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FIESTAS DEL 20 DE SETIEMBRE

Delegación Apostólica.

Lima, 23 de Setiembre de 1895.

Señor Ministro:

No ignora V. E. que la violenta ocupación del mundo católico, llevada a cabo el día 20 de Setiembre de 1870, además de derribar la más legítima y veneranda monarquia de Europa, creó, entre la Santa Sede y el Gobierno de Italia, un conflicto político-religioso de universal trascendencia, colocando, á la vez, al Jefe Espiritual de la Iglesia en una situación, bajo todo aspecto, difícil é intolerable, sin que ningún arreglo, fó modus vivendi, haya venido, hasta ahora, á aliviarla siquiera.

Esto supuesto, siendo los dos recuerdos, del día y del ultraje, inferidos al Papado, absolutamente inseparables, la visita oficial y la asistencia del Supremo Gobierno á las ruidosas y públicas fiestas con que la colonia italiana en Lima ha celebra. do este año la fecha aludida, me obliga, muy á pesar mío, á hacer constar por nota que, cultivando la Silla Apostólica relaciones diplomáticas con el Perú, toda participación en la conmemoración del día 20 de Setiembre, se considera, y se considerará siempre, por el Soberano Pontífice, mi Augusto Señor, á lo menos, como un sensible olvido de las reservas que la práctica y cortesía internacional imponen en casos análogos. He dicho á lo menos, porque los misinos diarios de la colonia, en el edi. torial de su número extraordinario, confesaron, abiertainente, que, en la fecha mencionada, se obró “un asalto á la Iglesia y al genio católico-apostólico-romano, al Imperio de Roma, bajo la forma sutil, pérfida é inmensa de la autoridad espiritual”, y se consumó "el triunfo del derecho humano, único, que emana de Dios, sobre la usurpación de una casta, que arrogándose representación divina, pretende imponer al Mundo el peso de una triple corona, con imperio absoluto sobre las almas y los cuerpos, en el tiempo y en la eternidad.”

Aprovecho, señor Ministro, esta nueva ocasión para reite. rar á V. E. las seguridades de mi alto y distinguido aprecio.

José MACCHI
Delegado Apotólico y Enviado Extraordinario

de Su Santidad

Al Excmo. señor Ministro de Relaciones Exteriores,

Ministerio de Relaciones Exteriores.

Lima, 25 de Setiembre de 1895.

Monseñor:

He tenido la honra de recibir la atenta nota de V. E., de fecha 23 del que rige, en la que se ocupa de la trascendencia que tuvo la ocupación de Roma el día 20 de Setieinbre de 1870, expresando, al mismo tiempo, que los recuerdos del día y del ultraje inferidos al Papado, son absolutamente inseparables; por lo que, y en atención á que la Silla Apostólica cultiva relaciones diplomáticas con el Perú, V. E. se vé obligado á hacer constar que la visita oficial y la asistencia del Gobierno á las fiestas con que la colonia italiana en Lima ha celebrado, este año, la fecha aludida, se considerará por el Soberano Pontífice, á lo menos, como un sensible olvido de las reservas, que la práctica y cortesía internacional imponen en casos análogos.

Concluye V. E. trascribiendo algunos conceptos, emitidos por los diarios de la colonia, con motivo de dicha fecha.

Me es grato contestar á V. E. afirmando, desde luego, que es, del todo inexacta, la noticia que V. E. ha recibido acerca de la visita oficial, pues tal hecho no ha tenido lugar.

Después de deplorar que V. E. no haya sido bien informado al respecto, cábeme asegurar también que mi Gobierno no ha incurrido en olvido alguno sobre las reservas que la práctica y la cortesia le imponen; porque su asistencia á las fiestas italia. nas se ha verificado siguiendo una costumbre establecida y en prueba de deferencia á una colonia numerosa y respetable, sin que ahora, ni antes, haya entrado, en el ánimo de rni Gobierno, el asociarse, en determinado sentido, á una manifestación político-religiosa

Y no puede interpretarse de otro modo la intención del Gobierno, desde que no es posible suponer que éste deseara con: trariar los sentimientos religiosos del país, ni tampoco herir la susceptibilidad de un representante diplomático, tan altamente colocado como V. E., y por quien tiene motivos de especialisima consideración. El hecho de la asistencia de los represen. tantes del Gobierno á las fiestas que celebran periódicamente las diversas colonias extranjeras de Lima, no significa, en resumen, otra cosa que una relación de simpatía con ellas mismas, sin que esto alcance á las ideas que pueden desprenderse de la conmemoración de esas fiestas.

Al expresarme así, en nombre de mi Gobierno, me complazco en esperar que V. E. no solo en vista de la rectificación del dato en que ha fundado, sin duda, preferentemente las observaciones hechas á esta Cancillería y de la declaración de que ha dejado constancia en seguida, quedará persuadido de que mi Gobierno no ha faltado á las reservas de que V. E, habla en su nota, de la que me ha sido sensible enterarme, tanto por el concepto en ella contenido, cuanto purque esta Cancillería lamentą, muy de veras, cualquiera divergencia de sentir con la digna mi. sión de V. E.

Aprovecho de esta oportunidad para reiterar á V. E. las seguridades de ini alta y distinguida consideración.

M. F. Porras.

Al Excmo. Monseñor José Macchi, Delegado Apostólico y En

viado Extraordinario de Su Santidad.

Delegación A postólica.

Lima, 28 de Setiembrede 1895.

Señor Ministro:

Sin ánimo de prolongar indebidamente la discusión, sobre el punto á que se refiere mi oficio del 23 del que rige, y el muy respetable de V. E. del 25, véome precisado á dirigir á V. E. la presente réplica.

La noticia de la visita oficial de V. E. y del edecán de Go. bierno á la Legación Italiana, fué dada editorialmente al público por el más importante ógano de publicidad que posee es. ta capital, y al no verla desmentida, tuve que creerla. Ahora

que la autorizada palabra de V. E. me asegura que tal he. cho no se ha realizado, acepto y agradezco, muy de veras, la rectificación,

V. E., en 'seguida, afirma que la participación del Gobierno en las fiestas italianas se ha verificado siguiendo una costum. bre establecida, y en prueba de deferencia, á una colonia numerosa y respetable.

Permítame V. E. que le haga notar que, por cuanto consta á esta Delegación, una sola vez, el Presidente señor General Cáceres, y otra, su sucesor, el señor General Morales Bermu. dez, asistieron, acompañados de algun Ministro, al paseo de la Exposición; y á pesar de que la fiesta no revistiese, entonces, la solemnidad de este año, sin embargo, miantecesor Mon. señor Carvicchioni y yo creírnos de nuestro deber expresar ver. balmente nuestras protestas.

Por esos dos hechos, no parece haberse establecido una verdadera costumbre.

Agrega V. E. que el Supremo Gobierno, al asociarse á las fiestas que nos ocupan, no ha deseado contrariar los senti. mientos religiosos del país, ni tampoco herir la susceptibilidad de esta Delegación.

Estoy muy lejos de poner en duda cuanto se contiene en las anteriores declaraciones, dándome, además, por muy agradecido de los conceptos con que V. E. me favorece.

Empero, ruego á V. E. quiera dar atención á los motivos que obran en mi ánimo para la presente insistencia. Es un he. cho, que por delicadas y rectas que sean las intenciones del Supremo Gobierno al concurrir á la conmemoración del 20 de Setiembre, el pueblo católico y la misma colonia dan á su asis. tencia un alcance diverso del que quiere atribuirle el mismo Gobierno. Prueba de ello son las protestas de los primeros y el editorial de “La Voce d' Italia”, reproducido en el número 19,960 de “El Comercio”, en que se afirma que “Los Estados y las Naciones de todo el Mundo, al asociarse cada día más (lo cual es de todo punto inexacto) á sus alegrías en la indicada fecha, no solo aceptan los hechos consumados, sino que reconocen su legitimidad y reverencian su derecho."

. Y aun sin esto, toda vez que, de hecho, una potencia se da por aludida y ofendida con las fiestas de alguna colonia, máxi. me cuando los mismos órganos de esta consignan, de antema. no, ese concepto ofensivo para aquella, creo que el Supremo Gobierno, no ligado por ningún precepto de etiqueta interna. cional, no puede dispensarse de una conducta absolutamente reservada, cualquiera que sea la importancia y la respetabili. dad de la colonia.

Considero, señor Ministro, este principio de una importan. cia capital, y estoy convencido de que abundan en él los Representantes de cualquiera Nación, y de que, en igualdad de circnnstancias la invocarán los de Italia y del Perú.

Ahora bien, para que el día 20 de Setiembre sea estimado por los Gobiernos amigos como una fecha luctuosa para el Pontificado y la misma Iglesia, debería bastar, á no dudarlo, la palabra del Papa y de sus Representantes.

Podría convenir con V. E en que, por lo general, la asistencia de los Representantes del Gobierno á las fiestas que celebran periódicamente las colonias extranjeras residentes en Lima, no significa otra cosa que una relación de simpatía con ellas, sin que esto alcance á las ideas que pueden desprenderse de las conmemoraciones de esas fechas; pero hay que observar que si, por fortuna, todas las demás colonias, aquí existentes, hacen coincidir su fiesta con la de etiqueta internacional, que, por su puesto, no lastima, ni puede lastimar, las susceptibilidades de ningún otro representante diplomático por solemnizarse fechas y acontecimientos que el olvido, ó algún tratado de paz, han sancionado, la colonia italiana, haciendo caso omiso del nata. licio del Rey y de la fiesta nacional del Estatuto, quiso escoger una fecha que, si recuerda para unos el pretendido cumplimien. to de la unidad italiana, recuerda también, por correlación ló. gica é imprescindible, el destronamiento del Papa y el principio de su presente cautiverio. . Al dejar constancia de estas declaraciones, doy por concluí. do el incidente, renovando á V. E. las seguridades de que esta Delegación queda, como antes, decidida á cultivar con esa Cancillería las más cordiales relaciones, al mismo tiempo que reitera á V. E. los sentimientos de distinguida consideración.

José Macchi.
Delegado Apostólico y Enviado Extraordinario.

de Su Santidad.

Al Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores dol Perú

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