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rar mi quebrantada salud, he conseguido alguna mejora, debido al influjo benigno del clima de esta capital. Más, persuadi. da de que el de Ayacucho me es muy adverso, según lo he experimentado, y atendiendo además á la edad excesivamente avanzada en que me hallo, pues ya cuento setenta y ocho años, ocurro á V. E. confiado en su alta y justificada bondad, á fin de que, en uso de las facultades del Patronato Nacional, se digne prestar su consentimiento, para la reuuncia que debo hacer, y hago en conciencia, del Cargo Pastoral de aquella dilatada Diócesis, cuyo exacto desempeño es ya para mi absolutamente imposible.,

Yo espero este beneficio de la piadosa justificación de V.E., en atención á que hay ejemplares de igual condición, y, entre ellos, se recuerdan, como no de muy remota antigüedad, los del señor Chávez, obispo que fué de Arequipa, y el del señor Ori. huela, que lo fué del Cuzco, á quienes les fué asignada como indispensable para su subsistencia, la cantidad de cuatro mil pesos, cuya suma se deducía de la renta episcopal respectiva aunque siendo inferior la de Ayacucho, con respecto a las indicadas Diócesis, se me señale solamente la de tres mil pesos.

Estos ejemplares alientan mi confianza, hasta no dudarlo, que V. E, en uso de las facultades del Patronato Nacional, y en vista de los ejemplares aducidos, se digne favorecer á este anciano, no menos digno de compasión que los Prelados que se han indicado.

Nios guarde á V. E.

Excmo. Señor

SANTIAGO JOSÉ
Obispo de Ayacucho

Lima, á 6 de agosto de 1852.

Informe el M. R. Arzobispo de esta Metrópoli.

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Excmo. Señor:

En el capítulo Nisi cum priden, tít. 99, lib. 1°, de las Decretales, se hallan enumeradas las seis causas por las cuales los obispos pueden pedir licencia para renunciar sus obispados. Entre ellas, la segunda es, la debilidad del cuerpo que proviene de entermedad ó senectud; más, según dice el capon, no toda enfermedad, ni toda senectud, sino únicamente aquella por la cual se hace impotente para ejercer el oficic pastoral. Porque, continúa, si por cualquiera debilidad corporal pudiera renunciarse el oficio de la servidumbre contraída, en vano confesaría el Apóstol que se gloriaba en sus enfermedades, y muchas veces lejos de que la debilidad senil aconseje dimitir el cargo, la madurez moral que acompaña á los ancianos les persuade permanecer en su oficio, diciéndoles el Apóstol en su persona “cuando más débil, entonces soy más fuerte" "por que muchas veces la enfermedad del cuerpo aumenta la fortaleza del corazón". Tal es, á la letra, la disposición canónica que debe tenerse á la vista en la renuncia que trata de hacer el Istmo. Sr. Obispo de Aya. cucho.

La funda, dicho señor, en que el temperamento de la capital de su diócesis le es muy adverso, según lo ha experimentado, y además hallarse en la edad excesivamente avanzada de setenta y ocho años. Siendo notorias estas causales, que sin peligro casi cierto de su existencia, no le permitirían hacer el largo y penoso viaje de regreso á su diócesis si conservase siempre el cargo pastoral de ella, parece que V. E. puede sin embarazo acceder á su solicitud, prestando su consentimiento para con él dirigirse á la Santa Sede, á fin de que disuelva el vínculo que liga al obispo con su iglesia de Ayacuchó, y en su consecuencia se proceda á dar á esta nuevo pastor, lo cual suele hacerse en un mismo consistorio, cuando junto con la renuncia se reniten las preces ó presentación del que deba succederle. Tal era la práctica de nuestro antiguo gobierno, de la que trata el conde de la Cañada, en su obra sobre recursos de fuerza, part. 3o, cap. 39, No 52. Ella, sin duda, es muy conforme al espíritu de la iglesia que deplora como una triste viudedad, las vacantes de los obispados, queriendo por repetidos canones se les dé cuan. to antes prelados que las gobiernen, según lo establecido por institución divina.

No existiendo ley alguna que prescriba el inodo de proce. der en los casos de renuncia ó traslación, se halla V. E. en el de continuar la misma práctica de los antiguos soberanos del país, librando al efecto las providencias convenientes para que pueda verificarse, en un mismo consistorio, la disolución del vínculo del Señor Obispo de Ayacubo, y la preconización del que deba succederle, con lo que se evitará la vacante efectiva canónica; previniendo al Cabildo de Ayacucho, para alejar cualquiera equivocación, que el Señor Obispo renunciante es siempre el prelado de esa diócesis hasta que no se le comuniquc avisó oficial de haber Su Santidad admitido la renuncia.

Accedieudo V.:E. á la expresada dimisión, es de toda justi. cia el gravar las rentas de la diócesis renunciada con alguna pensión que sirva de congrua al obispo renunciante. No se halla ley que designe la cantidad que deba fijarse para dicha congrua. Dos obispos de Arequipa, uno en pos de otro, renunciaron esa mitra: al primero que fué el señor Pamplona, religioso capuchino, se le asignaron tres mil pesos, probablemente porque habiéndosele facultado para regresar á la España, se consideró bastante la expresada suma de tres mil pesos anuales, ó sesenta mil reales vellón, igual á la renta que disfrutaban los consejeros de Indias, manteniéndose con la decencia correspondiente á su elevada categoría.

Al señor Chávez de la Rosa, inmediato sucesor del mencionado señor Pamplona, que también se retiró haciendo dimisión del obispado, se le asignaron cinco mil pesos, los mismos que el actual obispo de Arequipa le satisfizo el tiempo que vivió, siendo de creer que el aumento de dos mil pesos en esta congrua, fuese consiguiente á la licencia que se le concedió para elegir en la América el lugar de su residencia, y tenerse en consideración que en ella, siendo todo más costoso, era necesario acrecer la congrua.

El señor obispo de Ayacucho, expone haberse concedido cuatro mil pesos al señor Orihuela cuando se le admitió la di. misión del obispado del Cuzco, y pide se le asigne la cantidad de tres mil pesos, por ser algo inferior a la renta episcopal de Ayacucho, pensión bien moderada para atender á su modesta subsistencia en Lima; sobre lo cual V. E. resolverá lo que estime conveniente.

Lima, agosto 11 de 1852.

Excmo. Señor:

FRANCISCO Javier

Arzobispo de Lima

Palacio Arzobispal en Lima.

11 de agosto de 1852.

Iltmo. Sr. Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos Dr. D.

Agustin Guillermo Charún.

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Dévuelvo á U. S. I., con el respectivo informe el recurso del Iltmo. señor obispo de Ayacucho, en que hace dimisión del go. bierno de su diócesis. Dios gurde á U. S. I.

FRANCISCO JAVIER

Arzobispo de Lima

Lima, agosto 12 de 1852.

Vista al Fiscal de la Corte Suprema.

CHARUN

Excmo. Señor:

El Fiscal dice: Que atendidos los fundamentos del antecedente informe del M. R. Arzobispo de esta Arquidiócesis, no hay inconveniente en que V. E. se sirva prestar su consenti. miento, para que el R. Obispo de Ayacucho pueda dirigirse á la Santa Sede con el objeto de que se disuelva el vínculo que lo liga con su Iglesia, ni se encuentra alguno tampoco para que de sus rentas se le deje la de tres mil pesos anuales que con tanta moderación solicita dicho Obispo, para mantenerse en esta Capital con el decoro correspondiente á su alta digni. dad. En lo que no está conforme el que suscribe con el Iltmo. S. Metropolitano es, en que al mismo tiempo de solicitarse la disolución del vínculo, se haga la presentación para reempla. zar al señor O'Phelán, Si esto podía tener lugar artiguamente, no parece expedito en el actual sistema, en que la presentación es el resultado de la elección y demás formalidades que prescri. be la ley de 17 de diciembre último. Para que todo esto prece. da, es necesario que haya vacante y no la habrá sino cuando se haya verificado la disolución del vínculo del Obispo con su Iglesia. De consiguiente, no pueden ser simultáneos los actos, sino sucesivos; debiéndose reducir todo, por ahora, al otorgamiento del permiso y asignación de la renta para su caso: en cuyos particulares V. E. resolverá lo que tuviere por más con. veniente.

Lima, agosto 21 de 1852.

ALZAMORA

Ministerio de Justicia y Negocios Eclesiásticos.

Lima, 2 de setiembre de 1852.

Visto este expediente, con lo expuesto por el M. R. Arzobis. po y el Fiscal de la Corte Suprema; y estando el Gobierno persuadido de la justicia de las causales en que funda su renuncia el M. R. Obispo de la Diócesis de Ayacucho: concédeselc la li. cencia que solicita para que pueda alcanzar de Su Santidad la disolución del vínculo de la iglesia de Ayacucho; asignándosele, para después que la obtenga y mientras sus días, la cantidad anual de tres mil pesos (3,000 $) para su decente sustentación, los cuales se deducirán de los productos de aquella mi. tra, y debiendo dictarse entonces, en virtud de la vacante que ocurra, las providencias convenientes para que se procera á la elección y presentación del sucesor, conforme a lo dispuesto en la ley de 17 de diciembre último.

Comuníquese.

Rúbrica de S. E.

CHARÚN (1)

111 Elevada á Su Santidad la renuncia del R. Obispo de Ayacvicho no fué aceptada; pero se le desligó de la obligación de residir en su Diocesis, la cual fué gobernada por los vicarios nombrados por dicho Prelado.

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