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El indigno espectáculo te espera
De una patria en mil partes lacerada,
Sangre filial brotando por doquiera;
Y, crinada de sierpes silbadoras,
La discordia indignada
Sacudiendo cual furia horrible y fea
Su pestilente y ominosa tea.»

Cinco años después de haber escrito estos versos (viva expresión de las amarguras del poeta, preludio de interno combate por vencer y acallar sentimientos monárquicos y españoles), Olmedo fué uno de los tres miembros de la Junta de Guayaquil que pretendía constituir la ciudad en Estado independiente: «pretensión loca (dice Caro) que le mereció al triunvirato aquel una justa é irónica reconvención de Bolívar

El sesudo escritor colombiano utiliza las Memorias inéditas del general O'Leary, que un hijo de éste ha tenido á bien franquearle con oportuna liberalidad, para sacar á luz pública curiosas noticias sobre sucesos de 1822 y de años posteriores concernientes al ilustre poeta. Gracias a ello puedo enriquecer estos apuntes con algunas que no se hallan en las anteriores biografías de Olmedo.

Caro agrupa de este modo, con su habitual pericia y discreción, los datos que extracta del irlandés O'Leary, cuyas Memorias, por lo vis

to llenas de interés, deben ser muy útiles para ilustrar acontecimientos de una época preñada de sucesos importantísimos, de influencia decisiva en la futura suerte de nuestra nación, y de recuerdo imperecedero en los fastos de la América española.

«En Guayaquil querían unos, y eran los menos, adherirse á Colombia; otros, dirigidos por La Mar, eran resueltamente adictos al Perú; un tercer partido, á cuya cabeza figuraba nuestro posta, proclamaba la independencia de la ciudad, aceptando en retirada la unión al Perú; jamás á Colombia. Chasqueados en sus pretensiones los tres miembros de la Junta de gobierno, Olmedo, Roca y Jimena, de callada y precipitadamente pasaron al Perú, donde fueron muy bien recibidos y obtuvieron cargos del gobierno. El trance de muerte en que se vieron los patriotas peruanos, si no les acorrían las fuerzas de Colombia, les hizo volver los ojos al libertador, y «el genio y la fortuna» de este caudillo, según la expresión de Olmedo, como también su elocuencia maravillosa, acabaron por seducir y arrastrar al poeta y á sus rehacios compañeros. En 1823 Olmedo y Sánchez Carrión fueron comisionados por el Congreso del Perú para llamar á Bolívar. En 1825 canta Olmedo la victoria de Junín, y Bolívar le nombra Ministro en Lon

dres. La amistad de estos dos hombres no se altero jamás. Bolívar, escribiéndole de Bucaramanga en 1828, le ofrecía la cartera de Relaciones exteriores. Con todo, tratándole de soberano á soberano (1), mostraba respeto á las afinidades peruanas del poeta, convidandole en estos corteses términos, honrosos sobremanera para el que los dictara, cuando recordamos que era el fundador de tres naciones: «Diré á V. que celebro mucho su regreso á Colombia, para que nos sirva, si V. no prefiere á nuestro Gobierno el de su amigo La Mar. ¿Tendremos querella por este dichito? Yo espero que no, pues no hay malicia, sino franqueza en lo que digo (2).

Aunque gran admirador de Bolívar, Olmedo no amaba á Colombia ni renunció nunca á los sentimientos que le ligaban al Perú. El mismo O'Leary, edecán y confidente de aquel caudillo, lo atestigua en las siguientes cláusulas trasladadas por Caro de las susodichas Memorias á sus interesantes artículos de El Repertorio: «Nacido en una comarca que, por su situación, belleza y fertilidad es la envidia de las regiones que baña el mar del Sur, ponía Ol

(I) «Siendo los grandes grandes en todo, he querido tratar á usted en grande.» ¡Qué bella frase, qué noble sentimiento!-(Nota de D. M. A. Caro.)

(2) El Repertorio Colombiano, núm. 12, págs. 452 y 453.

medo todas sus complacencias en su tierra natal y en el río que la hermosea. Filósofo sin pretensiones, prefería estudiar el mundo en su gabinete más bien que en el tumulto de la sociedad. Como poeta, menos ambicionaba gobernar su país que celebrarle en sus versos. Los acontecimientos políticos que ocurrieron después le sacaron de su retiro, y sus paisanos le hicieron la honra de confiarle las riendas del Gobierno. Como hijo de Guayaquil, la idea de la independencia halagaba tal vez su patriotismo. Educado en Lima, el suave y afeminado carácter de los peruanos, no desemejante del suyo propio, y los recuerdos de su primera juventud, le ligaban al Perú. Como americano, admiraba el valor y constancia que desplegaron en la guerra de independencia los soldados de Colombia; y en su amor á las bellezas de la naturaleza, gozábase en admirar desde las risueñas márgenes del Guayas el estupendo Chimborazo, que alza la nevada frente alla en las nubes, sin que el distante espectador acierte á distinguir si es cosa del cielo ó de la tierra. El genio aún más sublime de Bolívar, ganó su respeto y veneración. Mas estos eran sentimientos que profesaba como poeta y como americano, y no vínculos que le ligasen á la República.»

Las anteriores observaciones honran la pers

picacia del general irlandés. Así era Olmedo. Pero hay algo más eficaz todavía para revelarnos mejor el carácter y los sentimientos del poeta: sus cartas al Padre de Colombia y Libertador del Perú (1). Las siete inéditas publicadas por Caro en El Repertorio son como transparente cristal que deja ver á clara luz el alma del que las escribe. Añade quilates al interés de tan precioso documento histórico-literario la circunstancia de haberlas trazado el autor cuando estaba en la plenitud de sus facultades poéticas y creaba la más aplaudida de sus obras, La Victoria de Junín. En todas esas cartas hay algo á propósito para ponernos en camino de convertir el lijero bosquejo en verso de la inexperta mano del joven, en retrato acabado y perfeccionado en severa prosa por la edad viril.

«Siempre he dicho yo (escribía Olmedo á Bolívar el 15 de abril de 1825) que V. tiene una imaginación singular; y que si se aplicara V. á hacer versos, excedería á Píndaro y á Osián. Las imaginaciones ardientes encuentran relaciones en los objetos más diversos entre sí; y sólo V. pudiera hallar relación entre un poeta que canta con su flauta á orillas de su río, y entre un Ministro que representa una

(1) El Dr. Fernández Madrid zombra así á Bolívar en una de sus canciones patrióticas,

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