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Es cierto que el Patronato que cjerce el Gobierno descansa hoy en sólida base; pero no puede asegurarse de la misma manera que la extensión, aplicación y ejercicio de sus atribuciones, háyanse acertadamente fijado, y estén tan convencidos, de una y otra parte, que no demanden definición y deslinde más exactos,

Pasando á ocuparnos de las leyes de Igdias, debemos obser: var que al traves de los siglos y aun de los años, varían las cir. cunstancias de las naciones, y debe, por consiguiente, variar su legislación. Pretender que puedan tener hoy el mismo valor y oportunidad todas y cada una de las leyes de Indias, es por lo menos ilógico. Se ha variado nuestra legislación en todo, y no es posible que solamente para la Iglesia, deban regir siempre leyes de otros tiempos, que suponen condiciones de cosas y personas, costumbres y conveniencias ya desaparecidas. Nuestra misma independencia y trasformación en un Estado republicano, ha destruido unas y creado otras nececidades diversas de las que podían tenerse en cuenta en una Monarquía ó Colonia dependiente de ella.

Muchas de aquellas leyes llevaban mal escondido el timbre de la sospecha y de la prevención contra todo lo que no fuera español, ó pasara por España antes de llegar á las Colonias. Algunas de esas leyes pudieran quizás ser oportunas para una Iglesia ó Nación por establecerse, más no, en manera alguna, para una Iglesia ó Nación ya establecida.

La misma España, de quien heredamos nuestra legislación, á pesar de que ha permanecido y aún permanece monárquica, vió la necesidad, y nos dió el ejemplo, de celebrar cuatro con. cordatos con la Sede Apostólica en poco más de un siglo.

No hay, por tanto, razón para decir que la legislación de Indias, sólo para nosotros y tan solo respecto de la Iglesia y de la Santa Sede, sea todavía, á lo menos en todas sus partes, oportuna, cuando nuestra misma antigua madre patria ha sentido la necesidad de variarla.

Otras Repúblicas, hermanas de la nuestra, han comprendi. do también esa necesidad, y el Ecuador, los Estados Unidos de Colombia y los de Venezuela, así como casi todas las Repúbli. cas de la América Central, han estipulado Pactos especiales con el Padre Santo. . Una de las prerrogativas mas nobles del Patronato es la de presentar á Su Santidad eclesiásticos' dignos é idóneos para proveer en ellos los Obispados vacantes. El sistema actual de procedimiento en este asunto de tanta trascendencia para la Iglesia, está consignado en la ley de 1864: más esta, según lo indica claramente el artículo 1o, es transitoria y provisional.

Convendría, pues, que se dictara una ley de caracter esta. ble que facilitara el ejercicio del Patronato, allanando los eno. josos inconvenientes que la experiencia viene manifestando.

Por otra parte, desde el día de la proclamación de nuestra independencia política hasta la fechia, se han dado leyes sobre los bienes eclesiásticos, contra las que nuestros dignos predecesores han protestado más de una vez y cuyo arreglo es recla. mado imperiosamente por la tranquilidad de las conciencias..

Así, vimos con dolor sancionar el artículo del Código Civil, que quita á la Iglesia hasta la capacidad de heredar, comprometiendo, no solo la subsistencia del clero, sino también la fá. brica de las iglesias y el culto que merecerían siquiera como ne. cesidades públicas, estar en el mismo predicamento que la Instrucción y la Beneficencia.

Es notorio que nuestras Catedrales y muchas Iglesias pa. rroquiales, por la acción del tiempo y otras causas, se encuentran sumamente deterioradas y aún ruinosas, reclamando una pronta reparación, sin poder esperar en las actuales condicio. nes del país, auxilios expontáneos de los fieles ó socorros del Supremo Gobierno, en la medida suficiente para remediar una desgracia de tanta trascendencia.

Mas que cegar del todo aquella fuente de recursos, justo y prudente sería reglamentar, con algunas disposiciones, la generosidad de las personas piadosas que, por actos inter vivos ó causa mortis, quisieren favorecer á la fábrica y al culto de las Iglesias.

Hemos visto igualmente publicar la ley sobre abolición de diezmos, redenciones de capellanías y de censos y administra. ción de cofradías. E! 5''precepto de la Iglesia manda pagarlos diezmos, de cuyo obligación han sido relevados los fieles por la ley que subroga dichos diezmos con el presupuesto eclesiásti. co, el cual quedó por largos períodos ineficaz; y aún cuando úl. timamente con el objeto de hacerlo práctico, se ha reducido en más de la tercera parte de su monto, aún así no siempre ha sido cubierto completa ni oportunamente.

En cuanto á la redención de censos y capellanías, si es cierto que ha proporcionado al Erario público alguna entrada pecu. niaria, al par que momentánea, también es igualmente que lo ha recargado, al propio tiempo, con gravámenes perpétuos y de conciencia, como son los de misas, limosnas, etc.; gravamenes que no están en conformidad con lo que recibe y que diciro Erario no satisface.

Esas redenciones, además de haber despojado á la Iglesia de capitales que de todo derecho le pertenecen, torturan hoy las conciencias de innumerables familias que se acogieron á la ley que las autoriza; mal, cuyo único remedio consiste en una dispocición sanatoria del Sumo Pontífice, por lo que respecta al pasado, y en un arreglo en que se consulten la justicia y la equidad para lo futuro, como lo han hecho el Ecuador y otros Estados.

Deploramos también la interdicción puesta á las Cofradías, privándolas de la administración de sus propios bienes y rentas por ser lesivas del derecho que asiste á todo propietario ó usufructuario, ora sea persona física, ora moral. Y hay que considerar que esa ley, que por su indole odiosa debiera interpre. tarse con suma estrictez, se está aplicando, sobre todo en el interior de la República, de un modo tan lato y abusivo, que ya ni las buenas memorias, ni las simples colectas eventuales para las acostumbradas fiestas religiosas en honor de algún Santo, quedarán libres y exentas de aquella interdicción en poco tiempo más. Ni aquí para el daño, sino que alcanza hasta la inversión de los sobrantes en objetos del todo extraño, a la voluntad de los testadores, lo que es un hecho asaz lamentable, y que exi. ge pronto y eficaz remedio.

Esas leyes, otras disposiciones de carácter municipal, por ejemplo, la prohibición de las exequias de cuerpo presente, han producido como consecuencia, más o menos directa, una sensi. ble disminución en la rentas del clero, quien ya de ordinario no cuenta sino con recursos muy escasos é inciertos.

A falta de rentas propias y fijas, muy natural sería que aquel contase siquiera con las eventuales; más aún estas han padecido reducción en los nuevos aranceles eclesiásticos, á insinuación del Supremo Gobierno; reducción que se ha hecho dentro de los límites de lo posible y con no pequeño detrimento de aquella escasa renta y sacrificio de los usufructuarios, empeo. rando esta dolorosa situación de los Párrocos, la contribución eclesiástica, con la circunstancia agravante de los abusos y exacciones que frecuentemente se cometen por los Apoderados Fiscales.

Urge, pues, allanar todas estas dificultades mediante, un arreglo con la Santa Sede, y esto en nada menoscabaría la honra y dignidad nacionales, pues naciones como Alemania, han modificado sus leyes adversas á los derechos de la Iglesia, llegando hasta devolverle los bienes de que antes la habían privado.

Finalmente, no ignora V. E. que á poco del grande hecho de nuestra emancipación política, se dieron leyes y reglamentos sobremanera hostiles á la conservación y al desarrollo y al perfeccionamiento de las órdenes regulares existentes en el Pe. rú. Cortada, en virtud de aquellas leyes, la comunicación de las órdenes regulares (que no fueran anticanónicamente supri. midas) con el centro natural de su Gobierno, no sorprendió á nadie que á manera de ramas arrancadas del árbol, les faltase la sábia vital y comenzasen á decaer sensiblemente, acelerándose su ruina con la violación frecuente de sus claustros convertidos en cuarteles.

En ninguna manera ha de maravillaros E. S., el que los Obispos del Perú deploremos con tanto encarecimiento los ma. les, que afectan principalmente á estas corporaciones, que cuando son observantes de sus reglas, dividen acertadamente el tiempo entre la oración, el estudio, el culto divino público y la administración de sacramentos á los fieles; sirviendo así de eficaces auxiliares á los Obispos y á los párrocos, y de resortes poderosos para la moralización de los pueblos, siendo, adeniás, caritativos remediadores de los menesterosos que acuden á ellos, niediante los ahorros que proporciona el ayuno y la abstinencia.

Felizmente la cordura de los Gobiernos politicos de estos últimos tiempos ha consentido que algunas comunidades reli. giosas de varones observen libremente sus reglas y viielvan á la antigua observancia: reforma que es preciso apoyar para que los conventos recobren su antiguo esplendor y las fuerzas necesarias para llevar su acción civilizadora, no solo a los pueblos del interior, sino también á la multitud de tribus sal. vajes que pueblan nuestras montañas, mediante el estableci. miento de misiones que contribuyan al engrandecimiento de la Iglesia y de la Patria, como actualmente se verifica en el Brasil y otras Repúblicas Sud-americanas, cuyos Gobiernos las pro. tegen directamente por todos los medios posibles.

Creemos haber tocado, aunque someramente, los puntos principales que han menester de reforma con el acuerdo de anbas Potestades.

Solo nos resta pedir á V. E., como lo hacemos, que á mérito de lo expuesto y de mucho que callamos, dejándolo á vuestra alta penetración, os digneis llevar adelante vuestros nobles propósitos, recabando, al efecto, las instrucciones necesarias del Po. der Legislativo.

Para concluir, no será demás hacer presente, que todos los que como V. E. y nosotros han recorrido los pueblos de la Re. pública, están intimamente convencidos de que el sentimiento religioso se halla profundamente arraigado en sus habitantes, y que, por lo mismo, el arreglo de las cuestiones religiosas, respondería muy oportunamente á sus exigencias y justos clamores, lo que, contribuiría del modo más eficáz á la paz y tranqui. lidad de la República y sería un timbre de gloria para vuestra administración.

El Episcopado Peruano espera que esta su representación sea debidamente atendida y pide al Altisimo derrame sus bendiciones y gracias sobre la Patria y el ilustrado Gobierno de V. E. Lima, Setiembre 29 de 1891.

Excmo. Señor: Manuel Antonio, Arzobispo de Lima-Juan Ambrosio, Obispo de Arequipa-Fray Francisco Solano, Obispo de Chachapoyas-Manuel Santiago, Obispo de Trujillo-Ismael, Obispo de Puno-Fray Alfonso Maria, Obispo de Huánuco.

OBSERVACIONES DE LA DELEGACIÓN APOSTÓLICA Á LA MEMORIA

PRESENTADA AL CONGRESO POR EL SEÑOR MINISTRO DE RE-
LACIONES EXTERIORES DOCTOR DON JUAN FEDERICO ELMO-
RE, EN LA PARTE RELATIVA Á LA SANTA Sede. -RESPUESTA
DEL MINISTERIO.

Delegación Apostólica.

Lima, Noviembre 18 de 1892.

Señor Ministro:

Junto con la estimada nota verbal de V. E., fecha 12 de los corrientes, he tenido el honor de recibir el ejemplar de la Memoria de Relaciones Exteriores de 1892, presentada por el Mi. nistro cesante Sr. D. D. Juan Federico Elmore, y que ese H. Ministerio se ha dignado obsequiar á esta Delegación.

En respuesta, cumplo con el deber de agradecer, como agradezco muy de veras, la comunicación de tan importante documento.

Al recorrerlo, con el interés que merece, especialmente en la parte referente á la Santa Sede, he notado que el digno antecesor de V. E., a pesar de felicitarse de que "desde medio siglo, las relaciones con la Santa Sede no se cultiven, como antes, por comunicaciones escritas, sino mediante Enviados Extraordina. rios, que una y otra parte tienen acreditados”, al concluir, dice que "como Ministro de Relaciones Exteriores debe abstenerse de recomendar al Soberano Congreso el Memorandum que los señores Obispos elevaron en 1891 al Poder Ejecutivo para la celebración de un Concordato, por cuanto la Iglesia, no siendo extanjera en el Estado, carece en absoluto del caracter inter. nacionaľ'. (1)

Sin demorarme en apuntar lo que, con referencia al mismo objeto, dice en su respectiva Memoria el señor Serpa, ex-Ministro de Culto, escribiendo: “No dudo de que el señor Ministro de Relaciones Exteriores, á cuyo despacho corresponde la dirección de los asuntos diplomáticos, os dé cuenta del empeño con que los Prelados de la Iglesia Peruara pretenden la celebración

(1) Véase la página 725.

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