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de un Concordato”, me limitaré á notar que solo por equivocación de fórmula puede decirse que la Iglesia carece de caracter internacional por no ser extranjera en el Estado.

Pues, si bien es cierto que la Iglesia, coino Institución uni versal que abraza á todos ó á una gran parte de los súbditos de las varias Naciones, no es extranjera en el Estado, es también cierto que su Jefe, el Romano Pontífice, aun simplemente como tal, por derecho internacional constituído y todavía vi. gente, desde 15 siglos, goza de los honores y privilegios de una verdadera soberanía con derecho de embajada activa y pasiva, y que, por lo mismo, sin interrupción ha mantenido siempre y conserva, aún con la casi totalidad de las Naciones Católicas, relaciones diplomáticas, arreglando siempre toda cuestión de naturaleza mixta directamente con las respectivas Cancillerías de aquellas, ó por el órgano de Plenipotenciarios y con las formas y solemnidades escrupulosamente diplomáticas.

Ni obsta que el objeto de estos tratados sea de indole eclesiástica y relacionado con el Ministerio de Culto, como no obs. ta para los otros diplomáticos hacer tratados sobre comercio, propiedad literaria, extradicción, etc., etc., directamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores aunque la materia sea de la competencia de otros Despachos.

Me permito, pues, llenar la atención de V. E. sobre este particular con el solo objeto de evitar que por conceptos equi. vocados, tomen cuerpo doctrinas contrarias á los augustos derechos é intereses de la Santa Sede, á la que me honro de repre. sentar cerca de esta Católica Nación.

Aprovecho esta nueva oportunidad para reiterar á V. E. el testimonio de mi alta y distinguida consideración.'

JOSÉ MACCHI,
Delegado Apostólico y Enviado Extraordinario

de la Santa Sede,

Al Excino. Señor Ministro de Estado en el Despacho de Rela

ciones Exteriores.--Presente.

Ministerio de Relaciones Exteriores.

Lima, Noviembre 24 de 1892.

Monseñor:

Tengo la honra de contestar la atenta nota de V. E., fecha 12 de los corrientes, en la que después de agradecer á este Despacho el envío de un ejemplar de la última Memoria de Relaciones Exteriores, se sirve llamar mi atención sobre los conceptos emitidos en dicho documento por mi antecesor el Dr. D. Juan Federico Elmore, de que "la Iglesia, no siendo extranjera en el Estado, carece en absoluto de caracter internacional”. Con tal motivo, observa V. E. que el Sumo Pontifice "ha mantenido siempre y conserva aun en la casi totalidad de las Naciones Católicas relaciones diplomáticas, arreglando siempre toda cuestión de naturaleza mixta directamente con las respectivas Cancillerías de aquellas, ó por el órgano de Plenipotenciarios”; y termina V. E. expresando el temor de que por aquellos conceptos del Dr. Elmore “tomen cuerpo doctrinas contrarias á los augustos derechos é intereses de la Santa Sede”.

Mucho he sentido que V. E. haya creído encontrar en las palabras de mi honorable antecesor una interpretación que no estuvo en su ánimo y que claramente no resulta del texto de la Memoria. Debo suponer, pues, que la delicada susceptibilidad de V. E. y su laudable deseo de conservar siempre tan estrechas, como deben serlo, las relaciones entre mi Gobierno y la Santa Sede, han podido sugerir tales temores. Desde que ni el Gobier110, ni el Congreso, han modificado, en lo menor, esas relaciones; desde que V. E. ha sido reconocido en el elevado caracter que inviste, y aun ocupa el isiportante puesto de Decano del Cuerpo Diplomático, no hay motivo alguno para creer que en el Perú sufran, en lo menor, los derechos é intereses que V. E. digna. mente representa.

Y no me detengo á expresar cuál ha sido la mente de miantecesor al emitir los conceptos que han motivado la nota de V. E., porque V. E mismo se encarga de explicarla cuando reconoce que la Iglesia no es extranjera en el Estado; porque como institución universal, abraza á todos ó á una gran parte de los ciudadanos de las naciones católicas.

Aprovecho esta oportunidad para ofrecer á V. E. los senti. mientos de la más alta y distinguida consideración.

E. LARRABURE Y UNANUE. A Exemo. Señor don José Macchi, Delegado Apostólico y En

viado Extraordinario.

BUENOS OFICIOS DEL H. CUERPO DIPLOMÁTICO.

Delegación Apostólica.

Lima, Marzo 18 de 1895.

(Horas 10 a. m.)

Excmo. Señor:

Interpretando los sentimientos, ya de humanidad, ya de afecto profundo, que el Cuerpo Diplomático profesa á esta nobilísima Nación, tengo el alto honor de suplicar, en su nom. bre á V. E., que, en vista siquiera de la mucha sangre perua. na que se está derramando desde ayer en las calles mismas de esta capital, V. E. procure, cuanto esté de su parte, que cese de una vez tanto estrago de vidas é intereses.

Si es tan solo á su persona á la que se hostiliza, y no al principio de autoridad que V. E. representa, más fácil le será á V. E. oír en estos supremos momentos la voz de su patria que, por órgano de las naciones hermanas, implora tregua y paz.

La fidelidad misma y el valor con que hasta ahora ha re. sistido el ejército, dejan completamente á salvo el honor de V. E. y de su Gobierno.

El H. Cuerpo Diplomático, pues, ofrece sus buenos oficios para cualquier tratado de arreglo con los señores coali. cionistas.

Dios guarde á V. E. muchos años.

José Macchi,
Delegado Apostólico y Enviado Extraordinario

de Su Santidad.

Al Excmo. Señor General D. Andrés A. Cáceres, Presidente de

de la República del Perú.- Presente.

Lima, Marzo 18 de 1895.

Excmo. Señor:

Me he impuesto, con la debida atención, del apreciable oficio de V, E., fecha de hoy, en que me manifiesta que, interpretando los sentimientos, ya de humanidad, ya de afecto pro. fundo que el Cuerpo diplomático profesa á esta Nación, se sirve suplicarme, en su nombre, que cuide, por cuanto esté de mi parte, de que cesen de una vez los estragos que viene acarrean. do la lucha de que actualmente es teatro esta capital, si es tan solo á mi persona á la que se hostiliza y no al principio de autoridad que represento, ya que la fidelidad misma y el va. lor con que, hasta ahora, ha resistido el ejército, dejan com. pletamente á salvo el honor de mi Gobierno y el mío propio.

Siempre dispuesto á procurar, con la más sincera voluntad, la solución pacífica del conflicto en que está empeñado el país, no puedo menos de aceptar, con el acuerdo de los seño. res Ministros de Estado, que en estos críticos momentos me acompañan, el generoso ofrecimiento de V. E., porque responde al anhelo que me anima ahora, con mayores motivos que antes, en presencia de la situación que atraviesa, actualmente, esta capital, cuyas responsabilidades no afectan, de ninguna manera, á mi Gobierno, que no hace más que sostener en esta contienda el principio de autoridad, como la prenda más segura de la paz y del orden, mucho menos á los pueblos que, en su mayor parte, permanecen adictos á la causa constitucional que represento, ni al valeroso ejército que V. E. ha sabido ca. lificar con justo criterio.

Me es grato, pues, comunicar á V. E., que está autorizado, por mi parte, el doctor don Manuel Irigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores, para entenderse con V. E. acerca de los arreglos de que se trata.

Sírvase V. E. aceptar, por su parte, y expresar al H. Cuerpo Diplomático el testimonio de mi reconocimiento.

Dios guarde á V. E.

ANDRÉS A. CÁCERES.

Ministerio de Gobierno, Policía

y Obras Públicas.

Lima, Marzo 19 de 1895.

Señor Director de la Sociedad de Beneficencia de esta capital.

A solicitud del H. Cuerpo Diplomático, residente en Lima, se ha acordado un armisticio de veinticuatro horas, á partir de las dos de la tarde de hoy, con el objeto de inhumar á los muertos y recoger á los heridos que se encuentran en esta ciudad.

Por ausencia momentánea del Señor Ministro de Justicia, he creído necesario dirigirme á US., poniendo ese hecho en su conocimiento, á efecto de que, por parte de esa institución, se ponga todo esfuerzo para atender, á la brevedad posible, á ese servicio humanitario, que redunda, además, en beneficio de la. salubridad pública.

Del reconocido celo de US. espero que, á la brevedad posible, hará recoger, con los carros mortuorios, los cadáveres que serán depositados por los agentes municipales en las pa. rroquias de esta capital.

Dios guarde á US.

J. SALVADOR CAVERO.

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