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JUAN E. LAMA

SECRETARIO DE LA EXCELENTÍSIMA CORTE SUPREMA DE JUSTICI:

Certifico:

Que á fojas 59 del libro corriente de acuerdos de este Supremo Tribunal, se halla el acta, cuyo tenor es el siguiente:

654.-Reunida, en Sala plena, la Excelentísima Corte Suprema de Justicia, con los señores Vocales y Fiscales que al márgen se expresa, bajo la presidencia del señor Doctor Don Antonio Arenas, dió lectura el Secretario que suscribe al supremo decreto de diecisies del presente mes, en el cual se manda llevar á efecto el pase dado á las Bulas por la cuales se instituye Obispo de la Diócesis de Trujillo al señor Doctor Don Manuel Santiago Medina, que ha manifestado estar llano á prestar el juramento prevenido por la ley para el ejercicio de sus funciones públicas.

En seguida su Señoría el Presidente tomó juramento al expresado señor Medina en los siguientes términos: “ Jurais por Dios y estos Santos Evangelios proceder en sujeción al Patronato Nacional, cumplir la Constitución y demás leyes de la República y llenar fielinente vuestros deberes como ciudadano y como Obispo?" A lo que contestó Su Señoría Ilustrísima. "Si juro”; y concluyó el señor Presidente diciendo: “Si así lo hicie. réis, Dios os premie, y si no, El y la Patrie os lo demanden". Y para constancia extiendo la presente acta, de la cual se remitirá copia certificada al Supremo Gobierno, en Lima, á los veintisiete dias del mes de Julio de mil ochocientos ochenta y nue: ve.- ANTONIO ARENAS. - MANUEL SANTIAGO, Obispo electo de Trujillo.-JUAN E. LAMA.

Así consta del libro y fojas citado á que me remito en caso necesario.

Lima, 30 de Julio de 1889.

JUAN E. LAMA.

Legación del Perú cerca de la Santa Sede.

Plombieres, 20 de Agosto de 1889.

NO 25.

Señor Ministro:

Adjunto tengo el honor de remitir á US., en copia, la comunicación que Su Eminencia el Cardenal Secretario de Esta. do de Su Santidad me ha dirigido con fecha 15 del corriente, en la que, con motivo del juramento que Monseñor Medina, Obispo electo de Trujillo, debía prestar ante la Excma. Corte Suprema, y del incidente que en tal ocasión se produjo, propone los arbitrios que, á juicio de la Santa Sede, podrían solucionar satisfactoriamente este asunto y evitar los que en alelante pudieran surgir en idénticas circunstancias.

Sin instrucciones especiales de US. para tratar tan delicado y trascendental asunto, me limito á acusar recibo á Su Emi. nencia de su citada comunicación y á enviar á US. copia de ella

No dudo que el Gobierno Peruano, al que la Santa Sede ha manifestado siempre, y muy especialınente en estos últimos tiempos, los sentimientos más afectuosos, procurará, en lo que le-concierne, buscar y encontrar los medios de conciliar los intereses de ambas partes.

Dios guarde á US.

JUAN M. DE GOYENECHE.

Señor Ministro de Estado en el Despacho de Relaciones Exte.

riores.--Lima.

[TRADUCCIÓN]

Del Palacio del Vaticano, 15 de Agosto de 1889.

La Santa Sede ha sabido, hace poco, de fuente segura, que á Monseñor Medina, recientemente nombrado Obispo de Trujillo, en el acto de prestar juramento de obediencia á las leyes de la República Peruana, el Supremo Tribunal de Lima quiso imponerle la fórmula pura y simple prescrita por el Gobierno, sin permitir que agregase alguna expresa restricción ó reserva con ja que, de algún modo, se entendiesen salvos las leyes de Dios y los derechos de la Iglesia.

Se ha referido, igualmente, a la Santa Sede, que el Gobierno Peruano, tomando una actitud no común y poco conforme á la gravedad de las circunstancias, ha llegado á dar órdenes severas para que se impidiese, aun con la fuerza, la consagración Episcopal de dicho Prelado, quien, con el único fin de no com. prometer su conciencia, había pedido, pero en vano, agregar una oportuna reserva á la fórmula propuesta del juramento.

Estas noticias han producido tanto más penosa impresión cuanto mayor es la estimación y la confianza que la Santa Se. de pone en el Gobierno Peruano, el cual, católico él mismo, tiene la dirección de un país cuyos habitantes, continuando la gloriosa tradición de sus padres, son sinceramente y profundamente adictos a nuestra Santa Religión.

No es por cierto necesario exponer los justos motivos por los que la Santa Sede no podría consentir en que los Obispos presten juramento á las leyes del Estado conforme a la fórmu. la querida por el Gobierno Peruano. Cualquiera que considere, con ánimoimparcial, los términos de esa fórmula, compren. derá facilmente que, á ellos, siempre que no fuesen atenuados por una expresa declaración ó reserva, podríą atribuirse una significación del todo contraria á la libertad y á los derechos de la Iglesia, que ciertamente el Gobierno Peruano, por los sentimientos católicos que profesa, no tiene en mente verlos conculcados. Exigir, por lo tanto, que los nuevos Obispos prome: tan fidelidad y obediencia á las leyes del país, conforme á tal fórmula, sería lo mismo que violentar su conciencia desde el principio de su Santa Misión, é imponerles obligaciones y vínculos que, siendo incompatibles con los deberes de su ministerio pastoral, se hallarían desprovistos de toda fuerza y yalor.

Es por esto que la Santa Sede, penetrada del vivo deseo de ver conciliados los principios de la Iglesia con las exigencias de la Autoridad Civil, juzga necesario pedir al Gobierno Peruano que se encuentre una justa y satisfactoria solución al desagra. dable incidente antes mencionado, y á los que, en circunstancias semejantes, pudieran producirse en adelante.

A fin de llegar más facilmente á este resultado, el infrascrito, Secretario de Estado, propone uno ú otro de los siguientes arbitrios:

Consistiría el primero, en no poner obstáculo á la expresa reserva de las leyes de Dios y á los derechos de la Iglesia, que los Obispos hiciesen en el acto de prestar juramento. Tal reserra, que no es nueva en el Perú, nada tiene en si que pueda ofender en lo menor á ningun derecho del Estado: en ello no podría verse motivo plausible para encontrar oposición por parte del Poder Civil.

Si el Gobierno del Perú prefiriese declarar que con la fórmula, por él prescrita, no se entiende precisamente que los Obispos estén obligados á hacer cosa alguna contraria á las leyes de Dios y á los derechos de la Iglesia, esta declaración podría constituir el v tro arbitrio, que la Santa Sede no estaría lejos de tomar en consideración. Y con esto entiende dar todavía al mismo Gobierno una nueva prueba de su deferencia y del vi. vo deseo de ver cuanto antes removida toda dificultad, y arreglado el importante asunte del juramento con recíproca satisfacción.

El Cardenal que suscribe, al rogar á Vuestra Excelencia se sirva poner lo expuesto en conocimiento de su Gobierno, abri. ga la esperanza de que, penetrado de las justas razones en que se funda la presente comunicación, y de las graves consecuencias que resultarían de la prolongada vacancia de las Sedes Episcopales, tendrá á bien interponer sus buenos y valiosos oficios á fin de que las protestas de la Santa Sede sean acogi. das por el mencionado Gobierno.

El infrascrito Cardenal se complace, entranto, en confirmar á Vuestra Excelencia los sentimientos de su distinguida consideración.

M. CARDENAL RAMPOLLA.

Al Excmo. Señor Ministro Plenipotenciario del Perú, cerca de

la Santa Sede.

En la actualidad el Arzobispo y Obispos prestan el juramen. to con arreglo á la fórmula prescrita por el siguiente decreto:

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Considerando:

Que el juramento que prescribe el artículo 12 de la Constitución de la República se refiere exclusivante á los funciona. rios designados en ella, entre los que no están designados los Obispos;

Que la fórmula del juramento que prestan esos Prelados ha de estar en armonía con la naturaleza de su cargo y con las relaciones que median entre la Iglesia y el Estado, sin que por esto se hallen exentos, como ciudadanos, de la disposición contenida en el artículo 32 de la citada Constitución;

Decreto:

Artículo único.-El Arzobispo y los Obispos prestarán ju ramento con arreglo á la siguiente fórmula:

¿Juráis por Dios y estos Santos Evangelios obediencia y fidelidad al Gobierno establecido por la Constitución de la República?

¿Juráis, así mismo, no hacer nada que pueda menoscabar la soberania de la Nación ó perturbar su tranquilidad? A lo que contestarán: Si juro. Y concluirá la autoridad llamada á recibir el juramento diciendo: Si así lo hicieréis, Dios os premie, y si , El y la Patria os lo demanden.

El Ministro de Estado en el Despacho de Justicia, Culto e Instrucción, queda encargado del cumplimiento de este decreto, y de hacerlo publicar y circular.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, á los veintiun días del mes de Noviembre de mil ochocientos noventa y ocho.

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