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Guayaquil, bajo la protección de la naciente República, para defender su independencia. Absurda era la idea de convertir aquel territotorio en país anseático ó en nación independiente. Las opiniones de sus habitantes estaban divididas. Algunos ciudadanos muy notables opinaban por anexionarse al Perú y otros por entregarse á Colombia. En favor de la primera opinión influían los emisarios del general San Martín, Protector del Perú; en favor de la segunda, Sucre y los demás emisarios de Bolívar, entre ellos, su edecán el coronel Diego Ibarraque llegó á Guayaquil con pliegos suyos, instando por la incorporación.

La situación era tirante y algo más que delicada porque San Martín no sólo fundaba su exigencia en el sentimiento general de la población de Guayaquil, sino también en el derecho que le daban las antiguas demarcaciones españolas al Vireinato del Perú.

En tal estado de cosas, resolvió Bolívar ir personalmente á Guayaquil, y promover el pronunciamiento en favor de Colombia. Sucedió lo que no podía menos de suceder. Llegó ¿ la ciudad en la tarde del H de Julio, y el pueblo le recibió entusiasmado. La presencia de un hombre tan extraordinario en aquel teatro, tenía que producir un efecto maravilloso. Todos estaban absortos, y Bolívar supo aprovechar los momentos. Convocó al pueblo por medio de una proclama para que diera su fallo sobre la cuestión de incorporación. Todos se declararon en favor de Colombia, y así quedó la provincia de Guayaquil incorporada á la República.

En el Perú este hecho fué considerado como una usurpación, y hasta cierto punto había motivos para juzgarlo de este modo, pues no se trataba allí de un país realista, sino de un pueblo americano independiente.

No tenemos el propósito de hacer aquí la historia de la emancipación de los países situados al Sur de Colombia. Bastará decir que para aquella fecha, Buenos Aires, Chile, y el Perú eran independientes, y que el general San Martín fué desde 18 i 3 el hombre verdaderamente extraordinario que surgió de la lucha. No tenía el genio ni la actividad vertiginosa de Bolívar; pero tan patriota como él, le excedió á veces en cordura y reflexión.

Vencedor en Chacabuco, San Martín hizo la independencia de Chile, y vencedor en Maipú, condujo sus huestes victoriosas hasta preparar la redención del Perú.

Los ineptos Vireyes de España le cedieron el puesto, pero no sin peligros, porque San Martín tendría que vencerlos más tarde, y ellos contaban todavía con 18,000 hombres aguerridos en el antiguo Vireinato.

Cuando San Martín llegó á Lima, tuvo noticia de los grandes triunfos de Bolívar en Colombia. Púsose en contacto con él por cartas ó por emisarios, y aun se embarcó con dirección á Guayaquil, para conferenciar en Febrero de 1822. La entrevista no se verificó cntónces, porque Bolívar no pudo concurrir a la cita; y entre tanto los acontecimientos fueron precipitándose.

En el Perú las cosas iban torcidamente porque la expedición de Tristán fué destruida por Cante rae y Valdés. Sus partidarios, los realistas, habían cobrado nuevos bríos, y la salud misma del Protector de la libertad del Perú, título oficial del general San Martín, decaía visiblemente. Era pues, bién fundado su deseo de obtener la cooperación del ejército colombiano; con mayor razón, si se considera que Sucre había vencido en Pichincha, merced á los auxilios peruanos, y Bolívar acababa de asegurar con sus recientes triunfos la independencia del Departamento del Ecuador. La conferencia entre estos dos personajes se efectuó en Guayaquil el 20 de Agosto de 1822.

XIII

Bolívar había escrito á San Martín desde Calí en Enero de 1822, excitándole á una avenencia que diera por resultado la unidad de la causa americana; y al ocupar a Quito le anunció, con fecha 17 de Junio, la terminación de la guerra de Colombia, dándole gracias por el auxilio que había prestado al ejército colombiano en su reciente campaña. Al mismo tiempo decíale que estaría dispuesto á llevar las tropas de Colombia en auxilio de sus hermanos del Sur, si las armas peruanas no hubieran terminado gloriosamente para entónces

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