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Los acontecimientos se sucedieron con vertiginosa rapidez en Colombia. Tanto en Nueva Granada como en Venezuela, la calma abandonó los espíritus. Á la reflexión sucedió la violencia, al buen juicio la insensatez. El equilibrio moral de aquella sociedad se había perdido.

Paez, al tener noticia de que el Congreso le enviaba dos comisionados, decidió no recibirlos, y para cohonestar tan insólita resolución, nombró otros que salieran a su encuentro en la frontera. Fué así, que al llegar al territorio venezolano Sucre y el Obispo, se les obligó á retroceder á Cúcuta. Ni la respetabilidad de los comisionados, ni las protestas que hiciera Sucre, que por primera vez volvía á su patria coronado con los laureles de Ayacucho, contra aquel acto tan irregular, bastaron para que las autoridades del tránsito permitiesen su residencia en la tierra venezolana. Las órdenes de Paez eran terminantes. Los Comisionados, después de inútiles conferencias con los de Paez, regresaron á Bogotá.

Para esa fecha Bolívar se había retirado á la vida privada, y atemperaba en su quinta de Fucha. La retirada había tenido por motivo, su salud, completamente decaída. Así lo había dicho al Congreso, rogándole que le designase un sucesor ; rehusó aquella Asamblea, y al fin Bolívar nombró el 1°. de Marzo al general Caicedo Presidente del Consejo, quien se encargó del Poder Ejecutivo de Colombia. Aquel fué el último día de su mando, pero no el de sus padecimientos, pues hasta en su modesto hogar le persiguieron la calumnia y la ingratitud.

Los sucesos ocurridos en Carácas, y particularmente la insurrección de la provincia de Casanare en favor de aquel movimiento, declarándose adherida á Venezuela, hicieron comprender á los granadinos la imposibilidad de conservar por más tiempo á Colombia, y desde entonces se reconoció la inutilidad del Congreso constituyente y del proyecto de Constitución en que á la sazón se ocupaba. Pensóse, y con razón, en que era más cuerdo organizar la separación. En este sentido se expresó ante el Congreso el Presidente Caicedo, sin alcanzar que se tomase una resolución definitiva, pues los ánimos estaban completamente anarquizados.

Al fin se decidió hacer la elección de Presidente y Vice-Presidente de la República. Pensaron algunos en nombrar á Bolívar, pero otros combatieron la elección, particularmente el general Urdaneta que para esa fecha estaba resentido con su antiguo general. Varios, y acaso fundados, fueron los motivos de desacuerdo entre aquellos dos hombres, unidos hasta allí por los lazos de la común gloria y de

una amistad nunca desmentida. Urdaneta se quejaba de que Bolívar le hubiera tratado con injusticia al calificar en su presencia y de un modo público á Sucre, como el más digno de los generales de Colombia, y se hubiera expresado con cierta dureza de lenguage en la Junta que convocó para consultarle acerca de la conveniencia de reasumir el mando ; junta, en la cual Urdaneta opinó en contra del deseo de Bolívar. Á su turno se quejaba éste, de que Urdaneta y Córdova hubieran influido con sus obsesiones hasta hacerle desistir de su proyecto de indulto en favor de los conjurados del 23 de Setiembre, y también de sus inconsultos procederes respecto del proyecto de monarquía.

El Congreso nombró Presidente al señor Joaquin Mosquera y Vice-Presidente al general Caicedo. Ausente aquel en Popayán, fué llamado el segundo á encargarse del Poder ejecutivo, lo que hizo, aunque con alguna repugnancia.

Bolívar decidió expatriarse, y vendiendo cuanto tenía, vajilla, alhajas y caballos reunió diez y siete mil pesos : palpitante demostración de su pureza é integridad!

El Congreso le concedió al día siguiente de su partida una pensión vitalicia y un voto de honores y gracias, digno de sus merecimientos. La partida de Bolívar se había fijado para el 8 de Mayo, pero como era preciso que en su dramática existencia, ocurriera siempre algo que perturbara hasta el más noble de sus propósitos, sucedió que la víspera del viaje se amotinaron varios cuerpos de tropas venezolanas, al mando del general Portocarrero, produciendo en la ciudad grande y general consternación. Felizmente este incidente no tuvo más consecuencia que el envío de dichas tropas á Venezuela, que era lo que ellas deseaban, pero sirvió de ruin pretexto á los enemigos de Bolívar para acusarle injustamente de complicidad en el movimiento. Esto no impidió, sin embargo, el viaje de Bolívar hasta Cartagena, que se efectuó el 8 de Mayo.

Su ausencia tenía que producir grandísimo efecto en Colombia; con él desaparecía el único prestigio que hasta entonces había contenido tantas absurdas ambiciones. Con la separación y expatriación del hombre superior,

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