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enemigo de sus principios é invasion. Dijo tanto de las crueldades é impiedad de los invasores, tenidos ademas como enemigos de la relijion, que los pastusos, sin esperar á oir otras razones, corrieron á sus casas tras las armas, fueran fusiles, escope. tas, lanzas, palos ó piedras, que no estában por parar en la eleccion de ellas. Atropándose luego en guerrillas, principiaron á hostilizar á Nariño por los alrededores de su campo, presentándose de ado en grado i en mayor i mayor número. Na. riño les obligaba á darle las espaldas en cuantas embestidas aventuraban; pero volvian i tornaban á volver con mayor arrojo por otros puntos i con mayores fuerzas sin dejarle descansar. Hasta mujeres hubo que, imitando á las heroinas de novela, quitaban los pantalones á los cobardes que corrian i, poniéndoselos de seguida, entraban con arrojo á los combates. A las seis de la noche le acometieron reunidos todos en un solo cuerpo con Noriega á la cabeza, i Nariño tuvo todavia la buena suerte de llevarlos de calle i obligarles á encerrarse en la ciudad; bien que esto precisamente cuando ya tenia poquísimas municiones. Este último i brioso combate dió fin á la carrera militar de aquel ilustre prócer de la independencia que, de lance en lance i obteniendo triunfos sobre triunfos desde Palacé hasta Pasto, vino á la postre á estrellarse contra el fanatismo de esta ciudad. Aunque dueño del campo, la falta de municiones le obligó á desocuparlo i á defenderse en mejor lugar. El coronel Rodríguez, atrasado con una division que debia incorporarse al jeneral, i que efectivamente avanzaba ya con tal objeto, habia sido informado por Monsalve que Nariño quedaba prisionero, Cabal muerto i casi todos los soldados heridos ó dispersos. Sin averiguar con detencion i calma estos particulares, dió en mala hora, aunque de acuerdo con otros jefes, órden para que clavasen la artilleria i contramarchasen las tropas hácia Popayan, sin embargo del contrario parecer de otros muchos oficiales que se opusieron á tan precipitada resolucion. La causa del rei fué esclusivamente sostenida en esta ocasion por solo el valor i entusiasmo del pueblo de Pasto; pues solo él, en cuyas filas se contaron tantas mujeres belicosas, fué el que derrotó las fuerzas de Nariño.

El informe dado por Monsalve á Rodríguez procedia de que en la última de las embestidas de los pastusos quedara envuelto del todo el cuerpo del primero, i de que, retirándose en confusion sin distinguir á los suyos de los enemigos, porque estos se presentaban por distintos puntos i en diversos tiempos, creyó que Nariño, que obraba á la vanguardia, habria sido tambien envuelto i forzosamente vencido, si no muerto, ó cuando ménos priS1Onel'O.

Nariño estaba vivo, i vivo tambien Cabal; pero uno i otro, lo mismo que Monsalve, habian sido envueltos en la confusion del ataque, i por esto, al andar en retirada hácia Tasínes, donde estaba la reserva, cada uno creyó que todos seguian el mismo camino. Monsalve, no viendo á Nariño ni á Cabal, creyó tambien, como era probable, que aquellos habian desaparecido de la escena. Despues que Rodríguez habia emprendido su movimiento en retirada, fué cuando llegó á saberse que Nariño quedaba atras; i Cabal, ya entónces hecho cargo del ejército, por propia obligacion i por ruegos del capitan, Antonio ¿ ijo del jeneral, dispuso que se hiciese alto i que, verifica— dos algunos arreglos indispensables, se contramar— chase para venir en busca del caudillo. Infructuosa, por desgracia, resultó tan comedida dilijencia, porque al volver solo encontraron mui gruesas artidas de realistas que, ya mas bien armados, obligaron á los patriotas á ponerse de nuevo en ca. mino para Popayan. Nariño, abandonado de sus tropas por las estrañas circunstancias que referimos, para él todavia incomprensibles, se habia visto atacado i persegui do de todos lados, i poco despues en la necesidad de buscar amparo i salvacion entre las selvas inmediatas. Conservóse por tres dias haciendo fren te al hambre i la intemperie, alimentándose con frutas silvestres i raices, i durmiendo á campo ra. zo. No pudiendo ya resistir por mayor tiempo, se determinó á presentarse al enemigo con el desig nio, en el decir de Nariño, segun se colije de los términos de su correspondencia con el presidente Móntes, de arreglar un armisticio, sacando como pudiera el mejor provecho posible para su desahuciada causa (27). Dejóse, en consecuencia, conocer de un soldado i de un indio, quienes, admirando la fortaleza de alma i cuerpo de aquel hombre, i compadecidos de sus desgracias, le guiaron para Pas. to, á este pueblo bárearo, dice Restrepo, que le insultó, á pesar de que Aimerich le trató con alguna consideracion aparente, Aimerich, á quien se comunicaron por la posta los resultados de los combates i derrota de los republicanos, habia vuelto á la ciudad. A nuestro ver, no fueron aparentes sino reales las consideraciones que le guardaron; pues, aunque encerrado con centinelas de vista, lo fué en aposento decente i mirado con la mayor atencion (son palabras de Nariño en un oficio á Móntes). Estaba destinado al patíbulo, segun la órden que Aimerich recibió de Móntes; mas el recelo de poner en riesgo la vida de los prisioneros realistas que se llevaban los derrotados, hizo que Aimerich, conferenciando i acordando con el doctor Santacruz, suspendiese la ejecucion. El mismo recelo i, mas que esto, el interes de sacar el mejor provecho que fuera posible de un preso de la cuantia de Nariño, determinaron tambien al mismo presidente Móntes á revocar despues la primera órden.

Al fin, despues de unos cuantos meses de padecimientos, procedentes en particular de los grillos que le calzaron (*) i de trece de calabozo en Pas. to, fué traido para Quito.

Al traslucir los patriotas de Quito la venida del hombre en quien tenian sus esperanzas, proyecta. ron formar, ya que no cosa mejor, siquiera un motin para libertarle de las cadenas i prision. El go

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(*) Curioso es por demas el modo con que Móntes juega con la palabra humanidad en sus oficios relativos á los grillos que tenia Nariño. En el de 6 de agosto dice á Aimerich: “Contesto al mismo Nariño, á quien por razon del estado de su salud ocasionado por los grillos, puede US. disponer que se le quiten, manteniendo para su seguridad centinelas de vista de dia i de noche, i que el oficial de guardia duerma en su cuarto, pues la seguridad de su persona no impide que se le trate con la debida humanidad.” En el del 21 del mismo dice: “Luego que el espresado Nariño se mejore de sus piernas, se le pueden volverá poner los grillos, como que la humanidad no se opone á la seguridad de su persona.”

bierno penetró el proyecto, dobló su vijilancia i precauciones i dispuso que de Guaillabamba (*) pasase por caminos estraviados á Latacunga, á fin de evitar la entrada de Nariño en Quito, i que luego le trasladasen á Lima, de donde habian de pasarle á España para encerrarle en las cárceles de Cádiz. Tiempos despues halló medios de fugar del castillo de Sansebastian i restituirse para América, donde, sin recordar sus padecimientos, vino á ofrecer de nuevo sus servicios á la patria. Murió cuando ya Colombia estaba difinitivamente constituida, i aunque fué siempre buena la figura que representó, nunca se puso á la altura de sus prendas sobresalientes, i vino á tener un paradero coIIlll Ll.

Por lo que hace á los sobrantes de su desgraciado ejército, llegaron á Popayan el 24 de mayo reducidos á novecientos, despues de las mil i mil penalidades del tránsito, acasionadas principalmente por los guerrilleros de Patía, siempre en armas i siempre enemigos de los patriotas.

(*) “Señor don Pedro Noriega.—En el camino.—No siendo conveniente que don Antonio Nariño pase por esta ciudad, se dirijirán U. i la escolta desde Guaillabamba por el camino que sigue á Alangasí, de donde me avisará U., procurando llevarlo con la correspondiente seguridad i prisiones como responsable de su persona.—Quito, 26 de junio de 1815.”—Al mismo.—“En este concepto me avisará U. tan luego que llegue á Alangasí con don Antonio Nariño donde le mantendrá con un par de grillos (no los pusieron sino en Mocha), cuidado i seguridades correspondientes, por si algunos malvados contrarios á la justa causa que defendemos atentasen sorprender á la tropa que lo escolta.”

Junio 29.

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