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bucion conferida a autoridades diferentes, que la ejercian léjos de su inmediata inspeccion, no era siempre bien desempeñada; i determinaron que dicha licencia no pudiera concederse si no por el presidente i los miembros de su consejo, a quienes se recomendó un especial cuidado en el asunto, “porque somos informados, dijeron, que de haberse da. do con facilidad se han impreso libros inútiles, i sin provecho alguno i donde se hallan cosas impertinentes" (1).

La pérdida de los libros que debian ser quemados, o la de su precio si se hubieran vendido, i una multa igual al valor de la edicion, no parecieron a Felipe II suficiente pena contra los infractores de la disposicion anterior, i ordenó que toda persona que imprimiese una obra compuesta en el país, o vendiese una impresa en otra parte, sin la licencia real i la correspondiente aprobacion del consejo, fuese castigado con la muerte i la confiscacion de sus bienes (2).

Deseosos de libertarse de las trabas, gastos i dilaciones que ocasionaba toda publicacion en España, algunos autores tomaron el partido de enviar sus obras para que se diesen a la estampa en países estranjeros; pero no gozaron mucho tiempo de esta facultad, porque Felipe III mandó que ninguno de sus vasallos pudiese hacer publicar libros en otros reinos, so pena de perder la ciudadanía, empleos i dignidades, i la mitad de los bienes aplicada por tercias partes a la cámara, juez i denunciador, quedando siempre en toda su fuerza i vigor la prohibicion para la venta de las obras impresas fuera de España (3).

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 2.
(2) Norísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 3.
(3) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 7.

Por lo comun, los doctores a quienes, el consejo cometia el examen de las obras sometidas a su aprobacion, reducian su dictámen a espresar si ellas contenian máximas contrarias a los preceptos de la moral, a las leyes de la nacion, i a las regalías de la corona; pero Felipe IV, que bien merece el apodo de imbécil cou que le califica Prescott, dispuso que se tuviera particular cuidado i atencion en no dejar que se imprimieran libros no necesarios o convenientes, ni de materias que deban o puedan escusarse, o no importe su lectura; pues ya hai demasiada abundancia de ellos, i es bien que se detenga la mano, i que no salga ni ocupe lo superfiluo i de que no se espere fruto i provecho comun.” Ordenó tambien que no se pudieran imprimir ni relaciones, ni cartas, ni apolojías, ni panejíricos, ni gacetas, ni noticias, ni sermones, ni discursos o papeles sobre gobierno u otro sunto, ni coplas, ni diálogos, “ni otras cosas, aunque fuesen mui menudas i de pocos renglones,” sin obtener en la corte la aprobacion de un miembro del consejo nombrado al efecto, del presidente de las audiencias en las ciudades donde las hubiese, i de las justicias en los demas lugares del reino. Mandaba observar todas las leyes precedentes, i fulminaba severas penas contra los impresores, encuadernadores i libreros que imprimiesen, encuadernasen o vendiesen los libros a que faltaban este u otros requisitos que se designaban (1).

"Habiendo reconocido, dice Cárlos II, que resultan muchos i mui graves inconvenientes al buen gobierno i conservacion de mis dominios de que se impriman libros, memoriales, i papeles en que se trate o discurra de ellos, o cosa que toque a su

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 9.

constitucion universal ni particular por via de historia, relacion, pretension, representacion o advertencia, sin que preceda un exacto exámen con el inmediato conocimiento e intelijencia que requiere la importancia de las materias que suelen incluir semejantes escritos, he resuelto se prohiba jeneralmente la impresion de ellos, sin que primero se haya visto por el consejo a quien tocase el que se hubiere de tratar, i pasado por su censura" (1).

En dos ocasiones diversas, ordenó Felipe V que no se imprimiese papel alguno, por corto que fuese, sin las aprobaciones i licencias que prevenian las leyes, dictando nuevas providencias para que no se eludiesen estas disposiciones (2).

Los monarcas castellanos daban tanta importancia a la censura, que no se cansaban de decretar sobre este punto, aun cuando sus mandatos fueran verdaderos pleonasmos lejislativos.

Fernando VI volvió a disponer, como si no hubiese ya suficientes leyes sobre el particular, que “ningun impresor pudiese imprimir libros, memorial u otro algun papel suelto de cualquier calidad o tamaño, aunque fuese de pocos renglones, a escepcion de las esquelas de convites i otras semejantes, sin que le constara i tuviese licencia del consejo para ello, o del juez privativo i superintendente jeneral de imprenta, pena de dos mil ducados i seis años de destierro" (3). · Durante el reinado de Cárlos III, se creó un juez especial de imprentas i librerías con inhibicion del consejo i demas tribunales que hasta entónces conocian de esta materia, el cual debia proceder en conformidad a un reglamento que no bri

especial de

demas tribunale cual debia pro

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 10.
(2) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16 , leyes 11 i 14.
(3) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, Ici 22.

llaba por su sabiduría, i mucho menos por su liberalidad (1).

Cárlos IV fué todavía mas lejos, pues, para libertarse de la fatiga de leer i prohibir, resolvió que "con motivo de advertirse en los diarios i papeles públicos que salian periódicamente haber muchas especies perjudiciales, cesasen de todo punto, quedando solamente el Diario de Madrid de pérdidas i hallazgos, ciñéndose a los hechos, i sin que en él se pudiesen poner versos ni otras especies políticas de cualquiera clase" (2)

El mismo monarca renovó la prohibicion de introducir en España libros estranjeros sin licencia previa, amenazando tratar “con todo rigor a los infractores hasta el término que sirviese de escarmiento a los que quisieran imitarlos” (3).

La repeticion de estas leyes está manifestando que debian ser infrinjidas mui amenudo, porque no es cosa fácil sofocar completamente la vitalidad de un gran pueblo; i que los reyes por quienes la España fué desgraciadamente rejida desde

el descubrimiento de la América hasta su emanci• pacion tuvieron el propósito deliberado de amoldar el espíritu de sus vasallos, como en algunas tribus del nuevo mundo se da una forma especial al cerebro de los salvajes que las componen, comprimiéndoselo desde niños.

Ademas de la censura previa para todas las obras en jeneral, las que trataban de comercio, fábrica i metales necesitaban de un permiso especial de la junta de comercio i moneda; las obras de medicina, de un exámen o reconocimiento practicado por un médico nombrado por el presidente

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, lei 41.
(2) Novísima Recopilacion, libro 8, título 17, lei 5.
(3) Novísima Recopilacion, libro 3, título 16, lei 32.

del protomedicato; los alegatos, manifiestos i defensas legales, de un informe del tribunal ante quien pendia el asunto; las obras que trataban de materias relijiosas, de una censura, del ordinario eclesiástico (1).

No solo era la pérdida de tiempo la que tenia que sufrir un escritor, miéntras su obra pasaba por los varios i multiplicados trámites a que estaba sujeta (lo que hacía muchas veces que la impresion de un libro fuese una operacion mas larga que su redaccion), sino tambien la pérdida de su dinero. Los autores debian pagar un salario a los letrados nombrados para examinarla, i no podian venderla al precio que quisieran, sino al que se les fijaba, el cual debia estamparse al principio de cada ejemplar. La tasa de los libros no vino a suprimirse hasta el reinado de Cárlos III, esceptuando los de uso indispensable para la instruccion del pueblo, los cuales quedaron sujetos, como antes, al avalúo del consejo. El mismo soberano abolió el honorario señalado a los censores, que califica de "exhorbitante i demasiado gravoso,” i que habia sido establecido por Fernando e Isabel, si bien es justo confesar que estos monarcas habian ordenado que fuese “mui moderado” (2).

III.

Como se ve, las leyes de imprenta i librería destinadas a toda la monarquía española no pecaban por liberales; pero, lo que habria parecido difícil, todavía fueron reagravadas en sentido restrictivo para los países de ultramar.

(1) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, leyes 15, 19, 20, 22 i 28. (2) Novísima Recopilacion, libro 8, título 16, leyes 1.“, 23 i 24.

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