Imágenes de páginas
PDF
EPUB

Sin embargo, pues, de la anjelidad de los oidores, hemos tenido grandes dificultades; pero conteniéndonos unos i otros dentro de ciertos límites, hemos acallado con cordura, sin quiebra del derecho, nuestras jurisdicciones; i como es tan poderoso el brazo del rei, he tenido yo mucho que sufrir” (1).

Si el señor Villarroel con su índole tan mansa tuvo disputas, ya se presumirá como las tendrian aquellos de sus antecesores i sucesores que no se hallaban dotados de tan amable prenda.

Es de advertirse que las tales acaloradas contro, versias versaban comunmente sobre los asuntos mas fútiles i aun ridículos.

No quiero mencionar, por ser demasiado conocida, la ruidosa cuestion referente a la precedencia para recibir el agua bendita, levantada el año de 1612, por cuyo motivo el obispo don frai Juan Pérez de Espinosa puso la ciudad de Santiago en entredicho, i obligó a los miembros de la audiencia a que se le humillasen.

Aquella habia sido la última de una serie de frívolas competencias del mismo jénero.

A pesar de su espléndido triunfo, el obispo Espinosa, que no podia soportar a los oidores, determinó irse a España en secreto i sin licencia, probablemente para quejarse al monarca.

Poco antes de realizar su propósito, tocóle examinar para órdenes a un relijioso, el cual manifesto poseer mui escasísimos conocimientos.

-¿Cómo siendo Ud. un hombre ya entrado en años, le preguntó el obispo, que parece no sobresalia por la induljencia, ha estudiado tan poco?

-Ilustrísimo señor, le contestó el examinando,

(1) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 2, cuestion 11, artículo 2.

he tomado el hábito con barbas, i en el siglo me habia ocupado, no del latin, sino del arte de marear.

Antes de seguir la conversacion, el obispo pidió que le trajesen un mapa que tenia en su estudio, i presentándoselo al fraile, le dijo:

-Trato de irme a España, i no quiero ver oidores en mi vida. Hágame aquí un derrotero por donde pueda ir sin encontrar uno solo, que no es poca gramática saber andar tres mil leguas sin que en tanta distancia se vea una audiencia.

El fraile le señaló al punto el puerto de Buenos Aires i el Brasil con escala en Portugal.

Con esto, el obispo quedó mui contento; i el exmarino aspirante a órdenes, aprobado (1).

El señor Pérez de Espinosa se fué por el derrotero señalado, sin encontrar un solo oidor; pero el rei rehusó recibirle; i despues de varios desaires, murió retirado en una celda de un convento de Sevilla. .

El señor Villarroel, aunque tan pacífico i manso, como se ha visto, temia mucho que el gran terremoto del 13 de mayo de 1647, que arruinó la ciudad de Santiago, hubiera sido un terrible castigo de los ultrajes que los oidores habian hecho sufrir al señor Pérez de Espinosa, a pesar de que aquello habia sucedido diez años antes, i que desde entonces se habia conservado la paz entre el obispo i los ministros, i estos eran cristianos i sesudos, porque "Dios, que sabe cuando ha de castigar, dice, pudo ser que por mis pecados hubiese trasladado a este tiempo el castigo” (2).

(1) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 2, cuestion 11 artículo 2.

(2) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacífico, parte 1.6, cuestion 1,., artículo 12.

VI.

ano pasado de

Pero sea que hubiera sido así, sea que nó, lo cierto fué que la correccion no vino, porque si ántes del terremoto habian estallado disturbios entre la autoridad civil i la eclesiástica, tambien siguió ha. biéndolos despues, como lo manifiestan los tres ejemplos, que, entre muchos, he elejido para fijar: la atencion sobre los sucesos de esta clase, que son: tambien característicos de la época colonial.

El primero por el orden de fechas es una competencia entre el obispo i los oidores.

“El Rei. Mi gobernador i capitan jeneral de las provincias de Chile, i presidente de la real audiencia de ellas. Don Francisco de la Puebla González, obispo de la iglesia catedral de esa ciudad de Santiago, en carta de nueve de enero del año pasado de mil i setecientos, dió cuenta, entre otras cosas, de lo que padecia él i su cabildo en: las ocasiones de ocurrir esa audiencia a su iglesia a las celebridades, donde sucedia ir su personal cuando ya se habia acabado en el coro lo que debia preceder; i que siendo tiempo de continuar, esperaba a veces una hora, i otras media, por no: haber acudido la audiencia; i que, aunque el obispo, hallándose en el estado de particular, toleraria sin pesar la dilacion, no podia menos de sentir el desaire que en esto padecia su dignidad, ni tampoco la mala obra de su cabildo, que habiendo salido de mañana los capitulares para asistir a tiempo, i teniendo que volver a la tarde, se malograba el descanso que era preciso, i se lo impedia la dilacion; i que, aunque sabía estaban espedidas cédulas a fin de poner remedio, como veia que no se lograba, me instaba de nuevo para él, proponiendo

lo que pad audiencia

lo que juzgaba por conveniente; i habiéndose visto en mi consejo de las Indias, con lo que dijo i pidió el fiscal de él, he tenido por bien ordenaros i mandaros, como lo hago, que en todas las ocurrencias que tuviéredes vos i esa audiencia con el obispo i su cabildo en las festividades de la catedral, os convengais con él en una señal de campana, la que se determinare, para que hecha, si no llegaredes vos i esa audiencia a tiempo, se pueda empezar el oficio; i que lo ponga por acuerdo para que no falteis en niugun caso a la hora regular, sin alterarla. He estrañado esta noticia, pues por ministros mios, i que representais mi persona, debiérades esmeraros en todo el respeto i atencion a la iglesia, i por vosotros mismos, con advertencia que manifestaré mi desagrado, siempre que no cumpliéredes con la veneracion debida a cuanto mirare al mayor culto de la relijion, dando ejemplo i enseñanza a todos los demas ciudadanos i comunidades.--Fecha en Madrid a 26 de abril de 1703 años.-Yo el Rei.---Por mando del Rei Nuestro Señor.Don Domingo pez de Calo Mondragon."

El segundo ejemplo se refiere a una singularísima serie de etiquetas entre el presidente i el obispo.

"El Rei. Presidente de mi audiencia de la ciudad de Santiago en las provincias de Chile. En 8 de setiembre de 1710, se espidió la cédula cuyo tenor es como sigue:

“El Rei. Presidente i oidores de mi audiencia en la ciudad de Santiago de las provincias de Chile. El obispo de ella en carta de 2 de octubre del año pasado de 1708, entre diferentes dudas que en ella me representa habérsele ofrecido en materias de ceremonias i cortesanías con vos i con el presidente de ella, espone las siguientes, suplicándome resuel

va en ellas lo conveniente, mandandoos lo que habeis de efectuar. En la primera, refiere que vos el presidente pretendeis i teneis conseguido que en la última oracion de la misa nombrada colecta, os dé conmemoracion por vuestro propio nombre, como se hace conmigo, con el papa i con el prelado. En la segunda, espone que cuando acudis vosotros a la catedral i estais en ella, teniendo yo dispuesto salgan dos prebendados a recibiros, sucede mui frecuentemente por el corto número que hai de ellos en dicha catedral, el que no haya otros desembarazados mas que los dos colaterales que le asisten, i por este motivo se queda solo al tiempo de salir a recibiros, i a despediros, contra la reverencia que se debe a la dignidad i a todo lo dispuesto en los ceremoniales, representándome que siendo servido mande se atienda primeramente a que no quede solo, o con un asistente, o sin ninguno; i que en el caso de no haber prebendados suficientes, le conceda permiso para que dé providencia que los curas u otros beneficiados salgan a recibiros i despediros. En la tercera, dice que cuando celebra de pontifical dentro o fuera de su catedral, luego que concluye el último evanjelio de la misa, os levantais i salis de la iglesia, dejándolo vestido de pontifical, en que recibe notable desaire la dignidad i las sagradas vestiduras pontificales contra la cristiana práctica en semejantes concurrencias con los mayores príncipes, pues éstos esperan a que se desnude el prelado i se revista sus vestiduras usuales para despedir al concurso con su bendicion. En la cuarta, representa que vos el presidente, cuando recibis al prelado en vuestra casa a visita particular i solo de urbanidad, no salis a recibirle mas que hasta la penúltima puerta tomándoosla, i la sisla, despidiéndole donde le recibis, i esto a vista de

« AnteriorContinuar »