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con el primero. Escenas campestres de Cachiri, en vez de los sangrientos campos de Junín; partidas de caza, rodeos de ganados, meriendas sobre la hierba, siestas bajo la fresca sombra de los árboles, en lugar de batallas y de carnicería. También habría un vaticinio como el del Inca, sobre los planes pacíficos que V. meditaba para calmar á Venezuela, en contraposición de las horribles escenas de Ayacucho. Cantos y danzas de pastores en lugar de alaridos, de alarmas y encuentros sangrientos; amores en lugar de odios y rabia; comedimiento en lugar de coraje; grupos de jóvenes de uno y otro sexo en lugar de los cautivos que cerraron la pompa triunfal del vencedor. En fin, imitando á los antiguos, yo quería concluir con un apoteósis: y aquí fueron mis trabajos para elegir la parte del cielo en que debía colocar la constelación de mi héroe. No debía ser junto de León, pues siendo símbolo de España, V. no lo dejaría vivir en paz. No cerca de Virgo, ya porque aun entre santa y san, to pared de cal y canto, ya porque no parecería bien esta proximidad entre vírgenes y militares, por cuya causa yo los reservaría más bien para los poetas que, según me dicen, son menos peligrosos. ¡Contemple V. qué trastorno en la astronomía si un héroe, por un caso imprevisto, fuese á quitarle el timbre y el nombre á su vecina!... Tampoco cerca de Aries, ni de Toro, ni de Capricornio, porque yo no quiero para la frente de V. otras ramas que las de laurel. ¿Dónde, pues? ¿Dónde? No tema V. quedarse sin plaza. Yo mandaré al Escorpión (es decir, al Alacrán, que es mi paisano), yo le mandaré recoger su nudosa y larga cola y ceder un espacio mayor del que cedió en otro tiempo á Augusto por orden de Virgilio (1).»

El tono festivo de las anteriores líneas demuestra la confianza con que se trataban el poeta y el caudillo, y que Olmedo había salido efectivamente fuera de sí y nadaba en transportes de júbilo al simple anuncio de su ansiado regreso á la patria y al seno de su familia. Lástima grande que no se prolongara aquel primer rapto lo suficiente para que nos regalase con el segundo canto de que habla, el cual se prestaba, según el plan que bosqueja, á pintar cuadros poéticos muy variados llenos de animación y frescura. Pero las imaginaciones fogosas, los espíritus que se dejan impresionar fácilmente suelen desimpresionarse también con facilidad, sobre todo si los solicitan y distraen quehaceres enojosos é ineludibles contrarios á sus naturales propensiones. Además, la realidad de los hechos que rápida(1) Torres Caicedo: Ensayos biográficos, tomo I, págs. 128

y 129.

mente se sucedían en las nacientes repúblicas no estaba de acuerdo con las imaginaciones del poeta, ni con sus patrióticos designios, ni con el idilio social que soñaba su fantasía. Desgraciadamente las cosas no pasaban en América según los propósitos y deseos de los principales promovedores y agentes de su libertad. Por lo tanto habría sido anacrónica en tal sazón cualquier meditada pintura de apacible tranquilidad y suaves goces campestres, y más anacrónico aún que, en medio de tanta mezquina lucha de ambiciones contrapuestas (en pueblos no libres del todo ni bien asentados ni constituidos), hubiese exclamado Olmedo recordando á Virgilio, como lo recuerda en el plan de su nunca realizado segundo canto:

Jam reddit et virgo, redeunt saturnia regna:

Jam nova progenies coelo demittitur alto. El mismo Libertador, que tan gran empeño ponía en organizar convenientemente los nuevos Estados americanos para que no se malograse el fruto de sus victorias ni fuesen estériles tantos sacrificios costosos, lamentaba en aquellos días tropezar a cada paso con las dificultades que le suscitaban sus émulos ó con la ceguedad é indisciplina de la multitud bullidora dividida en bandos, mal preparada y templada en los diversos pueblos del Sur para coadyuvar con abnegación y ordenado espíritu

á la ardua empresa de constituir naciones independientes aptas para el inmediato ejercicio de la libertad política (1). Penetrado de esta

(1) En carta á D. José Fernández Madrid, escrita en Caracas el 24 de abril de 1827, decía Bolívar: «V. habrá sabido los sucesos del Perú, lo que me persigue Santander, los sucesos de Venezuela y mi renuncia. El Congreso no se ha reunido aún, y dicen que no admitirán mi dimisión. Bastante compromiso será para mí esta negativa, porque me obligará á perder mi crédito de un modo ó de otro. Yo no veo elementos para edificar, y sí considero á la Repú. blica quebrada. Si deserto, salgo muy mal; y si me quedo, será para pagar los funerales de Colombia. ¡Qué desconsuelo! >>

En otra carta, fechada dos días después y dirigida al mismo sugeto, añadía: «Yo haré por Colombia todo lo que pueda hasta que la Gran Convención decida de la Nación; más allá no seguiré la carrera pública, porque yo represento aquí los condenados de la fá. bula: nunca llego al término de mis suplicios. Lo que hago con las manos lo desbaratan los pies de los demás. Un hombre combatien. do contra todos no puede nada; por otro lado, mis esfuerzos pasados han agotado mí energia; en esta lucha he quedado añonadado; y vivo, no porque tenga fuerzas para ello ni objeto: la costumbre solamente me hace continuar en este mundo como un muerto que camina.

Por último, en carta del 16 de junio del mismo año, dirigida también á Fernández Madrid, Enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República, prorrumpía en estas doloridas frases: «La conmoción de Venezuela me trajo á Colombia á representar el papel de Jesús en la tragedia de la reforma. Santander, á la cabeza de los granadinos, ha puesto en acción todas las rivalidades locales para destruirme. De aquí vienen los sucesos del Perú, de Guayaquil, y los más que V. vaya sabiendo en adelante. Yo pienso seguir la táctica de los Partos; huiré para castigar á mis enemigos: es el único partido que me queda entre los desesperados para evitar una guerra civil entre granadinos y venezolanos.»-Repertorio colombiano, tomo V, págs. 347, 349 y 350.

No desvirtuaré con inútiles comentarios la elocuencia de los párrafos que anteceden.

verdad incontestable, ansioso de arraigar por todos los medios posibles la obra magna para cuya realización había sido necesario emplear tan soberanos esfuerzos, dió al Estado de Bolivia un proyecto de Constitución acerca del cual decía en carta dirigida desde Caracas á su leal amigo D. José Fernández Madrid (I), manifestándole propósitos de aplicarlo también á Colombia con las modificaciones que se juzgaran oportunas: «mi proyecto para Bolivia reune la Monarquía liberal con la República más libre; y por más que parezca erróneo y lo sea en realidad, yo no tengo la culpa en pensar de ese modo. Lo peor de todo es que mi error se obstina hasta imaginar que no somos capaces de mantener repúblicas, digo más, ni gobiernos constitucionales. La historia lo dirá (2).» Tan terminante afirmación parece como que responde á las observaciones que Olmedo le había dirigido desde París sobre el susodicho proyecto de Código fundamental boliviano en la ya citada carta del 14 de enero de 1827, donde se expresaba de este modo: «V. ha avanzado ideas que no se habría atrevido á enunciar si no tuviera franqueza y sanas intenciones. ¿Tenemos muchos hombres probados? Las precauciones que ahora parecen justas porque se

(I) El 26 de mayo de 1827.
(2) Repertorio colombiano, tomo V, pág. 348.

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