Entonces supimos también que Bolivar lialSia verificado su entrada a Quito el 16 de junio, por dos 6 trascartas quq se leyeron en la mesa del ministro Salazar—En ellas se relacionaban algunos pormenores de la recepción, y en particular un lance que tuviera lugpr en uno de los banquetes de esos días.— Y ¿íñ eriibargo de que antes lo he mencionado poi* incidencia, voi á permitirme repetirlo áqui, cóníó mas adelante lo haré con otros del mismer j&ie^O/ ya por ^e^'Í>ara nosoferos en el tretnpo eran de noí pequefía lignificación, ó Jncn porque complemenMi jlpL eró • nica débeteos cuarenta dias que immiimm^ j^niin denominado misterio.

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La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental,
Son letreros eternos que dicen
Aquí el brazo arj entino triunfo,
Aquí el fiero opresor de la patria
Su cerviz orgullosa dobló."

Afines de junio llegó á Guayaquil la escuadra del Peni, compuesta de las fragatas Protector (antigua Prueba), Venyanza y corbeta Alejandro—La mandaba el Vice-almirante, mariscal de campo don Manuel Blanco Encalada y fué despachada por el gobierno ele Lima como para convoyar la división Santa Cruz, que debía bajar de Quito á embarcarse en Guayaquil y regresar al Callao.

Por esos mismos dias corrió la noticia de que el jeneral Bolívar pasaría a Guayaquil; nueva que corroboró la llegada de cuatro ó cinco batallones de infantería y dos ó tres escuadrones de caballería, que por su orden habían hecho marcha directa desde Pasto.—Algunos atribuían la venida de estas tropas, á que las enviaría el Libertador para que se embarcaran de regreso á Colombia por Panamá; pero unos cuantos, dia§ mas revelaron que no era ese su verdadero objetó. — Ellas permanecieron en Guayaquil—No tardó mucho tampoco en confirmarse el viaje de Bolívar, con cuyo motivo la junta gubernativa mandó paramentar para hospedarlo la caíéa dt> la Aduana, que qiaeda sobre el gran paseo del Male* *•**—Simultáneamente se procedió también á otros preparativos para la recepción—Entre ellos sobresalieron un magnifico arco triunfal, como ele treinta pies de elevación, con tres pórticos, el que se erijió en el antedicho malecón, delante de los principales balcones de la casa—Fué pintado con elegancia y y decorado con trofeos y banderas; y en el entablamento de ambos frentes se leian las siguientes inscripciones en letras doradas—

EN EL DEL SUK

A Simón Bolivár,

Libertador, Presidente de la República de Colombia,

El Pueblo de Guayaquil.

En *:l Del Noííte

A Simón Bolívar,

Al rayo de la guerra, al iris de la paz

El Pueblo de Guayaquil.

Se construyó también como á cuatro ó cinco cuadra* al sur de la aduana, sobre la ribera del Malecón, un gran muelle provisional con una portada figui ando la principal avenida de la ciudad—Luego llegó un oficial conductor del itinerario de las marchas que haria el Libertador, fijando la última jornada en el pueblo de "Las. Bodegas de Babahoyo,"yel día 11 de julio el de su entrada a Guayaquil—El gobierno mandó que la escuadrilla, compuesta de once granjea cañoneras con colisas de á 24 y otras piezas de

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