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III.

1808. La llegada de don Manuel Urries, conde Ruiz de Castilla, que habia entrado como presidente de Quito el 1o de agosto, les proporcionó la ocasion de hacer representar en festejo suyo cuatro piezas dramáticas, intencionalmente escojidas para la época i circunstancias: las piezas fueron el Caton, la Andrómaca, la Zoraida i la Araucana (*). El pensamiento de los revolucionarios fué comprendido por la parte intelijente de la sociedad, sin que Ruiz de Castilla ni los otros gobernantes traslujeran otro interes que el deseo de celebrar la llegada del presidente i el de gozar de las satisfacciones del teatro.

Dado este paso, i cuando ya estaban instruidos los patriotas de los sucesos de España, mas tal vez que los mismos peninsulares, á quienes se ocultaba la verdad por no desalentarlos; irritados ademas porque la Junta de Sevilla se habia arrogado el título de Suprema de España é Indias i, sobretodo, por el lenguaje destemplado i hasta ofensivo que emplearan los españoles calificando á los americanos de insurjentes, añadiendo que la América española debia permanecer unida á la madre patria, sea cual fuere la suerte que esta corriese, i que el último español que quedase tenia derecho para mandar á los americanos (!); se determinaron á partir por medio

(*) Bennet. Relat. Hist et. Descrip. d'une Resid. de vingt An. dans l' Amer. du sud.

(!) Restrepo. Hist. de la Revol de Colombia, 1827 Seis años despues fué otro el lenguaje de los españoles, pues muchos de los diputados á las cortes de 1814, hombres ilustres, como i celebrar la primera reunion el 25 de diciembre de 1808 en el obraje de Chillo, propiedad de don Juan Pio Montúfar, marques de Selva Alegre. En ella acordaron establecer la junta suprema proyectada, aparentando en todo caso, para no exasperar á los pueblos, sumas consideraciones i respetos por Fernando VII. Esta prudencia, segun ellos, era absolutamente necesaria para con un pueblo largo tiempo infatuado con el májico nombre de rei, que lo creia procedente de naturaleza divina; pues los ignorantes (añadian) no comprenden su envilecimiento, i solo por maravilla piensan en que pueden ser algo mas de lo que son. Las revoluciones, como se sabe, aparentan siempre arrimarse á la legalidad en todo caso, por torcido que sea el impulso que las mueve, i la de entónces, con mayor razon que cuantas otras han ajitado i deshonrado á la patria, debia obrar con sumo comedimiento i discrecion.

IV.

Por prudentes i cautelosos que fueron los pasos de los conjurados llegaron siempre á descubrirse. El carácter franco i confiado del capitan don Juan Salínas, i el deseo de aumentar el número de partidarios le animaron á comunicar el secreto al pa

Canga Argüelles, Martínez de la Rosa, Villanueva, Garcia Page, Calatrava, Cepero, Felier i otros, opinaban que la emancipacion de América debia considerarse á la manera de los males necesarios, i aceptarse cual se acepta la separacion de la madre que establece á su hija en el mundo, en que madre é hija continuan siempre amándose aunque vivan en casas separadas i gobernadas de diferentes modos.

dre mercenario Torresano. Este lo confió al padre Polo, de la misma Orden; Polo á don José Maria Peña; i Peña lo denunció á Mansános, asesor jeneral de gobierno. Instruyóse inmediatamente un sumario, i el 9 de marzo de 1809 fueron presos i llevados al convento de la Merced el marques de Selva Alegre, don Juan de Dios Moráles, Salínas, el doctor Manuel Quiroga, el presbítero don José Riofrio i don Nicolas Peña. Fué nombrado secretario de la causa don Pedro Muñoz, español manifiestamente prevenido contra los americanos, i los presos, á quienes se mantuvo incomunicados, tuvieron estorbos i dilaciones para su defensa. 1809. Por un acto de patriotismo bien ideado i arrojadamente desempeñado se sustrajeron todas las piezas del sumario, al tiempo que Muños daba cuenta al presidente del estado de la causa, i esto desconcertó los castigos que se preparaban contra los culpados. Estos, por su parte, habian negado acorde i contestemente la celebracion de la junta, i en consecuencia fueron puestos en libertad. Esta simple tentativa de la emancipacion de la patria, aunque apénas ensayada i muerta al nacer, es un timbre de que mui justamente blasonan los hijos de Quito, pues son de los primeros que tuvieron tan osado i noble pensamiento. La ocultacion de un acto que se ha tratado de descubrir, burlando la pesquisa de los jueces, alienta, como enseña la esperiencia, á sus autores, i la sustraccion del sumario aumentó el coraje de los patriotas, i se resolvieron á llevar adelante la insurreccion. Aun mucho ántes de tomar esta resolucion, corria entre los patriotas, aunque con reserva, la voz de que don Antonio Ante andaba desde 1798 predicando una insurreccion; de modo que al traslucir lo ocurrido en Aranjues i la cautividad del rei, la exaltacion de aquel letrado subió de punto. Con tal motivo escribió un folleto titulado Clamores de Fernando VII, una proclama i un catesismo, escritos dirijidos ostensiblemente á favorecer la causa del monarca, pero encaminados siempre á dar los primeros pasos para la independencia. El doctor don Luis Saa, Salínas, don Miguel Donoso i don Antonio Pineda, entusiasmados con tales escritos, mandaron sacar unas cuantas copias i las dirijieron anónimas á Carácas, Santafé, Lima, Santiago, Buenos Aires i á algunas otras capitales de gobiermo, empeñando á sus hijos á que dieran el primer grito de insurreccion, por suponer, como era cierto, que estas ciudades contaban con mejores elementos para el buen exito. Ante i Saa pensaron partir para Lima, la ciudad mas á propósito por su opulencia para el intento; mas, apremiados por Salínas á quien incomodaban las dilaciones, i temerosos de que el gobierno penetrase tales proyectos, tuvieron que detenerse i apurar sus pasos para dar el grito en su propio suelo. En consecuencia, convocaron á sombra de tejado á los vecinos de los barrios de la ciudad, con el fin de que elijieran una persona que los répresentase i, concluido el acto, señalaron el dia de la insurreccion. Efectivamente, el juéves, 9 de agosto de 1809, por la noche, se reunieron don Pedro Montúfar, hermano del marques, Moráles, Salínas, Quiroga, Matheu, Checa, Ascásubi, Ante, Zambrano, Arénas, Riofrio, Correa, Véles i otros muchos en casa de doña Manuela Canizáres (hoi de los coadjutores de la catedral), mujer de aliento varonil, á cuyo influjo i temple de ánimo cedieron aun los mas desconfiados i medrosos. Comisionaron á Salínas, como á comandante de la guarnicion de la ciudad, á que la sedujese, i Salínas, mui querido de sus tropas, se dirijió al cuartel, acompañado de otros. El comandante de la caballeria, don Joaquin Zaldumbide, pasó tambien á su cuartel, i como ambos contaban ya seguramente con algunos oficiales subalternos, participantes de sus mismas opiniones, no tuvieron mas que arengar á las tropas, á nombre de Fermando VII, i hablarles de su cautividad i de la usurpacion de Bonaparte, para que se diera el grito de rebelion contra el gobierno. Asegurados ya los cuarteles, despues de vencida la mitad de la noche, acudieron á ellos los conjurados para armarse i afianzar su causa.

Salínas sacó las tropas del cuartel, que no pasaban de ciento setenta i siete, i las colocó en la plaza mayor. Destacó luego varias partidas á que aprehendiesen á algunas de las autoridades i á otros sospechosos, i dictó las providencias adecuadas á las circunstancias. No se cometió tropelia de ningun jénero, i las órdenes se ejecutaron entónces con moderacion i calma.

Antes de la alborada del 10, el doctor Ante sorprendió la guardia del palacio i presentó al oficial que la mandaba un oficio puesto por los miembros de la junta, que interinamente se habia establecido en la misma noche del 9, empeñándole á que la entregara al momento al presidente. El oficial mo quiso cumplir con este encargo, fundándose en la incompetencia de la hora; pero Ante insistió con firmeza á nombre de la Junta soberana, nombre que el oficial oia por primera vez, i tomándola se dirijió al dormitorio del presidente para despertarle i dársela. Ruiz de Castilla reprendió al ofi

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