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para ser reemplazado por un sistema diametralmente opuesto!

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"Oh! pueda yo algun dia gloriarme de haber preparado las mejoras de vuestra suerte! decia Henríquez. ¡Pueda el primer escritor de la revolucion chilena ver el triunfo de la libertad americana; e inspirado o de Clio o de Melpomene, ocupada la mente de la admiracion de grandes hechos, pueda celebrar a los héroes patrios!" (1).

Tal era la recompensa que el primer diarista de la independencia pedia en compensacion de su fatigosa tarea.

Dios le concedió la realizacion de la primera parte de su voto.

Camilo Henríquez al morir pudo contemplar a Chile independiente i libre, i en camino de llegar à constituirse i de alcanzar los progresos, por que los padres de la Patria habian anhelado.

Su existencia no fué bastante larga para que juntamente pudiera ser el apóstol i el historiador de la revolucion.

Lo que Camilo Henríquez pretendia como un premio ha sido impuesto a otros que no pueden alegar ni sus méritos ni sus servicios como el cumplimiento de un grato deber.

La lei orgánica de la Universidad ha querido que cada año uno de sus miembros venga a recordar las acciones de nuestros mayores para que encontremos lecciones provechosas en el cuadro de sus virtudes o de sus estravíos.

Designado por el señor rector para desempeñar

(1) Aurora de Chile, fecha 27 de agosto de 1812, tomo 1, núm. 20.

este encargo en la presente ocasion, he pensado que el mejor modo de corresponder al honor que me hacía era presentar un bosquejo: exacto, aunque suscinto, de los obstáculos, particularmente morales, que se oponian a la concepcion, i mucho mas, a la realizacion de la independencia de la América Española; i de los esfuerzos, por lo jeneral ignorados, de los primeros que en Chile prepararon la ejecucion de tan osado proyecto, o intentaron aun llevarlo a cabo.

Creo que la relacion de estos hechos puede servir para fortificar el convencimiento que debe tener todo pueblo viril de que si las influencias físicas i sociales imprimen a los sucesos una cierta i determinada direccion, la iniciativa i la enerjía de la voluntad humana pueden casi siempre modificar esa direccion i señalarle el rumbo que convenga..

PRIMERA PARTE.

CAPITULO I.

EL DOGMA DE LA MAJESTAD REAL.

Veneracion de los españoles a su rei.- Este sentimiento es fortificado

por el descubrimiento de América.-El De Indiarum Jure de Solórzano Pereira.-La dominacion española en América es anunciada por los profetas de Israel i por la sibila de Cúmas.-Es tambien vaticinada por los órganos del demonio en América. Donacion del papa.Milagros que favorecieron la conquista de América. Intervencion directa de la Vírjen i del apóstol Santiago,

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La sumision a los monarcas españoles fué por el espacio de tres siglos para los hispano-americanos una verdadera relijion.

Es sumamente fácil esplicarse el oríjen de esta idea que llegó a ser un dogma i un hábito.

En la época del descubrimiento i conquista de América, i en los siglos que siguieron a tan memorables sucesos, los españoles profesaban a sus soberanos un respeto profundo, ciego, reverente.

El monarca era a sus ojos mas que un hombre.

Todos ellos habrian podido decir como uno de los personajes de Lope de Vega: “Despues de Dios creemos en el rei” (1).

Consideraban al soberano como la imájen del Altísimo, como su representante en la tierra.

Habia para ellos dos majestades: una en las alturas, el creador del universo; i otra aquí abajo, el amo de las Españás i de las Indias..

Nosotros, en el siglo XIX i en la América republicana, esperimentamos repugnancia para comprender el exceso de tamaña idolatría inspirada por un simple mortal, aun cuando éste llevara una corona en la cabezà i un cetro en la mano; pero todos los documentos históricos dan testimonio de ella.

Por desgracia, estè no és, ni será el único ejemplo de la flaqueza humana.

Hai pueblos que han adorado un palo, una piedra. ¿Por qué asombrarnos entonces de que otro haya tenido a su rei por un semi-dios, por una èspecie de alter ego del Omnipotente?

Los Césares de la antigua Roma fueron objeto de un culto semejante; mas existe una diferencia profunda entre uno i otro caso. La adoracion que los romanos tributaban a sus emperadores era puramente esterior, por decirlo así; era el homenaje del cortesano, del parasíto. La que los españoles daban a los reyes, sus señores, tenia la raíz en las concien. cias; era la veneracion del creyente. ..

No invento, sino que relato.

Siéndome imposible demostrar demasiado prolijamente la existencia de un sentimiento tan distinto de los que en el dia conmueven nuestras al

Los Césares de les Omnipotentemos, por una es

(1) Lope de Vega, La Estrella de Sevilla, acto 2, escena 11.

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