Parnaso cubano, Volumen1

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Antonio López Prieto
M. de Villa, 1881 - 370 páginas
 

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Página 142 - Ser de inmensa bondad !, ¡ Dios poderoso !, a Vos acudo en mi dolor vehemente. . . ¡ extended vuestro brazo omnipotente, rasgad de la calumnia el velo odioso, y arrancad este sello ignominioso con que el mundo manchar quiere mi frente ! ¡ Rey de los Reyes !, ¡ Dios de mis abuelos !, Vos sólo sois mi defensor, ¡Dios mío.
Página 37 - Vio a la superstición más inhumana En ella entronizarse. Oyó los gritos De agonizantes víctimas, en tanto Que el sacerdote, sin piedad ni espanto, Les arrancaba el corazón sangriento ; Miró el vapor espeso de la sangre Subir caliente al ofendido cielo Y tender en el sol fúnebre velo, Y escuchó los horrendos alaridos Con que los sacerdotes sofocaban El grito del dolor.
Página 305 - Fue su conquista, y ella la afianza ; Diciendo al porvenir, como al pasado, Que sólo en ella la igualdad se alcanza, Pues son sus brazos la única balanza Donde pesan al par cetro y cayado. Allí también la omnipotente diestra Pesó el valor del mundo... ¡ oh maravilla, Que si del hombre la razón humilla. Su dignidad demuestra ! ¡ Sí ! pesó al mundo la eternal justicia.
Página 36 - ¡yo os saludo, fuentes de luz, que de la noche umbría ilumináis el velo y sois del firmamento poesía! Al paso que la luna declinaba y al ocaso fulgente descendía, con lentitud la sombra se extendía del Popocatepec, y semejaba fantasma colosal. El arco oscuro a mí llegó, cubrióme, y su grandeza fue mayor y mayor, hasta que al cabo en sombra universal veló la tierra. Volví los ojos al volcán sublime, que velado en vapores transparentes sus inmensos contornos dibujaba de occidente en el...
Página 33 - Al despeñarse el huracán furioso, al retumbar sobre mi frente el rayo, palpitando gocé...
Página 36 - ¿quién diría que en estos bellos campos reina alzada la bárbara opresión, y que esta tierra brota mieses tan ricas, abonada con sangre de hombres, en que fue inundada por la superstición y por la guerra...?
Página 142 - Vos, todo fenece o se reanima a vuestra voz sagrada ; fuera de Vos, Señor, el todo es nada que en la insondable eternidad perece, y aun esa misma nada os obedece, pues de ella fue la humanidad creada. Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia...
Página 307 - ¿Qué a tu dominio inmenso no sujetó el Señor? En cuanto existe hallar tu ley y tus misterios pienso: el universo tu ropaje viste, y en su conjunto armónico demuestra que tú guiaste la hacedora diestra. ¡Hablas! ¡Todo renace! Tu creadora voz los yermos puebla; espacios no hay que tu poder no enlace; y rasgando del tiempo la tiniebla, de lo pasado al descubrir ruinas, con tu mágica luz las iluminas.
Página 140 - Jicotencal crueldades como él no usa, ni con sangre de cautivos asesino el suelo inunda, que el cacique de Tlascala ni batir ni quemar gusta tropas dispersas e inermes sino con armas y juntas.
Página 37 - Rara vez alza a ti su faz ingrata. Tras el festín nocturno crapuloso Tu luz sus ojos lánguidos maltrata, Y tu fuego le ofende, Tu fuego puro, que en tu amor me enciende. ¡Oh! si el oro fatal cierra las almas A admirar y gozar, yo lo desprecio: Disfruten otros su letal riqueza.

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