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ñolas encargadas de mantener en el Perú nuestra antigua dominación), el vate del Guayas dejó concluida la más célebre de sus composiciones poéticas. Habiéndole recomendado Bolívar que cantase los últimos triunfos de la insurrección americana, empresa que él había acometido ya por impulso propio no bien llegó á sus oidos la noticia de haber sido derrotados los españoles en Junín (1), esforzose por dejar

para prever un triunfo tan completo y tan pronto. Hasta la sal de la sorpresa ha hecho mas grata la victoria.= Este verdaderamente ha sido el dia de la América-el dia de Bolivar = He leido con trasporte la proclama de V.: es bella, es sublime. Nada deja que desear, nada: sino... sino que algunas palabras no despierten algunos celos en tierra, y... alguna tempestad en el mar.-Usted ha perdido todo derecho de increparme por esta licencia, desde que dejó correr impunemente y aun aplaudió mis observaciones sobre su primera proclama desde Pasto.-La última desde Lima es uno de los documentos clásicos de nuestra santa insurrreccion. = Las tres últimas palabras son dignas del mármol y del bronce.-Fi donc!-ellas son dignas de los corazones. No mandar mas!!! Divina expresion: expresion de una alma que ya no puede soportar su propia gloria. Ella me suscita la idea de un hombre que habiendo fijado los ojos desnudos en el sol, los retira, los cierra atormentado de tanta luz.=Oyes? oyes?-ó yo me engaño-iqué estrépito es aquél?-Es el carro de la libertad que se pasea en triunfo desde las majestuosas riberas del Orinoco hasta el último borde del destemplado lago en que sobrenada la isla de Titicaca-dibujando en su carrera los colores del iris.=Salud y gloria.= José JOAQUIN OLMEDO.=Guayaquil enero 6-825.)

(I) En carta de Olmedo al Libertador, fechada el 31 de enero de 1825, dice lo siguiente:

«Siento que V. me recomiende cantar nuestros últimos triunfos. Mucho tiempo ha, mucho tiempo ha que revuelvo en la mente este pensamiento.-Vino Junin, y empecé mi canto. Digo mal; em

le complacido antes de emprender el viaje, satisfaciendo al par una necesidad de su espíritu inflamado en patriótico ardor.

Mucho hubo de luchar Olmedo consigo mismo para enlazar en su Oda la victoria de Junín, objeto principal del Canto á Bolívar, con la más importante ó trascendental de Ayacucho, que no mandó aquél personalmente. Las cartas que mediaron sobre dicha obra entre el caudillo colombiano y el poeta de Guayaquil, de las cuales me haré cargo más adelante al hablar de esta y de las demás poesías de Olmedo, lo ponen de manifiesto patentizando lo que uno y otro pensaban de tal poesía. Porque Bolívar, educado en España, tenía conocimientos y gusto literario que daban á su voto gran peso en materias de esta especie, haciéndole apto para representar á un tiempo mismo el papel de Augusto y el de Mecenas. Prueba indudable de la solidez y bondad que alcanzaba en nuestro país á fines del siglo anterior el estudio de las letras humanas, en armonía con

pecé á formar planes y jardines; pero nada adelanté en un mes. Ocupacioncillas que sin ser de importancia, distraen; atencioncillas de subsistencia, cuidadillos domésticos, ruidillos de ciudad, todo contribuyó á tener la musa estacionaria. Vino Ayacucho, y desperté lanzando un trueno (*). Pero yo mismo me aturdi con él, y he avanzado poco. Necesitaba de necesidad 15 días de campo, y no puede ser por ahora.»

(*) Alusión al principio de la oda comenzada. (Nota autógrafa.)

las ideas predominantes á la sazón en todos los pueblos cultos.

Olmedo, que no se había hecho notar en las Cortes españolas de 1810, logró sobresalir en el Congreso del Perú reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822, ya como orador florido, elegante y correcto, ya como sincero patriota animado del mejor sentido y de las más rectas intenciones. A estas nobles prendas de su inteligencia y de su carácter debió sin duda que Bolívar se fijase en él y le nombrase para sustituir al ilustrado granadino D. Juan García del Río en el cargo de agente diplomático en Inglaterra. Aquel glorioso caudillo, de quien dice el General O'Leary que era «gran conocedor de los hombres y del corazón humano;» que «comprendía á primera vista para qué podía servir cada cuál,» y que tratándose de personas «en muy raras ocasiones se equivocó (1),» no era hombre para cometer la flaqueza de recompensar al cantor de Junín, por el mero hecho de recibir de él grandes elogios en versos no terminados ni publicados aún, con una misión tan delicada, tan difícil, de tanta importancia para el buen éxito de sus planes. Si no hubiese tenido en mucho la capacidad y méritos del elegido, no le habría encomendado un

(1) ESCRITOS PÓSTUMOS DE O'Leary.-RETRATO DE BOLÍVAR. -Repertorio Colombiano, tomo II, pag. 264.

puesto que requería en aquellas circunstancias condiciones especiales en la persona encargada de desempeñarlo. Digo esto, porque no falta quien dé á entender que el nombramiento de Olmedo, recibido en los momentos en que se esforzaba por cantar la glorias del Libertador, fué como indirecta recompensa de los encomios que le tributa en La Victoria de Junín. Sea intencional ó no lo sea, la indicación me parece injusta. El adagio piensa mal y acertavás, amargo fruto de la desengañada experiencia, se halla muy lejos de ser axioma infalible. Tomarlo por norma al juzgar acciones ajenas, sobre estar reñido con la caridad cristiana, es peligroso y no puede menos de inducir á errores trascendentales (I).

(1) Lejos de estimar que el nombramiento de Olmedo fuese consecuencia inmediata de haber lisonjeado al Libertador enalteciéndole con entusiasmo por sus heróicas hazañas, pienso que hubo de labrar en el ánimo de éste, para honrar y favorecer al poeta, el previo conocimiento de su dignidad y entereza, Bolivar no podía menos de apreciar el arrojo con que Olmedo, comprometiendo su tranquilidad y arriesgando su porvenir por no torcer sus convicciones, se opuso á los deseos del prepotente caudillo cuando trataba de que Guayaquil se incorporase á la gran nación que había formado. El hombre que le escribía en tal

mbre que le escribía en tales circunstancias (á 29 de julio de 1822): "Yo me separo, atravesado de pesar, de una familia honrada, que amo con la mayor ternura, y que quizá quedará expuesta al odio y á la persecución por mi causa. Pero así lo exige mi honor. Además, para vivir necesito de reposo más que del aire; mi patria no me necesita; yo no hago más que abandonarme á mi destino; después de lo cual emigraba voluntariamente al Perú por no autorizar con su presencia «lo que él estimaba un atentado de Bolívar,

Bolívar era digno de ser cantado por Olmedo ó por cualquier gran poeta. Olmedo no necesitaba otro estímulo que el amor á la libertad de la patria para cantar al héroe que más parecía llamado á dársela, y que se ufanaba ya con el timbre de fundador de naciones. Bien sé yo que todo ello vino á redundar en menoscabo de nuestra grandeza y poderío; que, dejando á un lado consideraciones de otra índole, oscurece el brillo de aquel insigne general y hombre de Estado la crueldad de que fueron víctimas en terrible ocasión ochocientos prisioneros españoles (1). Mas no ha de cegarme el patriotismo hasta el punto de desconocer, por una parte, la gran torpeza que cometimos en auxiliar á los norte-americanos á emanciparse de Inglaterra y constituirse en república

habría desatado con tal proceder las iras de poderosos vulgares. Esa prueba de carácter debía , por el contrario, granjearle la estimación del previsor caudillo que anhelaba utilizar a todos los buenos en pró de la causa americana. Véase la VIDA DE D. ANDRÉS BELLO, por Miguel Luis Amunátegui (Santiago de Chile, 1882), págs. 255 y 256.

Un historiador francés de ideas demagógicas y sistemáticamente adverso á todo lo genuinamente español, se expresa de esta manera: «Pour répondre aux premières attaques des royalistes et aux massacres qu'ils avaient ordonnés dans les valles du Tuy, il (Bolívar) fit égorger, au nombre de huit cents, tous les prisionniers espagnols détenus à Caracas et à la Guayra, mesure exécrable dont il chercha vainement à se justifier plus d'une fois,» GUSTAVE HUBBARD: Histoire contemporaine de l'Espagne: París, 1869. Tomo I, página 284.

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