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federal (ejemplo que tarde o pronto había de influir en nuestras inmensas colonias, excitadas á seguirlo por la poderosa Albion, ansiosa de tomar represalias en daño nuestro y de satisfacer al par su codicia), y por otra, lo que son y han sido siempre las guerras, y muy especialmente las guerras civiles (1), Mancha, y mancha indeleble en la memoria de Bolívar, es aquel acto de horrenda carnicería que acabó con tan crecido número de prisioneros incapacitados de defenderse. Pero ese rasgo sangriento y feroz, llevado a cabo en horas de vértigo por el sañudo furor de una lucha de vida ó muerte para la causa que defendía cada cual de los ejércitos luchadores, cuando el curso del tiempo ha hecho ya sus naturales oficios, no puede oscurecer á los ojos del historiador imparcial los hechos heróicos, las acciones magnánimas, las relevantes prendas del caudillo que mandó ejecutar ó consintió que se ejecutara atrocidad semejante (2).

(1) La guerra de la independencia en la América española, como efectuada entre hombres de un mismo origen, que hablaban la misma lengua y que hasta entonces habían sido regidos por un mismo cetro y formado parte de una sola nación, tiene todas las circunstancias que caracterizan las guerras civiles.

(2) El distinguido escritor colombiano D. Carlos Holguín dice, refiriéndose á la independencia de nuestras antiguas colonias de la América del Sur: «El triunfo definitivo fué obra de los milagros repetidos de Bolívar. Sin su genio vasto, creador y organizador á un tiempo mismo; sin su mirada adivinadora; sin su heróica perseve

rancia y sin el prestigio de su nombre, flotarían de seguro todavía sobre las eminencias de los Andes las banderas españolas con los escudos de Castilla y de Aragón... Entre nuestros grandes hombres de esa época había generales, estadistas, políticos, literatos, patriotas abnegados, fanáticos por la independencia; pero no había sino Bolívar que lo fuese todo á un mismo tiempo y que tuviese la autoridad que da el genio para imponerse a todos y para hacer converger las cualidades de todos á la realización de un pensamiento.» Estudios históricos. La independencia. Véase el primer volumen de El Repertorio Colombiano (Bogotá, 1878), págs. 83 y 84. Mi opinión tocante á Bolívar concuerda en este punto con la del Sr. Hol. guín, contraria a la del gran historiador César Cantú, para quien Bolívar se aveva il genio della guerra, non possedea quello della legislazione. STORIA DI CENTO ANNI: Firenze, 1852, tomo II, página 450.

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III.

ESTANCIA DE OLMEDO EN LONDRES.

A hemos visto cuáles eran los nobles

propósitos de Olmedo al obedecer suVele miso las órdenes del Libertador y aceptar el cargo de agente diplomático del Perú en la capital de Inglaterra. En aquella misión, donde estaba destinado á pasar por mil sinsabores y amarguras, se portó tan honradamente como se lo había ofrecido á Bolívar. Angustiado por las dificultades que a cada momento le salían al paso impidiéndole salvar el crédito de la nación que representaba, escribía al caudillo de la Independencia el 22 de abril de 1826:

«Nuestra situación aquí no puede ser más desagradable. Entre muchas causas indicaré. dos: 1.& Que nos hallamos sin recursos para subsistir, pues no podemos recaudar un peso

de los empréstitos anteriores. El contratista Kinder (con quien negociaron García del Río y Paroissien, y después Robertson, á pesar de la triste experiencia, pues entre todos estos hay una santa alianza como he dicho á V. otra vez), es un hombre sin crédito, y lo que es peor, sin fondos. (No extrañe V. que yo dé aquí más importancia á los fondos que al crédito, porque en el mercado se ven las cosas al revés que en moral.) Por consiguiente, nada podemos esperar de Kinder; nada tampoco del empréstito que vinimos á levantar, porque no debe levantarse en las funestas circunstancias de esta plaza en que han bajado los fondos extraordinariamente: los de Méjico están á 51, los de Colombia á 47 y los del Perú á 25; y pronto nos pondremos al nivel de los de Grecia y aun de los de España. Agrégase á esta pintura que los fondos de la legación que trajimos del Perú, y algunos propios míos, vinieron desde Jamaica en letras contra Londres, y todo ha caido en el pozo de Goldshmidt, aquel famoso banquero de Colombia y de varias potencias europeas, de cuya ruidosa quiebra y más ruidosa muerte he hablado á V. en una de mis anteriores. Con estos datos ya puede V. formarse idea de la situación de los embajadores del Perú en Londres. Pero esta causa, por odiosa que sea, no es intolerable para quien tiene aquí un amigo y sabe vivir con poco. La causa principal de nuestro cuidado y de nuestra desgracia es que ha pasado el 15 de abril, día en que debieron pagarse los primeros dividendos de este año, y el Sr. Kinder no los ha pagado, a pesar de que tenía en su poder fondos destinados á este objeto, y á pesar de las repetidas promesas que nos había hecho de cumplir con este deber, que es de la mayor trascendencia. Se ha levantado con este motivo una tempestad en el comercio. Esta falta siempre es ominosa en todas circunstancias, porque el público en esta materia no discurre sino por los hechos y los pagos. El gobierno que no paga, sea por su propia mala fé ó por la de sus agentes, sea por pobreza ó porque sus fondos casualmente se demoraron, siempre, siempre pierde su crédito y su estimación, aunque se sepa que tiene inmensos recursos que tiene á Bolívar en su seno-que ha destruido á todos sus enemigos-y que resplandece con todos los rayos del oro y de la victoria.

»Los acreedores no nos dejan vivir un instante; nos vienen á visitar en tropel; se quejan, se lamentan, nos piden explicaciones de este suceso; nos piden esperanzas; en fin, no nos dejan: porque si, como acabo de decir, la falta de este pago es ominosa en todas cir

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