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dulce, fresca i cristalina, que comenzaron a brotar a vista de aquel pueblo. ¿Quién dirá las ansias con que se arrojaron todos a estas fuentes a recrearse i mitigar su sed? Unos besaban el suelo sobre que esta santa imájen estaba puesta; otros corrian atropellándose unos sobre otros; i mezclando la bebida con lágrimas que vertian de devocion, aclamaban a esta benignísima señora, dándole infinitas gracias por tan liberal beneficio. Ultimamente cantándola himnos i alabanzas, la volvieron a su altar, a donde acudian todos mas confiados que nunca por el remedio de sus necesidades i trabajos.”

Como sucede en los casos de esta especie, si los sitiados sufrieron la sed, soportaron tambien el hambre.

El sitio tenia intermitencias, aflojándose, o suspendiéndose por dias; pero aun en estos casos, los indios, sin alejarse mucho, proseguian en los lugares circunvecinos sus correrías hostiles, lo que fué causa de que las provisiones comenzaran a escasear, i al fin se concluyeran del todo.

Pero la que les dió agua, les dió tambien pan.

“El gobernador de la ciudad, dice el jesuita Oliváres, destacó cincuenta hombres al mando de Francisco Galdámes para que buscase alguna provision en las casas i repuesto de los indios; mas poco trecho habian andado cuando cayeron sobre ellos los enemigos en número tan superior, que lo mismo fué atacar a los españoles, que herir a casi todos i dejarlos en total inaccion, como inundados de olas de combatientes. En este punto, Galdámes, que era hombre piadoso i de mucha fe, mandó a sus soldados que se encomendasen a María Santísima de las Nieves con segura esperanza que los habia de sacar de aquel aprieto: así lo hicieron los soldados, i comenzaron a torcer para la ciu

dad. Mas sucedió, caso maravilloso, que los indios que estaban unidos se dividieron en dos trozos, dejando el paso franco a los españoles; i lo que es mas, sin hostilizarlos, ni aun con la grita, como venerando a un númen superior, i embargados de fuerza oculta. Maravilla igual a la de separarse las aguas del mar Rojo. Fue uno de los de esta faccion, Diego Venégas, i por eso, ocular testigo del prodijio, que lo declaró con juramento años despues en la Concepcion, en circunstancia que administraba la hermandad de esta milagrosa imájen, Juan Palomino, i a pedimento suyo."

Como por el motivo espuesto, Galdámes hubiera traído mui pocos víveres, segun unos; o no hubiera traído ningunos, segun otros, Nuestra Señora de las Nieves hizo caer en la ciudad bandadas de aves mansas, que se dejaban tomar a mano, i que proporcionaron a los habitantes un sabroso alimento.

Los sucesos raros i portentosos no se limitaron a los mencionados, por muchos i admirables que éstos fuesen.

Acaba de leerse que el cronista Oliváres alude a una informacion en que intervino el capitan Die-. go Venegas. El padre Ovalle ha conservado las siguientes palabras testuales de este testigo:

“Otros muchos milagros obró Nuestro Señor, patentes i claros, en la ciudad de la Imperial, por medio de esta gran señora nuestra, los cuales estaban tomados por fe i testimonio, i guardados en su archivo; pero como se sacaron dél, cuando se perdió, i se llevaron de una parte a otra, se perdieron juntamente los papeles auténticos, i memorias de tan grandes maravillas, porque el furor de los indios no nos dió lugar a librarlos. En particular, esperimentamos estos fa

el reino, i dettago, patro que

vores, cuando venía gran junta de indios a llevarse determinadamente la ciudad, porque luego íbamos todos al remedio, que era valernos del amparo de nuestra soberana protectora. Aconteció muchas veces, hallándonos en grande aprieto, mostrarse visiblemente a los indios, i mandarles que no hiciesen mal a la ciudad, i que se volviesen a sus tierras; i ellos, sin poder hacer otra cosa, obedecer a su mandato, i levantar el cerco, i vol verse a, sus casas como corderos, los que habian salido de ellas como loboş, hambrientos. Así lo refirieron los mesmos indios muchas veces, diciendo que una señora, acompañada de un español viejo, que andaba en un caballo blanco (que a lo que siempre se colijió, era el señor Santiago, patron de la cabeza de aquel reino, i de todo él) Tos hacía volver huyendo a su tierra."

A pesar de una proteccion tan declarada de la rejna del cielo, los indios. no cesaban de tener mui amagada a la ciudad, sea vagando en cuerpos numerosos por sus alrededores, sea poniéndola en estrechą cerco. :, jut richi

Los acongojados imperialenses resolvieron construir como pudiesen una pequeña embarcacion para enviar a pedir ausilio a Valdivia, que era la poblacion mas proxima, :;.:. Kjo noin foi, antis

Pero habiéndose puesto a la obra, i habiendo sacado tablaş hasta de las puertas i mesas, notaron con profundo pesar que carecian de uno de los materiales mas precisos: la brea o alquitran para la carena. ... A álguien se le ocurrió entonces, que podia ser reemplazado por la pez de los cueros de vino.

Sin pérdida de tiempo se pusieron a reunir cuantos habia en la ciudad. ..

Estaban reservados seis cueros de vino para las necesidades del culto.

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Habiéndo ido también a' buscarlos; observaron con asombro que dos de ellos conteniani, no licor; sino excelente brea.

El nuevo milagro de la Vírjen no podia ser mas manifiesto.

Concluida pronto la eñtibarcación, fué enviada a sū destino.

Los que la tripulaban, ettcomendándose a Nues=" tra Señora de las Nieves, superaron felizmente las sérias dificultades que presentaba la navegación del rio Cauteri, i los ataques de los indíos; que, SOSpechosos del objeto del viaje, ibari siguiéndolos por la ribera para aprovechar cualquiera oportunidad de hostilizarlos.

Ei viento les impidió arribar a Valdivia, i los, arrastró a Talcahuano. . Aquella fúé otra prueba de la eậpecial protección de la Vírjen, porqúe si hubieran desembarcado en Valdivia, habrian caído en manos de los indios, que poco antes se habian apoderado de aquella cius dad, haciendo prisioneros a sus habitantes, en los cuales cometieron excesos de crueldad.

Por el contrario, en Concepcion, hallaron al nuevo gobernador de Chile don Franéisco de Quiñones, que acababa de llegar del Perú con refuerzos, i que inmediatamente salió al ausilio de la Imperial: - Antes i despues de éste suceso, los habitantes de la ciudad, a pesar de tantos porterritos efectuados pårå šư amparo, habian tenido mas de un món mento de desaliento; pero una noble española Hamadá doña Ines Olmos de Aguilera; que habia perdido en la lucha á su marido i sus hermanos, vestida de cota i arthada de látiza i escudo, les hižo recobrar los brios con el ejemplo i la palabra, apellidándo el santo nombre de Nuestra Señora de las Nieves. Alguhos autores pretenden aun que

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fué proclamada gobernadora de la plaza. El rei Felipe III, por real cédula de 17 de agosto de 1613, premió sus heroicos servicios con una pension anual de dos mil pesos situada en repartimientos de indios.

No dejaron de considerarse la admirable intrepidez i la estraordinaria constancia de aquella dama esclarecida como un nuevo i manifiesto signo de la proteccion divina.

La heroína tuvo la honra de abrir las puertas de la ciudad al gobernador Quiñones, que rompiendo por entre los rebelados indios, habia venido a socorrerla con un cuerpo de tropas.

Convencido Quiñones de que no habia recursos para sostener la Imperial contra los continuos ataques de los araucanos, determinó abandonarla, llevando consigo a Concepcion a cuarenta i dos hombres, los únicos que habian sobrevivido, a muchas mujeres i niños, a la esforzada doña Ines, i la milagrosa imájen de Nuestra Señora de las Nieves.

En Concepcion, esta imájen fué reverenciada con gran devocion, i se fundó una cofradía para su servicio.

"En nuestra primera edad, dice el cronista Córdoba i Figueroa, vimos un estracto de los estatutos u ordenanzas de esta santa hermandad, el que de presente no subsiste, i en él se previene que se haga libro, como se acostumbra, en que se asienten los milagros que hiciere esta soberana reina (de que se infiere serian continuos, i que habrá hecho que cesen nuestra tibieza); i que siempre tuviese tres velos, i no se descubriese sin cierto número de luces; i esto se prevenia al hermano mayor.”

Pero en fin, no obstante el denuedo i firmeza de los españoles, no obstante los milagros de la Vírjen, la Imperial se habia perdido.

Vocion,'; esta imeñora,

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