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Loorgos y variados comentarios podrían ajerse de los conceptos y Hasta doble sentido que parecen revelar algunos periodos de la precedente nota, pero considerándolos inoportunos por su preterición, voi á proseguir lia narración de las ocuiTencias que siguieron, y que con la digresión han quedado interrumpidas.

Uno ó dos dias después del cambio de pabellones, la municipalidad ofreció al Libertador otro banquete y baile en la casa consistorial, que llamó la atención por la lujosa ornamentación interior y- exterior del edificio; la profusión y lucidez do la iluminación con varios trasparentes de mérito artístico, y los esquisitos manjares con que se cubrieron las mesas.

Asistieron á él Jas personas ya conocidas en los qne he decrito mas arriba, amen de algunos vecinos notables de la ciudad—En la reunión hubo otra animación y franqueza que en las anteriores, circunstancias que lució mas en los diversos brindis que se pronunciaron.

Antes de servirse el café, sufrí una lijera indisposición que me obligó á retirar, cuyo motivo privóme la satisfacción de presenciar el bailen—Sin embargo á otros compañeros que permanecieron, les oí decir al siguiente dia, que lutbia estado bastante alegre con < festivos, aunque no faltaron ciertos excesos de confianza ó libertades opuestas á la delicadeza social, ocurrido entre algunos subalternos de Colombia con señoritas de elevada clase y mérito: qué á no srer contenidos en tiempo, quizá Ijábriau prodi|#do

rios disgustos—Qup por lo demás, la reunión fué tan amena como agradable/habiendo terminado á lama

dragada.

ÍJn consecuencia de la comunicación de la Junta Gubernativa, el ministro Salazar dirijió una ñoía á la Sec retaría ¿el Libertador, anunciándole, que hablendo terminado la misión qué eii nombre del g^ bierno del. Perú había desempeñado cerca del de Guayaquil, como estado independiente, creia llegado el caso de .regresar á Lima, y en su virtud solicitaba él respectivo pasaporto para su persona, comitiva, la escuadra que debia trasportarlo—Al siguíente dia de recibidos estos papeles, fuimos en corporación á bacer nuestra despedida del Libertador y pedirle órdenes para el Peni—Todos Íbamos, por supuesto, en uniformo de parada, con las condecoraciones que cada uno disfrutaba—Bolívar nos recibió con atención y deferencia: liizonos sentar y preguntó á algunos su nombre, graduación, r>atria y otras cosas: y cuando su silencio nos indicó haber-satisfecho su deseo 6 curiosidad, nos paramos para salir y nos dio & todos la manó.

Desde ese día empezamos nuestras despedidas de las familias que nos habían honrado con su amistad; en cuyo acto algunas ele ellas manisfestancan un verdadero pesar por nuestra separación.--Hacina réfleccioneá sobre la. situación- violentó eti qué quedaban, por ¿os compromisos que algüíias babiáií contraido emitiendo opiniones opuestas á lab'del círculo dominante.—En verdad que tenían razón, por cuánto la efervesendia de lo»- partidos había llegado hasta producir escisiones entre parientes que temían serlesfunestas—.Finalmente, nuestra salida de Guayaquil causó sin duda impresiones ctiver-, sas /

Como lps oficiales del ejército libertador del Perú qwd pof entonces residimos en aquojla ciudad, habíamo% iestgjadq $qyi} una tertulia de baile .el triunfo de. J?ichiflehaj qb^eguiaclp eo?i otra al jen^ral 4ymericU y; o^ci^^spri^iqr^eiiros¡,4e P^pecillo, y celebrado con poinpaiejl $£p}( di^i de f nuestra patria; eonsiderTamps lójico decapar una demostración igual, álo^jefesy oficiales, de Colombia qn^ acababan de llegar. Tratamos el punto de una reunión y todos convinimos erjL que asi se hiciera, para lo cual formalizamos un escobe p^aJjoSi gastos de luces, etc., etc.

. ^laa Jiabiendo presenciado tantos episodios como ocurrieran desde el arribo del Libertador, temimos quo repitiese $lgnno semejante á los de las reuniones de don Bernardo Roca ó la municipalidad, que tyegase á comprometer nuestras reí aciones findivi

,(4,^tes—-Serenpvó con este motivo Íafprpposiciónen la mesa del ministro Saladar, procurando el mejor ^iciepto. Se cambiaron algunas ideas y reflqecioííés,

jy ,cpf)io, dicho fseñor i tuviese el pensamiéutp de of^ecpr á ^ol^yar un , banquete de despedida,

..qpedó. acordado (jue la invitación se le hiciera eii «Qi^br^ dpj^i^inistro y de nosotros^ afiaménao ele

. ai^st^ p&ttp p^ra la mayor abundancia v lucimiento dp la mesa, algunas cosas al subíerto de los postre».

El banquete se, realizo en la Legación, siendo el personal invitado el mismo que en los precedentes: y como él tenia lugar en la casa que habitaba el coronel Rojas, juzgó indispensable asistir para que no se notara su falta—-La iíiesa fué cubierta con profucion y esplendidez, no ocurriendo en los principios eireuntáncia que merezca mención especial—Pero llegada ía horU délos brindis, sé pronunciaron los dé etiqueta á; Colombia/ el Pertí, y las virtódfes ultinrmmente alicatadas, éon el éhthkiátfái¿ palri^ftcó qlife era del Wáso.!—Se habían áptiiiidb fa algunas copas, cuando el ÍPiíbertad^r1 p¿di<? 'la jiál&íí^ W flwtíjiy despnes de hacer üh!lütgáy í élotíüéftté difcfcittfso ala Independencia de la'América, téríñifttí dífciendoi-~ Brindó, ¿cñórcé^por que citando antes tf$moit id pabellón de Colombia en píMa de BktetióB Aires (aqui hixb una lijera Jiauba esgathiiidó; y agregó) dan&á ún abrazo de paz á'lós que con ídntoóaíor ¿omodecméi han sabidoéo$tewé? bs derechos denUbcHády eter¿tc.

Los a%eiitiitós qué ínos h&llatjamty* presentes, di óir talé& concepto* y fecotfdkr él - o tro brindis áí ^pie cóníéstóéii Quito;'el cbüiaiidaüte íLa^alfe, úúb éatfabianíoa úiiá ítífradá ée iftt^lijdfícia, püesK5dmó»subálternoá, en uií círculo* de ton alto» personajes, creímos qué ko iiós tocaba oíroroh-■< >-;* >U ,'.*\v.un.K íj.-í

Pero el cürónéP IÍOja¿ qúiféi su daáe y pdáiiipn ^eMllábá?fen'tiiiaé altó ¿sfei^ momento»? después piditf la paíatea- y éfr'otaré tír^isHd«rót^ sucesos ¿aafe feítiáreiibles°de muertte■ faistoiSa;?í léa>:él presente siglo,—Poco más ó menos $ijo: que tomada £or sorpresa la ciudad de Buenos Aires en 1806 por un ejército inglés, la reconquistó el coraje de su vecindario inesperto en el arte de la guerra.—Que invadida .segunda vez en 1807, por otro ejército Británico de doce mil hombres, fué tan heroica y esforzad^ su* defensa, que todo el mundo sabe que los rmoióy rindió en sus calles,^—Que el 25 de Mayo de 18lft^J^ueno^ Aires proclamo su emancipación del poder despótico de España, y ese grito sagrado resonó en toda 1$ América—Qto el 24 de setiembre de 1812, el general Belgrano con un puñado de soldados derrotó en Tucum&n un ejército realista de mas de tres mil hombres que el verei de Lima despachara á soíbbar la■■ revolución de Mayo—Que el tres de febrero de 1813) el general San Martin triunfó de los españoles en San Lorenzo.—Que el 20 de ese mismo mes, el general Belgrano alcanzó segunda victoria en Salta sobre otro ejército realista, rindiendo á discreción désete mi generalhaáta el último tamboi*.—Que en 20 de junio de 18114, el general Alvear después de un sitio de dos años, rindió pc>r capitulación Ja plaza de Montevideot-r-Que #1 25 de mayo de 1815, el general Arenales derrotó en la Flbridp. (Alto Perii) otro tsjÉmtiüq realista.-—Que habiendo Chile vuelto á^aer bojp^«fl despotiisniQ e&paflal Mpotubre d^alBlfl, $1 gbrié^Bsií¿]i(Lsíitkk lé jr^piw|ui$tó? s&jKberftid en j^a batdlacfa OM6¿htoeo el 12 4e febrero de-1817. Qiie hafeifciidp des^aeliado di vkei d#Liip^ tín segundo ejército á recuperar á Chile, el mismo San Martin lo destrozó el 5 de abril de 1818 en el llano Maipo,

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