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'exequatur como Cónsul de dicha Nación en Puerto Plata. Esta resolución fue publicada en el periódico oficial en fecha 2 de diciembre de 1876 y bajo el número 150. El Dr. Silva se dió por notificado, pues que, según parece, se quejó de ella en los perió. dicos de la época, y además, se ha abstenido de cruzar ninguna comunicación con este Ministerio, siquiera hubiera sido para llenar las fornias que la urbanidad exigía.

Los señores firmantes de la protesta, deben, pues, considerar con cuanto sentimiento habrá visto mi Gobierno, que á pesar de esos documentos, hayan ignorado una circunstancia que los hubiera puesto en el caso de obrar con más acierto, y al Gobierno el de no lamentar el nuevo embarazo que SS. SS. le han venido á presentar en medio de los que está combatiendo.

Por estas razones, mi Gobierno me ha encargado declarar á SS. SS. que no puede acoger la protesta de SS. SS. á que me he referido en esta nota, porque además de fundarse en un hecho falso, es, á todas luces, inmerecida é injusta.

Con sentimientos de distinguida consideración, me suscri. bo de SS. SS. atento servidor.

FELIPE D. FERNANDEZ DE CASTRO.

A los Señores Delegado Apostólico Iltmo. y Rydmo. Arzobispo

de esta Diócesis, Señores Cónsules y Vice Cónsules de las Naciones amigas de esta República.

Secretaria de Estado de Relaciones Exteriores.

Santo Domingo, Enero 18 de 1878.

Excelentísimo Señor:

El infrascrito, ha dado cuenta á su Gobierno de la carta oficial que le ha dirigido V. E., con fecha 5 de diciembre, en que le participa la queja que su Gobierno formula, por el atropellamiento cometido por las autoridades locales de Puerto Plata, contra el Cónsul del Perú en aquel puerto, y le encarga diga á V. E., que no ha sido menor su sorpresa, que el sentimiento que le ha causado ver que ese Gobierno haya sido tan mal informado acerca de los hechos que allí han pasado, que haya podido creerse agraviado por ellos.

En efecto, Excmo. señor, por las copias adjuntas y por la "Gaceta” de Gobierno que también acompaño á este pliego, verá V. E. que el doctor Silva no tenía el caracter de Cónsul de esa Nación, cuando los ataques repetidos de Puerto de Plata hicieron proceder á su arrestación. Más de un año hacía que el Presidente Gonzalez, que regentaba la anterior administración le había retirado el exequatur que antes se le había dado, y en ese lapso de tiempo ni el señor Silva se había comunicado con el Gobierno, siquiera para felicitarlo en su advenimiento al poder, ni el Gobierno de V. E. había pedido aclaración alguna sobre la revocación del exequatur.

No cree el Gobierno dominicano que porque un individuo cualquiera deje de gozar de las inmunidades consagradas por el Derecho Internacional, haya derecho para atropellarlo sin motivo; pero si cree, que cuando ese Gobierno se ve agredido y que corre la sangre en las poblaciones, cuya guarda le está encomendada, es de su deber atender á la salvación de la sociedad amenazada, aun saltando sobre inmunidades más sagra. das, como lo sabe V.E., por la relación que nos hace la historia de la conspiración de Cellamare y otras.

Es preciso que V. E. sepa que el doctor Silva no es peruano sino cubano, ardiente partidario de la independencia de su país, sentimiento que nosotros aplaudiríamos con toda la efu. sión de corazón á que nos dan derecho los esfuerzos que hemos hecho y haremos por adquirir y conservar nuestra propia in. dependencia, sino fuese porque Silva, para contribuir á ese fin, viene, desde años atrás, queriendo poner y quitar Gobiernos, según calcula que puedan favorecer más ó menos sus miras. Cuando en el año 1874 se convenció que el Gobierno del Presi. dente Baez, que había dado hospitalidad á la emigración cubana, no quería apartarse de la senda de estricta neutralidad que se había propuesto seguir en sus relaciones con las potencias amigas y que en fuerza de esa neutralidad no consentía que desde el territorio dominicano se hostilizase á España, se concertó con el entonces Gobernador de Puerto Plata, Ignacio M. Gonzalez, para que traicionase al Presidente Baez, y lo favoreció con la cooperación de los cubanos y socorros efecti. vos que tuvieron por resultado la revolución de 25 de noviem. bre y la caída del Gobierno. Como Gonzalez había subido á la presidencia, ligado por sus compromisos con los cubanos, hu. bo de tolerar la hostilidad no disfrazada de que aquellos hacían alarde contra España, hasta que el Capitán General de la Isla de Cuba, quiso poner cóto á ese desórden enviando un comisionado para que hiciera entender á Gonzalez, que no le

quedaba más camino que ser, o amigo ó enemigo descubierto de España: la elección no podía ser dudosa, y Gonzalez firmó el Tratado de 14 octubre de 1874.

Tan pronto como tuvo lugar este acontecimiento, Silva volvió la espalda á Gonzalez y se unió á Luperón, Peña y demás partidarios del partido anti-español, y con ellos formó parte de lo que ellos llamaron la “Liga de la Paz," que trajo la caída de Gonzalez. Subió a la presidencia Espaillat, y compuso su Ministerio de Luperon, Peña y otros miembros de La Paz," con lo cual, Silva, y su cohorte de cubanos, esperaron el momento de romper el Tratado español; pero la revolución se presentó de nuevo, é hizo ocupar el mando, solo por cuarenta días, al cabo de los cuales vino al poder la actual administración.

Perseverante, siempre Silva en su propósito, trabajó para el encumbramiento de Luperon, de cuyos sentimientos hostiles hácia España estaba seguro. Cuando él estaba en sus manejos luperonistas, surgió en Puerto Plata un levantamiento de ca: racter gonzalista, en el cual se derramó mucha sangre dominicana; movimiento que el Gobierno reprimió. A consecuencia de ese sangriento desórden, el Gobierno se vió en la necesidad de hacer muchas arrestaciones, y, sin embargo, el doctor Silva no fué molestado; porque el Gobierno que no obri por pasiones, sabía que no tenía parte en aquella perturbación. Pero más tarde, en el mes de noviembre del año próximo pasado, volvió á resonar un grito de rebelión en el mismo Puerto de Plata, y éste era ya obra de Silva, quien había lanzado á las calles á Segundo Imbert y demás luperonistas con sus cubanos. En semejante coyuntura, seguro el Gobierno de que el alma de la rebelión era Silva, cuando aún, vencida la rebelión en las calles, se rehacia y combatía en los alrededores de la ciudad. ¿Debía el Gobierno cruzarse de brazos y consentir que conti. nuase dirigiendo y animando la rebelión, al que él consideraba uno de sus principales agitadores? V.E.comprenderá, fácilmen: te, que las autoridades locales no podían tener en mira en aquel momento más que la represión del levantamiento, y que así hubiera sido un Embajador de la potencia más amiga, hubiera sido preso y separado del lugar en que tanto perjudi. caba.

En el caso presente, no se encontraba la autoridad local en el duro caso de tener que pasar por sobre las inmunidades de la persona; porque el doctor Silva no tenía caracter consular. Es regla, generalmente reconocida, por todos los autores de Derecho Internacional, que esa investidura no se recibe en los Cónsules, sino cuando están provistos del respectivo exequa. tur, y como verá V. E., por el periódico oficial que le incluyo, Silva había dejado de ser Cónsul desde la revocación de su exequatur. Las autoridades dominicanas debieron considerar ese como un hecho consumado, cuando en el trascurso de tanto tiempo el Gobierno Peruano no había tenido á bien averiguar siquiera los motivos de esa renovación, ni el renovado hiciera la menor reclamación á este Gobierno, á quien jamás ha dirigi. do ni las comunicaciones de cortesía.

El doctor Silva, además, fué arrestado por la fuerza de la necesidad; pero no podría quejarse de que no se le hayan tenido todas las consideraciones que tenía derecho á esperar, pues traido á la capital, luego que se sintió enfermo, pudo retirarse libremente á una casa particular, donde permaneció hasta que mejorada su salud, salió para el extranjero, según lo había pedido.

No me detengo, Excmo. señor, en el hecho que se ha supuesto de la profanación de la bandera peruana, porque ni es un hecho probado, ni el pabellón de una Nación puede servir de abrigo más que á los que tienen el caracter adecuado para reclamar su inmunidad. En todos los demás casos, pierde su sagrada significación.

Aprovecho esta ocasión para ofrecer á V. E., Excmo. Señor, la seguridad de mi más distinguida consideración.

Felipe D. F. de CASTRO.

Al Excmo. Señor Dr. D. J. C. Julio Rospigliosi, Ministro de Re

laciones Exteriores del Perú.-Lima.

ANEXO

"GACETA" DE SANTO DOMINGO.

Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores.

Por resolución de S. E. el Jefe Supremo de la Nación, se ha revocado el exequatur, al señor D. M. Ramón Silva, como Cónsul de la República del Perú, en Puerto Plata; y se publica para general conocimiento.

Santo Domingo, Noviembre 21 de 1876.

D.O.-El Oficial 1o de la Secretaría.

FRANCISCO HERNÁNDEZ.

SUECIA

DISOLUCIÓN DE LA UNIÓN CON NORUEGA

(TRADUCCIÓN)

Ministerio de Relaciones Exteriores.

Estocolmo, 26 de Octubre de 1905.

Señor Ministro:

Después de los sucesos realizados el 7 de junio último, en Noruega, y de la resolución adoptada por los poderes públicos de Suecia, de dar, bajo ciertas reservas encaminadas á salvar el honor y cautelar los intereses de la Suecia, su consentimierito para la disolución de la unión que existía desde 1814 entre ambos países, entabláronse negociaciones en Karlstad con el fin de llegar á una inteligencia respecto á dichas reservas, y de sentar para lo venidero, evitando, hasta lo posible, toda causa de equivocación, una base sólida y duradera de las relaciones entre los dos países.

Habiéndose establecido esta inteligencia, y habiendo el Parlamento sueco, á insinuación del Rey, consentido por lo que respecta á la Suecia, en la abrogación del Tratado de unión de 1815 y disolución de esta, el Rey ha promulgado una lev, declarando la abrogación de dicho Tratado de unión, y reconociendo á Noruega como Estado completamente separado de Suecia. Al mismo tiempo su Majestad ha renunciado, para sí y para su dinastía, á la Corona de Noruega.

Al tener el honor, de conformidad con las órdenes de su Majestad, de poner lo que precede en conocimiento de V. E.,

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