Poesías inéditas de Olmedo: Apuntes bibliográficos para formar una edición más completa que las conocidas

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Tipogr. de Nabor Chávez, 1862 - 81 páginas
 

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Página 69 - ¿Quién el que ya desciende pronto y apercibido a la pelea? Preñada en tempestades le rodea nube tremenda: el brillo de su espada es el vivo reflejo de la gloria: su voz un trueno, su mirada un rayo. ¿ Quién aquel que al trabarse la batalla, ufano como nuncio de victoria, un corcel impetuoso fatigando discurre sin cesar por toda parte...? ¿Quién, sino el hijo de COLOMBIA y MARTE?
Página 67 - dará templar el voraz fuego en que ardo todo yo? Trémula, incierta, torpe la mano va sobre la lira dando discorde son. ¿Quién me liberta del dios que me fatiga?. . . Siento unas veces la rebelde musa, cual bacante en furor, vagar incierta por medio de las plazas bulliciosas, o sola por las selvas silenciosas, o las risueñas playas que manso lame el caudaloso Guayas; otras el vuelo...
Página 15 - Y el caballo impaciente De freno y de reposo, Se indigna, escarba el suelo polvoroso : Impávido, insolente Demanda la señal : bufa, amenaza, Tiemblan sus miembros : su ojo reverbera; Enarca la cerviz, la alza arrogante De prominente oreja coronada ; Y al viento derramada La crin luciente de su cuello enhiesto, Ufano da en fantástica carrera Mil y mil pasos sin salir del puesto.
Página 69 - ... cual águila caudal que se complace del alto cielo en divisar su presa que entre el rebaño mal segura pace? ¿Quién el que ya desciende pronto y apercibido a la pelea? Preñada en tempestades...
Página 71 - Y el choque asaz horrendo De selvas densas de ferradas picas; Y el brillo y estridor de los aceros Que al sol reflecten sanguinosos visos; Y espadas, lanzas, miembros esparcidos O en torrentes de sangre arrebatados. Y el violento tropel de los guerreros Que más feroces mientras más heridos. Dando y volviendo el golpe redoblado. Mueren, mas no se rinden . . . Todo anuncia Que el momento ha llegado.
Página 77 - Pero esta hora no fue la del Destino. El dios oía el voto de su pueblo, y de la frente el cerco de diamantes desceñía. En fugaz rayo el horizonte dora, en mayor disco menos luz ofrece, y veloz tras los Andes se obscurece.
Página 6 - Mas, ¿cuál audacia te elevó a los cielos, humilde musa mía? ¡Oh, no reveles a los seres mortales en débil canto arcanos celestiales! Y ciñan otros la apolínea rama, y siéntense a la mesa de los dioses, y los arrulle la parlera Fama, que es la gloria y tormento de la vida. Yo volveré a mi flauta conocida, libre vagando por el bosque umbrío de naranjos y opacos tamarindos, o entre el rosal pintado y oloroso que matiza la margen de mi río...
Página 10 - Grande Sacerdotisa de los Incas; Abre el templo del Sol; flores y ofrendas Esparce sobre el ara; Ciñe la estola espléndida y la tiara; Inquieta, atormentada De un dios que dentro el pecho no le cabe, Profiere en alta voz lo que no sabe, Por ciega inspiración.
Página 177 - ¿Quién aquel que al trabarse la batalla. Ufano como nuncio de victoria, Un corcel impetuoso fatigando Discurre sin cesar por toda parte...? ¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?

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