Poesías de la América Meridional

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Anita J. de Wittstein
F.A. Brockhaus, 1870 - 339 páginas
 

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Página 18 - Por el que en mirar se goza su puñal de sangre rojo, buscando el rico despojo, o la venganza cruel; y por el que en vil libelo destroza una fama pura, y en la aleve mordedura escupe asquerosa hiel.
Página 292 - Se le prendió al palo viejo Y moviendo pies y manos Al galope llegó arriba, Y al grito, ya le echó mano A la chuspa y se largó De un pataplús hasta abajo.
Página 17 - El favor del cielo implores; Por justos y pecadores Cristo en la cruz expiró, Ruega por el orgulloso Que ufano se pavonea, Y en su dorada librea Funda insensata altivez; Y por el mendigo humilde Que sufre el ceño mezquino De los que beben el vino, Porque le dejen la hez; Por el que de torpes vicios Sumido en profundo cieno...
Página 98 - ... chocan y se enfurecen, y otras mil y otras mil ya las alcanzan, y entre espuma y fragor desaparecen.
Página 14 - Occidente más y más angosta; y enciende sobre el cerro de la costa el astro de la tarde su fanal. Para la pobre cena aderezado brilla el albergue rústico, y la tarda vuelta del labrador la esposa aguarda con su tierna familia en el umbral.
Página 294 - La Fama, me contestaron: Al tablado la subieron Y allí estuvieron un rato, A donde uno de los niños Los estuvo proclamando A todos sus compañeros. ¡Ah, pico de oro! Era un pasmo Ver al muchacho caliente, Y más patriota que el diablo. Después hubo volantines Y un inglés todo pintado, En un caballo al galope Iba dando muchos saltos.
Página 325 - ... el templo del Sol; flores y ofrendas Esparce sobre el ara; Ciñe la estola espléndida y la tiara; Inquieta, atormentada De un dios que dentro el pecho no le cabe, Profiere en alta voz lo que no sabe, Por ciega inspiración. Tiemblan los reyes Escuchando el oráculo tremendo; Revelaciones, leyes Dicta al pueblo ; describe las batallas ; De la patria predice la victoria, Y la aplaude en seráficos cantares ; De los Incas deifica la memoria, Y á sus manes sagrados, Si tumba les faltó, levanta...
Página 64 - Huracán, huracán, venir te siento, y en tu soplo abrasado respiro entusiasmado del señor de los aires el aliento. En las alas del viento suspendido vedle rodar por el espacio inmenso, silencioso, tremendo, irresistible, en su curso veloz. La tierra en calma, siniestra, misteriosa, contempla con pavor su faz terrible.
Página 98 - ¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo devora los torrentes despeñados: crúzanse en él mil iris, y asordados vuelven los bosques el fragor tremendo. En las rígidas peñas rómpese el agua: vaporosa nube con elástica fuerza llena el abismo en torbellino, sube, gira en torno, y al éter luminosa pirámide levanta, y por sobre los montes que le cercan al solitario cazador espanta.
Página 14 - Brota del seno de la azul esfera uno tras otro fúlgido diamante, y ya apenas de un carro vacilante se oye a distancia el desigual rumor. Todo se hunde en la sombra : el monte, el valle, y la iglesia, y la choza, y la alquería; ya los destellos últimos del día se orienta en el desierto el viajador.

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