Imágenes de páginas
PDF
EPUB
[ocr errors][merged small]

T V n la ciudad de Guayaquil, que en

take aquel tiempo formaba parte del Visht rreinato del Perú y ahora pertenece á la República del Ecuador, nació D. José Joaquín de Olmedo el año de 1784.

De sentir es que no sepamos ni el mes ni el día en que vino al mundo, por no haberse tomado los biógrafos americanos la molestia de inquirirlo (siendo para ellos cosa fácil), y que ni siquiera mencionen el nombre y calidad de los padres del insigne poeta. Que no debían éstos carecer de ilustración ni de algunos bienes de fortuna, muéstralo la circunstancia de haber enviado su hijo á que se educase en Lima. Allí estudió Olmedo en el Colegio de San Carlos y en la famosa Universidad de San Marcos. Allí hubo sin duda de aprovechar en

sus estudios y de comenzar muy pronto á sobresalir por su entendimiento, pues no bien entrado en la mayor edad le eligieron sus paisanos para representar á Guayaquil en las Cortes generales convocadas por la Regencia durante la cautividad del Rey, las cuales se reunieron en la isla de San Fernando á 24 de Setiembre de 1810.

Olmedo, como Bello, nació súbdito español. Formose intelectualmente con arreglo á la disciplina escolástica española (menos deficiente de lo que él decía, y de lo que supone su encomiador Gutiérrez aludiendo a la educación literaria de la juventud en las universidades que fundamos en América), y dirigió sus primeros cánticos á dar fé de ardiente españolismo, de vivo amor al Trono y á la dinastía borbónica.

Para comprobarlo basta examinar el espíritu y la letra de la elegía titulada En la muerte de María Antonia de Borbón, Princesa de Asturias, escrita en Lima por Mayo de 1807, cuando el autor apenas contaba veintitres años. De esta composición, la más antigua que se conoce del vate del Guayas, dicen los Sres. Amunáteguis como subido encarecimiento, quizá excesivo, que es tal su mérito clásico «que ni Gallego, ni Lista, ni Quintana la habrían considerado indigna de ocupar lugar en la colección de sus respectivas poesías (1).» Mal pudiera mozo de tan temprana edad componer versos capaces de competir con los de Quintana, Gallego y Lista, si no se apoyara en el sólido cimiento de bien encaminado estudio de las humanidades. La inspiración adivina mucho; pero si no afinamos y depuramos el gusto mediante una educación literaria elementalmente buena, será muy difícil atinar con la expresiva belleza de forma que sirve de esmalte al pensamiento.

Triste consecuencia de la injusticia que el choque de opuestas aspiraciones ó de encontrados intereses engendra siempre en los que luchan, es el afán con que unos y otros se obstinan en zaherir al adversario negándole toda bondad y cerrando los ojos para no ver lo que está más claro y patente. Sin esta enfermedad contagiosa, inevitable en épocas turbulentas, ¿comprenderíamos que se engañase á sí propio un hombre de las circunstancias de Olmedo, escribiendo de buena fé poco antes de morir (2): «Yo mismo, en mi predilección por las letras humanas, que se ha tenido por una feliz disposición á la poesía; yo mismo sabría alguna cosa de tan agradables estudios y habría hecho algo de provecho, si, desde el colegio, hubiera

(1) JUICIO CRÍTico antes citado, págs. 23 y 24.

(2) En carta que cita D. Juan María Gutiérrez al hablar de Olmedo en el número 251 de El Comercio de Valparaiso.

encontrado maestros y enseñanza? » Convengamos en que por mucho que Olmedo estudiase entregado á mismo á la fecha de sus primeras poesías, esto es, cuando debía haber en el Perú grandísimas dificultades para hacerlo aisladamente con algún fruto, dada la escasez y lentitud de las comunicaciones y la especie de secuestro intelectual en que vivían aquellos pueblos(al decir de los detractores de España), no parece verosímil que sin buena preparación, sin enseñanza reglada y dirigida por sabios maestros escribiese Olmedo los siguientes rasgos. La poesía de que los tomo se imprimió en 1809, y lleva por título El Árbol (1).

«Aquí mi alma desea
Venir á meditar. Aquí mi Musa,
Desplegando sus alas vagarosas
Por el aire sutil, tenderá el vuelo.
Ya, cual fugaz y bella mariposa,
Por la selva florida
Libre, inquieta, perdida,
Irá en pos de un clavel o de una rosa;
Ya, cual paloma blanda y lastimera,
Irá á Chipre á buscar su compañera;

(1) El diplomático D. Manuel Nicolás Corpancho la encontró en la Biblioteca de Lima, encuadernada con otros papeles, y la in. cluyó en el folleto que dió á la estampa en dicha ciudad el año de 1861 rotulado: Poesías inéditas de Olmedo: apuntes bibliográficos para formar una edición más completa que las conocidas. Véase el núm. 14 de El Repertorio Colombiano.

Ya, cual garza atrevida,
Traspasará los mares,
o cual águila audaz alzará el vuelo
Hasta el remoto y estrellado cielo.»

En estos versos verá el menos lince gusto clásico y estilo propio de un maestro de bien decir. Pero en los que traslado á continuación hay, amén de eso, algo que hace más al caso en este lugar, porque pone de bulto los sentimientos del poeta y corrobora su fervoroso españolismo. Indignado contra el invasor francés que había ido apoderándose arteramente de las poblaciones más ricas de nuestra península, exclama el vate de Guayaquil, dirigiéndose á las huestes napoleónicas:

«¡Siervos del crimen! ¡Nuestros caros Reyes
Volvednos! Sí, volvednos nuestros Padres,
Los Dioses de la España,
Y venid á quitarlos en campaña.
¡Siervos viles del crimen! Acordaos
De la inmortal jornada de Pavía:
De allí, del mismo campo de batalla
Cautivo y prisionero
Vió entrar Madrid vuestro Monarca fiero.
Imitad, si podéis, tan grande hazaña.
¡Esto es honor! Y si queréis vengaros,
Volvednos nuestros Reyes
Y venid á quitarlos en campaña!»

« AnteriorContinuar »