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Al tener hoy el honor de dirigirme á V. E. con el fin de lla. mar la atención del Supremo Gobierno sobre el proyecto de ley aprobado por la H. Cámara de Diputados, en su sesión del martes 13, con relación al matrimonio de los no católicos, no es mi ánimo fiscalizar, de ninguna manera, la alta labor de dicha Asamblea, hacia la cual profeso el debido respeto, sino ha. cer algún reparo en guarda de los intereses religiosos que están confiados á mi representación y que considero seriamente amenazados.

Podría quizás, absolutamente hablando, prescindir del fon. do del proyecto en todo lo que se refiere á la reglamentación que se quiere dar al matrimonio de no católicos entre si. Sin embargo, no dejaré de observar que el aludido proyecto, sin ceñirse á las exigencias de los interesados, cuya pretensión consistía tan sólo en que se inscribieran en el registro civil sus mismos matrimonios, esto es, los contraídos según su rito ó ley, ha querido introducir para ellos, tal vez como primer paso pa. ra una legislación más general, una forma nueva en el Perú, la civil, sin reflexionar quizás que también para los Protestan. tes y los mismos Judíos el matrimonio fué siempre, y es toda. vía, un acto eminentemente religioso; de suerte que su gran mayoría podrá sufrir el contrato civil como una imposición ó una formalidad más; pero no estimarlo como una práctica conforme á sus creencias y aspiraciones.

Es tan hermoso, consolador y provechoso para el bien de la sociedad el ideal de un hogar que surge bajo los auspicios de ia Religión, cualquiera que ella sea, que toda tentativa de suprimir ó debilitar esa institución debería ser vivamente deplo. rada, pues tendría por efecto necesario autorizar, en cuanto depende del legislador, la fundación de hogares meramente pa.

ganos; los que, inaugurándose sin la bendición de Dios, fácil y lógicamente desterrarán de su seno asin los demás sacramen. tos que sirven para la regeneración y cultivo espiritual de la prole. ¡Pluguiera á Dios que los países en que impera el pseudo-matrimonio civil, no tuviesen que lamentar ya tamaño de. sorden! No son de menor alcance las consecuencias disociado. ras de la familia que ocasiona ahí ese dualismo entre el matri. monio civil y el religioso; los que fundados sobre legislaciones diferentes y antagónicas dan lugar diariamente á mil conflictos é inconvenientes; sobre todo, cuando, según acontece con frecuencia, se pretende desvincularse de uno de ellos para pasar al otro, cambiando, por supuesto, de consorte, so pretexto de que el Estado no reconoce como legítimno el matrimonio de la Iglesia, ni la Iglesia el del Estado.

Además, no obligando ese proyecto á los contrayentes á declarar ante el Alcalde si son ó nó católicos, abre ancha puer. ta al abuso y escándalo, pudiendo aprovechar, del arbitrio ofrecido á los no católicos, aún los católicos poco escrupulo. Sos.

Pero mi ohjeto principal, al escribir la presente, es lamen. tar, como lamento muy de veras, el que, en el proyecto, mu. chas veces citado, se ha pretendido incluir también los inatri. monios mixtos. No se trata ya, pues, de legislar acerca del matrimonio de los no católicos, sino acerca del matrimonio de los mismos católicos, sin que para ello concurriese necesidad ó excusa ninguna; pues, no puede negarse que esta materia es de exclusiva competencia de la Iglesia. Ni se diga que se ha contemplado el solo caso en que la Santa Sede niega la dispensa de disparidad de cultos; pues esta misma cláusula entraña una especie de coacción y amenaza para la misma Igle. sia [intentando obligarla á permitir siempre y á todo trance esos matrimonios] á la vez que alienta la rebelión de la parte católica, allanándole el camino para eludir la negativa y, por fin, apostatar.

I, en efecto, no podría el cónyuge católico, en este caso, op. tar por el matrimonio civil sin iomper, tarde o temprano, de. finitivamente con su religión.

Es notoria la maternal condescendencia con que la Iglesia, habiendo causales, tolera los matrimonios mixtos; la que, si alguna vez niega el permiso, no es por móviles humanos, sino por motivos de mucha trascendencia, que, directa o indirecta. mente, se rozan con la salud espiritual y eterna del esposo ca. tólico y de la prole. I si, en tales circunstancias, la ley viene en ayuda de su obstinación, dígase lo que se quiera, es claro que precipita al infeliz en un estado bajo todo aspecto anormalísimo ante la Iglesia y la misma sociedad.

Esto supuesto, señor Ministro, me ha parecido indispensa. ·ble prevenir á V. E. que la Silla Apostólica considera el proyec. to á que me he referido, como altamente ofensivo á la autori. dad y libertad de la Iglesia, y, al propio tiempo, como muy pernicioso á los fieles de esta católica Nación.

Reitero, con este motivo, á V. E. las seguridades de mi al. ta y distinguida consideración.

JOSÉ MACCHI,
Delegado Apostólico y Enviado Extraordinario

de Su Santidad.

Al Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Pe.

rú.-Presente.

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Me es honroso avisar recibo á V. E. de su estimable nota, fecha 15 del actual, por la que se sirve llamar la atención de mi Gobierno sobre el proyecto de ley, recientemente aprobado en la H. Cámara de Diputados, respecto al matrimonio de los no católicos. Al efecto, y protestando V. E. que no es su ánimo fiscalizar la labor de dicha Cámara, se digna hacer diver. sas observaciones con el fin de demostrar, en guarda de los intereses religiosos que le están confiados, que ese proyecto es, en concepto de V, E., ofensivo á la autoridad y libertad de la Iglesia, al propio tiempo que pernicioso á los fieles de esta República.

En respuesta, me es grato decir á V. E. que el Gobierno ha tomado debida nota de esas observaciones, debiendo agre. garle, que el asunto á que se refieren no le permitiría, en ningún caso, en su estado actual, ingerencia alguna; pues, como V. E. sabe, nuestras Cámaras legislativas, en virtud del derecho de iniciativa que la Constitución acuerda á los Representantes,

tienen el de discutir, con entera libertad, todo proyecto de ley, cualquiera que sea su naturaleza ú objeto.

Con este motivo, renuevo á V. E. las protestas de mi alta y distinguida consideración.

E. DE LA Riva AGÜERO.

Al Excelentisimo Monseñor José Macchi, Delegado Apostólico

y Enviado Extraordinario de Su Santidad.

INSTANCIAS ECLESIÁSTICAS

Protocolo

Reunidos en el Despacho de Relaciones Exteriores, los infrascritos, Enrique de la Riva Agüero, Ministro del Ramo, y Monseñor José Macchi, Delegado Apostólico y Enviado Extraordi. nario de Su Santidad, expuso el primero: que el procedimiento que actualmente se observa en el Perú, en los juicios eclesiásti. cos, es el establecido por Su Santidad Gregorio XIII, en Breve expedido el 15 de Mayo de 1573, mandado cumplir y ejecutar, en todas sus partes, por la real Cédula de 7 de Mayo de 1606, que es la ley X, título IX de la Recopilación de Indias. Que este Breve dispone que siempre que aconteciere apelarse de las sentencias dadas, así en las causas criminales, como en cuales. quiera otras concernientes al fuero eclesiástico, si la primera sentencia se hubiese pronunciado por algún Obispo, se apele para su Metropolitano, y si la dicha primera sentencia fuese pronunciada por éste, se interponga la apelación para el Ordi. nario sufragáneo más cercano-Que, en consecuencia, con este precepto, se reconoció en la República, coino Tribunal de alza. da, para las sentencias pronunciadas por el Metropolitano, el del Obispo de Ayacucho, por ser entónces el más cercano á Lima. Que, en rigor, no sucede lo mismo hoy, en que, las relaciones de las localidades no dependen tanto de las distancias, cuanto de los medios de comunicación que las unen, pues hay actualmente Diócesis con la que ésta es más facil de Lima, que con la ya citada de Ayacucho. Que esta circunstancia impone, á juicio de su Gobierno, un cambio provechoso para el buen servicio en el orden eclesiástico, y es el de que la Diócesis de Arequipa, sea el Tribunal Apostólico para conocer, en segunda instancia, de las sentencias pronunciadas por el Metropolitano, porque la comunicación con dicha Ciudad, se ha hecho fa. cil, frecuente y rápida, lo que no sucede tratándose de la de Ayacucho. Que, por tales circunstancias, se permitía proponer, al Excmo. Señor Macchi, la modificación que acaba de ex. presar, no dudando que, por su parte, le prestaría benévola y favorable acogida.

El Excmo. Señor Macchi expuso: que, penetrado de las poderosas razones que aconsejan la modificación propuesta por el Señor Ministro de Relaciones Exteriores, y, teniendo en cuenta el provecho que de ella reportará la jurisdicción eclesiástica, la acepta, por su parte, ad-referendum, á nombre de la Santa Sede.

En consecuencia, acordaron los infrascritos extender el pre. sente Protocolo, cuyas ratificaciones, por las Altas Partes con. tratantes, serán oportunamente canjeadas; debiendo entrar el en vigencia sesenta días después del canje.

Hecho, por duplicado, en Lima, á los diez y ocho días del mes de Setiembre de 1897.

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El Congreso, en vista del adjunto dictamen de la Comisión Diplomática, y en ejercicio de la atribución 16%, artículo 59 de la Constitución, ha aprobado el Protocolo celebrado el 18 de Setiembre último, entre el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú y el Delegado Apostólico y Enviado Extraordinario de Su Santidad, para costituir al Diocesano de Arequipa, en

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