Ambas Américas: Contrastes

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D. Appleton y compañia, 1872 - 368 páginas
 

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Pasajes populares

Página 294 - ... y greyes van sin cuento paciendo tu verdura, desde el llano que tiene por lindero el horizonte, hasta el erguido monte, de inaccesible nieve siempre cano.
Página 15 - ¡Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes!
Página 25 - ¿Qué le falta a la América del Sur para ser asiento de naciones poderosas? Digámoslo sin reparo: instrucción, educación difundida en la masa de los habitantes, para que sea cada uno elemento y centro de producción y de riqueza, de resistencia inteligente contra los bruscos movimientos sociales, de instigación y freno al gobierno.
Página 84 - ... insistencia le exhorté á que se rindiera para evitar el doloroso lance de una sangrienta escena. Era aquella la vez primera que yo iba á hacer armas contra mis hermanos, y tal pensamiento me atormentaba horriblemente ; rogaba fervorosamente al cielo que moviese el corazón del enemigo para que no llegara el caso de medir las fuerzas. Yo no queria víctimas á costa de llanto, ni trofeos cubiertos de luto. El Dios de la Paz oyó mi oración.
Página 223 - Suelen ser comunmente desabridos, Que á todos nos dotó naturaleza De entrañas de fiereza , Hasta que la edad ó la cultura Nos dan humanidad y mas cordura.
Página 25 - República, no cambiarán la esencia de las cosas: la libertad, porque deja libre las pasiones sin inteligencia; el despotismo, porque aplasta las pocas fuerzas útiles y agrava el mal futuro, en busca de un reposo efímero; la República, porque no se gobierna a sí misma; la monarquía, porque a los males conocidos añade el trabajo de crear uno nuevo y el dispendio de mantenerlo.
Página 84 - Lagunetas, donde se vió obligado á hacer frente con todas sus fuerzas, nos pusimos al habla, y con el mayor empeño é insistencia le exhorté á que se rindiera para evitar el doloroso lance de una sangrienta escena. Era aquella la vez primera que yo iba á hacer armas contra mis hermanos, y tal pensamiento me atormentaba horriblemente ; rogaba fervorosamente al ciclo que moviese el corazon del enemigo para que no llegara el caso de medir las fuerzas.

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