Imágenes de páginas
PDF
EPUB

de Saraguro estaba destruido cuasi del todo, i Ur. daneta tuvo que pasar el rio por distintos vados, despues de vencidas las avanzadas peruanas. Replegaron estas a dos compañias que encontraron sobre una altura inmediata al rio, i el coronel Leon, a la cabeza de los veinte soldados del Yahuachi, sin reparar en el número de enemigos, los atacó, envolvió i persiguió hasta Saraguro, donde paraban los cuerpos de la retaguardia peruana. En el punto en que Leon hizo alto, se le unió el comandante Camacaro con un piquete de caballeria, i el jeneral Urdaneta ordenó que continuasen juntos para ese pueblo. Hallábanse aquí los batallones peruanos /Primero de Ayacucho i Vúmero 8o, grue. so de mil trecientos hombres, i Urdaneta, creyendo sin duda que solo acometia a las dos compañias que las llevaba ya de calle, cargó al amanecer del 13 contra aquellos cuerpos. Resistieron algunos instantes; mas los oficiales, creyendo tambien seguramente que eran atacados por mayores fuerzas, abandonaron sus puestos, i mui luego los soldados siguieron el mal ejemplo. La oscuridad de la ma. ñana impidió que fuese activa la persecucion; pero se tomó casi todo el parque, se incendiaron los almacenes de víveres, i sobre todo, los vencedores quedaron engreidos de haber puesto en fuga con tan pocos soldados a mil trecientos enemigos. El coronel Luque, destacado despues con docientos soldados del Rífles, quemó lo restante de los des, pojos peruanos, destruyó dos piezas de artilleria, inutilizó cien cargas de municiones, tomó algunos prisioneros i docientas mulas, i completó la disper. sion de dichos cuerpos, que fueron a parar entre Loja i Papaya. Por desgracia, el triunfo fué manchado con el incendio de Saraguro que dispuso el

jeneral Urdaneta, a pretesto de haber favorecido a los enemigos. Púdose atacar al grueso del ejército enemigo por las espaldas, pero era necesario atravesar el rio Jiron i metense en las malsanas tierras de Yunguilla, i Sucre prefirió retroceder hasta Nabon, de donde, separándose del camino ordinario de Jima, fué por los desfiladeros del nudo del Portete a situarse en el pueblo de Jiron, que era el punto de las aspiraciones de Lamar. Burlados con tan hábil movimiento los deseos del jeneral Lamar, se contentó este con acamparse en Sanfernando, asentado al frente occidental de aquella aldea. 1829, Vencidos algunos dias en esos continuos i cautelosos movimientos que emprenden dos ejércitos en asecho de una buena ocasion para embestir con ventaja, el mariscal Sucre llegó a situar tres batallones i un escuadron en lo que llamamos Porfete de arqui, al amanecer del viérnes 27, despues de haber andado toda la noche desde Narancai. Hizo alto en este punto por aguardar a que se le incorporase la segunda division del ejército que habia quedado bien atras, i en este tiempo preci. samente se oyeron los primeros tiros del enemigo contra el escuadron Cedeño, que estaba a la van. guardia. El Portete, uno de esos nudos que de trecho en trecho enlazan por el centro las dos cordilleras de los Andes ecuatorianos, cruza de oriente a occidente, separando con su elevacion los rios que forman el venaje del Paute que va para el Atlántico, de los que componen el del Jubónes que se encamina hácia el Pacífico. A las faldas setentrionales, donde estaba nuestro ejército (S.O. de Cuenca), se estiende la llanura de Tarqui, ancho i lindo ejido

vestido de verde, i a las meridionales, donde paraba el enemigo, se ven tierras escarpadas, selvas i colinas que favorecian su posicion. El Portete es pues una como puerta por donde el nudo abre paso a las tierras de occidente por Hornillos, i a las del sur por Jiron i Sanfernando, i ese es el punto de que se habia posesionado el jeneral Pla. za, jefe de la division de la vanguardia enemiga. Tenia a su frente una quebrada bastante profunda, a la derecha breñas i despeñaderos, a la izquierda selvas tupidas, i a las espaldas el grueso inervio del ejército. Casi no cabia dar con mejores res. guardos, pues hasta otro de los desfiladeros de las inmediaciones era tan estrecho, que solo podia atravesársele por contadero, por lo cual sin duda ni habia pensado Plaza en defenderle. El escuadron C% de ño, puesto a riesgo de ser aniquilado en aquella garganta con el incesante fuego de los enemigos, fué protejido por el batallon Já. fles. La falta de claridad suficiente i los embarazos que presentaba el terreno obligaron a que este solo cuerpo sostuviese el combate por mas de un cuarto de hora. El capitan Piedralmita, del batallon (Quito, destacado horas ántes con ciento cincuenta hombres sacados i escojidos de todos los cuerpos, para presentarlos a la vanguardia, se habia estraviado en el camino, i asomado por la retaguardia del Iráfles cuando ya se estaba combatiendo. Piedrahi. ta rompe sus fuegos contra Joles, i Júfles los suyos contra Piedrahita, destrozándose mútuamente nuestros soldados. Por fortuna, el engaño duró po. cos instantes; se aclaró el dia, i se conocieron. En seguida se dispuso que la compañia de ca. zadores del Yahuachi se moviese para nuestra iz. quierda, i el jeneral Flóres, con los de este cuerpo i el Carácas, avanza por las selvas del ala derecha. Reforzado así el Rifles con la compañia del Yahuachi, vence el paso de la quebrada i desconcierta a la carga la division del jeneral Plaza. Preséntase el jeneral Lamar con una gruesa coluna i restablece el combate, i de seguida se presentan igualmente por la colina dos cuerpos de la division del jeneral Gamarra, i queda jeneralizada la batalla. El jeneral Flóres, entre tanto, habia logrado situar de frente al batallon Carraícas, i a este tiempo se incorpora la segunda division colombiana que se esperaba. Reunidos Ca, ícas, Yahuachi i Joflas, i dueños de las breñas los cazadores del segundo cuerpo, se precipitan simultáneamente sobre los enemigos al tiempo que se arroja con el mismo ímpetu el escuadron Cedeño. No pudieron resistir al vigor de tan ruda carga, i a las siete de la mañana, Colombia, aunque con sentimiento, venga el ultraje de la invasion i añade un número mas al largo padron de sus victorias. El campo estaba ya libre de enemigos, i todavia cuantos fugaron por el desfiladero de Jiron fueron a encontrar su sepulcro en este punto. El coronel Alzuro que perseguia activamente por su lado a los fujitivos, fué a dar algo mas léjos del campo del combate con el jeneral Serdeña puesto a la cabeza de un cuerpo, i tuvo tambien la suerte de vencerle, como vencieran igualmente Guevara i Brown en otros puntos. Satisfecho el vencedor con estos triunfos, envió a un oficial del estado mayor en busca del jeneral Lamar, que se habia retirado a una llanura, a ofrecerle los medios de salvar las reliquias de su ejér.

cito para que le fuera ménos funesta su derrota. Lamar le contestó pidiendo la manifestacion de las concesiones que se le ofrecian, i Sucre despachó al punto a Héres i O'Leary, para que se las lleva. sen, i ordenó que se suspendiese la persecucion. El enemigo tenia mas de dos mil quinientos hombres entre muertos i heridos, prisioneros i disper. sos. De los primeros estaban tendidos en el campo mil i quinientos i por despojos se tenian multitud de armas, banderas, cajas de guerra i equipos, etc. El jeneral Sucre, sin abusar del triunfo, instru. yó a sus comisionados que se presentasen por ba. ses de la negociacion las mismas de Oña, propuestas ántes de la batalla, i todavia los comisionados peruanos contestaron que esas condiciones eran las que un ejército vencedor impondria a un pueblo vencido, i que no podian aceptarlas. Se acercaba ya la noche cuando Sucre recibió esta contestacion, i la devolvió en el mismo instante con el ultimatum de que, si no las aceptaban hasta el amanecer del dia siguiente, no concederia ninguna tregua sin añadir a las bases de Oña la entrega del resto de sus armas banderas, i el pago efectivo de todos los gastos de esta guerra. Miéntras viniera el resultado dictó el decreto de honores i premios para los vencedores, i por el artículo 19 dispuso que se levantase en el campo de batalla una coluna de jaspe, de cuatro caras, des. tinadas las tres para inscribir los nombres de los cuerpos del ejército del sur, i los de los oficiales i soldados muertos. La cuarta cara, con vista al campo del enemigo, debia llevar esta inscripcion: “El ejército peruano, de ocho mil soldados, que invadió la tierra de sus libertadores, fué vencido

« AnteriorContinuar »